Exposición y análisis de un libro del Dr. Llogari Pujol Boix

Imagen de portada del blog. Aparece Llogari Pujol confundido a mano derecha. En el fondo se pueden ver las pirámides de Egipto y, arriba en el cielo, una cruz cristiana luminosa. A mano izquierda aparecen el la portada del libro de Pujol "La sabiduría de Egipto, madre del cristianismo", y arriba unos signos de interrogación.
  1. Introducción: Una consulta irritante y recurrente
  2. Las debidas aclaraciones
  3. La estructura del libro La sabiduría
  4. El Dr. Pujol, La sabiduría y la actitud de la academia
    1. La supuesta actitud de la académica como intransigente
    2. Distorsión de lo que realmente discuten los académicos
  5. Señales de distorsión de los datos para alegar “perfección”
    1. El caso de la pareja Méhitouskhet y Satni
    2. La maʿat como “el Camino, la Verdad y la Vida”
    3. Otros problemas con esta hipótesis
  6. Algunos hechos cuestionados por el Dr. Pujol
    1. ¿Belén o Nazaret?
    2. ¿Relatos sobre Jesús = Alí Babá y los 40 ladrones?
  7. Los paralelismos superficiales
  8. En última instancia, ¿por qué nada de esto funciona?
  9. Conclusión
  10. Referencias

Introducción: Una consulta irritante y recurrente

Durante todo este tiempo que me he estado dedicando de lleno a las ciencias bíblicas, específicamente al tema del Jesús histórico, me han consultado en torno a una figura que, al menos a nivel público, ha sido muy influyente en relación con el tema: el Dr. Llogari Pujol Boix. Me suelen preguntar todavía hoy cuál es mi opinión en torno a su visión mitista de los orígenes del cristianismo. Mi posición desde hace años es que es pseudohistoria. Entiendo que a mucha gente le atraiga su propuesta, y que vean en sus libros un ejemplo de alguien que ha estudiado a profundidad el ámbito egipcio y el Nuevo Testamento para llegar a conclusiones que no son afines a las de la academia en general.

Desde hace algunos años, el Dr. Pujol publicó un libro cuya ficha les proveo a continuación:

Llogari Pujol Boix. La sabiduría de Egipto, madre del cristianismo. Ediciones La Tempestad, 2023. 374 pp.

El Dr. Pujol se describe a sí mismo como especialista en textos bíblicos y egipcios. Es especialista en el psicoanálisis freudiano y lacaniano. Presentó sus tesis en la Facultad de Teología Católica de la Universidad de Estrasburgo. También ha estudiado Lengua y Cultura Egipcia en Estrasburgo y París. Asimismo, ha participado en congresos internacionales de estudios en escritura demótica egipcia. Entre sus publicaciones, se encuentran Jesús, 3000 años antes de Cristo (obra que yo solía tener en mi hogar), Érase una vez Jesús, el egipcio Setme II, una edición e introducción de Contra Flaco de Filón de Alejandría, entre otras obras (p. 370). En el caso particular de Jesús, 3000 años, su autora Claude-Brigitte Cercenac Pujol (su esposa); el Dr. Pujol solamente trabajó el prólogo y el epílogo, al menos, según el libro mismo. Hasta donde sé (y me puedo equivocar), la publicación original de esa obra en castellano fue en 1987 por Plaza & Janés Editores; se publicaron nuevas ediciones durante las décadas de 1990 y 2000, y la más reciente fue en 2022 por otra editorial.

Portadas de cuatro ediciones del libro de Llogari Pujol, "Jesús, 3000 años antes de Cristo.

La tesis mitista de Llogari Pujol se resume en estas tesis principales (espero no representarlas mal):

  1. Los evangelios y el Nuevo Testamento en general tienen indicios de haber reproducido material egipcio.
  2. Los evangelistas tomaron mucho material de relatos del antiguo Egipto.
  3. Los evangelios en sí fueron compuestos por sacerdotes de Serapis provenientes de Saqqara, en Egipto. Estos sacerdotes tradujeron directamente, en muchas ocasiones “palabra por palabra”, los textos del antiguo Egipto.

Actualmente, el mitismo del Dr. Pujol ha sido casi unánimemente rechazado en la academia. Hago la salvedad de que digo “casi”, en caso de que haya alguien en el ámbito académico a nivel mundial que lo haya adoptado; pero, realmente, no conozco a nadie que lo haya hecho. Ni tan siquiera amigos cercanos de él, como el Dr. Antonio Piñero, suscriben sus tesis principales. Déjenme citarles a Piñero:

…desde el punto de vista de la metodología de la historia, no admisibles y diría que ingenuas, fantasiosas o traídas por los pelos (Piñero 2015).

En la esfera de los divulgadores no académicos, tenemos las denuncias hechas por el amigo Eduardo Cecilia Ocaña (Dragonart 666), que le dedicó dos vídeos a desmontar sus alegatos. Entre las denuncias hechas por Edu, menciona el hecho de que, aunque el Dr. Pujol es instruido en demótico, depende de traducciones, desconoce el griego koiné (el idioma en que fueron escritos los evangelios) y que muchos de los alegados paralelismos o no son realmente “palabra por palabra” o son simplemente inexistentes. Asimismo, eludía las preguntas hechas por Edu en el foro de Jesús Histórico, entre otros. Como veremos más adelante, su noción de “palabra por palabra” es inaceptablemente elástica. Para consultar estos vídeos, pueden usar los siguientes enlaces:

Vídeo: “El Nuevo Testamento / Copia de textos egipcios” (19 de febrero de 2021).

Vídeo: “El Padrenuestro no es una copia de una plegaria al dios Amón” (9 de enero de 2022).

En este artículo del blog, no nos interesan estas obras previas, pero el investigador que desee contrastar sus tesis debe tenerlas en cuenta a la hora de cualificar el libro La sabiduría de Egipto, madre del cristianismo (en adelante, La sabiduría).

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Las debidas aclaraciones

Un letrero que dice "Clarify". Es adorno.

Antes de entrar en la crítica a la obra, quisiera hacer las aclaraciones pertinentes:

  1. No soy experto en egiptología, ni en demótico, como tampoco lo soy en griego koiné. Aunque puedo reconocer términos en griego y leerlo de manera muy superficial, dependo de aquellas traducciones que, a mi juicio, me parecen las mejores desde una perspectiva académica. El demótico lo desconozco por completo. Por ende, daré por buena la manera en que el Dr. Pujol traduce los textos a los que alude. En cuanto a los textos griegos del Nuevo Testamento, tendré en cuenta la traducción hecha por Antonio Piñero y su equipo en Los libros del Nuevo Testamento, aunque mis citas sserán de la Sagrada Biblia (versión Cantera-Iglesias).
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  2. Hay ciertas personas inescrupulosas y deshonestas en la red dedicadas a la difamación que circulan a mis espaldas la idea de que yo “odio” al Dr. Pujol. No tengo ninguna base para personalmente apreciarlo o rechazarlo (u “odiarlo”) debido a que no lo conozco. La gente que sí está familiarizada con él me ha dicho que es una persona encantadora, afable y amable. Lo que he podido ver de él en ciertos vídeos parece corroborar esa apreciación. No tengo razón alguna para pensar algo distinto. Mi juicio es sobre su obra, no sobre él como persona.
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  3. Opino que el mitismola idea de que Jesús no existióes una posición perfectamente válida a nivel académico (aunque no la considero sólida), al igual que el agnosticismo en torno a la existencia del Nazareno. Mi problema con el Dr. Pujol no es que sostenga un punto de vista mitista, sino que hay problemas de índole metodológica, de cualificación de los textos, de su interacción con el resto de la academia, etc., que le llevan a postular una propuesta que entiendo históricamente inviable.
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  4. No niego en absoluto la influencia egipcia sobre el cristianismo. Si acaso es todo lo contrario; hay varias vías de influencia significativas. Por ejemplo, los antiguos israelitas fueron influenciados por los egipcios cuando los cananeos fueron dominados por ellos (Dever 2017, 80-86; Finkelstein y Silberman 2002, 48-71, 76-79, 83-90). Hay algunos que postulan una influencia egipcia vía la tribu levítica y los artefactos asociados con el culto yahvista (Friedman 2017; Homan 2002, 63-67, 111-116; Noegel 2015). Igualmente, aun después de escapar de su dominio, mantuvieron rutas comerciales y contactos culturales con esa nación. Tenemos amplia evidencia de que, para el siglo VIII a.e.c., los judaítas utilizaban iconografía egipcia para sus sellos o bullas, algunas representando a divinidades de Egipto (Dever 2017, 596-598). Es más, la realeza de esa etapa histórica y posterior estaba fuertemente influenciada por la cultura egipcia (Collins y Collins 2008, 3-7, 9-15, 19-24, 41-42). La presencia israelita en Egipto llegó a ser tan significativa que se creó un templo yahvista en Elefantina. De hecho, se puede detectar la influencia egipcia en etapas como el periodo helenístico temprano, cuyo dominio fue el de los Ptolomeos, para entonces gobernantes de Egipto. Muchos sospechan que fue bajo este gobierno que se tradujo una versión de la Torah al griego, aunque otros expertos (una minoría) sostienen que dicha traducción fue posterior (Adler 2025, 3, 11-12, 15-17, 31-32, 39-41, 43, 47, 48-49, 51-55; Berthelot 2021, 70-72; Schmid y Schröter 2021, 165-168). El cristianismo heredó todas estas influencias de la judeidad antigua. Asimismo, el cristianismo fue influenciado por rituales, relatos y cultos donde se hacía un sincretismo de las culturas egipcia, helenística y romana. Uno de los cultos mistéricos más significativos fueron los misterios de Isis y Osiris (Piñero 2008, 160-163). Hoy sabemos que hay ideas de la celebración de la Última Cena, como las narran Pablo y algunos de los evangelios, que son afines a las cenas sagradas donde se rememoraba el despedazamiento de Osiris por parte de Set, su reunificación por parte de Isis y su levantamiento o revivificación (Pérez-Accino 2024). Como pueden ver, la influencia de la cultura egipcia sobre el cristianismo no está siendo negada por la academia. Lo que se niega es la propuesta particular del Dr. Pujol en torno a los comienzos del cristianismo.

Lo que trataré a continuación serán mis observaciones personales en torno al libro publicado. El Dr. Pujol describe lo siguiente cuando fue a presentar su tesis doctoral:

Hice la experiencia unos días antes de defender mi tesis de doctorado, cuando el decano de la facultad, irritado y convulso, me convocó para decirme: “¿Qué quiere decir este trabajo que está haciendo? ¡Es inaceptable!” (Pujol Boix 2023, 4).

Si la tesis que presentó es de la misma calidad que La sabiduría, creo entender al decano.

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La estructura del libro La sabiduría

Portada del libro, _La sabiduría de Egipto, madre del cristianismo_ por Llogari Pujol Boix

El libro se divide en una introducción, cuatro partes, una reflexión final, donde define unos términos de mitología egipcia, y una bibliografía. Se estructura es la siguiente:

  • Introducción
  • I. Las enseñanzas de Ptahhotep
  • II. La enseñanza del escriba Ani
  • III. El papiro de Insinger
  • IIII. [sic] Autobiografía de Herkhuf inscrita en su propia tumba
  • Reflexión final
  • Mitología egipcia
  • Bibliografía

La introducción en sí consta de 28 páginas. Cada sección del libro, las que aparecen en números romanos, es un conjunto de documentos particulares, de los cuales el Dr. Pujol toma algunos pasajes y los coloca en la página izquierda del libro y cita versos del Nuevo Testamento en la del lado derecho. En ambos, ennegrece los presuntos paralelos textuales.

En la parte de atrás del libro resume claramente (mejor que en la introducción) el propósito del libro:

Con este estudio, Llogari Pujol da una respuesta a los cuatro viajes de Pablo de Tarso. Todos ellos versión y copia de los cuatro viajes de Herkhuf, gobernador de Elefantina en el Alto Egipto, bajo el reinado del Faraón [sic] Merenra I (2.300 a.n.e.).

Todas las enseñanzas puestas en boca de Jesús provienen de la sabiduría egipcia, como son: Las enseñanzas de Ptahhotep, Las enseñanzas de Ani o El papiro de Insinger.

El Nuevo Testamento radica en la milenaria cultura egipcia. Sin Egipto, no existiría la Biblia.

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El Dr. Pujol, La sabiduría y la actitud de la academia

Imagen vectorial que representa a un profesor enseñando. Está apuntando con un bolígrafo mientras habla y tiene un libro en la otra mano.

Bastantes de los problemas graves con la obra los podemos encontrar en la extensa introducción. Dicha sección del libro se caracteriza por una secuencia de ideas que, en ocasiones, claman por ciertas aclaraciones y mayor elaboración.

Dicho lo anterior, señalo que la visión que el Dr. Pujol desea transmitirle al público en torno a la academia es típica de lo que los escépticos hemos notado de muchos casos de promoción de pseudohistoria o pseudociencia. Se repite el tropo del “sabio incomprendido”, que propone algo tan inusual e impactante que la academia es “incapaz” de aceptarlo, no en sus méritos propios, sino porque esta, con actitud cuasi-dogmática: los académicos “no quieren ver” la evidencia tan “clara y prístina” ante “los ojos de cualquiera” si se sentaran a leer estos paralelismos. En la segunda sección (“Las debidas aclaraciones”), narré al final cómo respondió el decano de la institución donde primero planificaba defender su tesis. Acto seguido, el Dr. Pujol establece el tono de lo que viene:

Quedé paralizado, mudo, conmocionado al escuchar que me expulsaba de la Facultad de Teología Católica de Estrasburgo. Abatido y decepcionado, comprendí el alcance, el pánico y la consecuencia que podía causar mi tesis. Desde ese momento, me siento libre de todo (Pujol Boix 2003, 4).

¿Quiere esto decir que el rechazo fue por “razones dogmáticas” de una facultad católica o porque el análisis era deficiente? La manera en que el Dr. Pujol presenta su caso, parece sugerir lo primero.

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La supuesta actitud de la académica como intransigente

Siluetas de dos hombres discutiendo

Una de las características de la pseudohistoria (y las pseudociencias) es la que suele presentar a los historiadores especialistas como gente dogmática que tiene una visión más o menos uniforme de la evidencia y se niega a ver puntos de vista “heterodoxos”. Esto se ha empleado antes tanto en la literatura como en el cine.

Por ejemplo, critica con un poco de sarcasmo —y algo de burla— a otros pares cuando emplean los términos “históricamente verosímil”, “probable”, etc. (Pujol Boix 2023, 17; discutiremos el pasaje en cuestión más adelante). El pasaje se dice en el sentido de describir una dinámica “totalmente innecesaria” de búsqueda de verosimilitud histórica en los relatos. Si estas discusiones tuvieran en cuenta lo que él ve en los datos, que no hubo ningún Jesús y que todo es una reproducción de escritos egipcios, no habría tales debates o discusiones.

Baste con indicar, por ahora, que la situación entre los académicos es más compleja debido a la diversidad de pensamiento que permea en las diversas ramas de investigación.

Sin embargo, una cosa que caracteriza a la academia es su capacidad de autocorrección, ya que se destaca por una evaluación crítica de propuestas a la luz de la evidencia disponible y los métodos adoptados para cualificarla. Generalmente, a través de los dos procesos, el refinamiento de métodos y la mejora constante de la crítica a la evidencia, diferentes áreas del conocimiento suelen moverse en una misma dirección. Esto no garantiza que el consenso académico esté en lo cierto siempre. Muchas veces, el consenso debe cambiar … pero típicamente sucede tras un proceso largo y gradual a la luz de ambos procesos mencionados. Esto no ocurre al azar, sino a través de un proceso debidamente justificado para ello. Téngase en mente que, contrario a lo que dice el Dr. Pujol, las palabras “verosímil” y “probable” no se lanzan al aire arbitrariamente, sino que los académicos deben contar con suficiente justificación para hacerlo.

Que yo sepa, el Dr. Pujol no ha logrado convencer a nadie en la academia de sus hipótesis. Por eso, la situación le ha llevado a ventilar sus propuestas ante el público en general. Este público usualmente no está debidamente instruido en el mundo antiguo. En el mejor de los casos, sabe este tema a nivel de primer semestre universitario o divulgativamente y su conocimiento sobre el proceso de hacer historia antigua es mínimo o parcial.

Espero mostrar claramente en todo lo que sigue por qué los académicos no siguen la propuesta del Dr. Pujol.

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Distorsión de lo que realmente discuten los académicos

Filón de Alejandría
Ilustración de Filón de Alejandría en la obra de André Thévet, Les vrais pourtraits et vies des hommes illustres grecz, latins et payens (1584).

En una sección titulada “Filón de Alejandría y su familia: Tiberio Julio Alejandro”, nos dice que él:

Un hecho documentado y desgraciadamente obviado por los propios escritos evangélicos y por los exégetas que, aplicando el método histórico crítico, afirman como hecho demostrado la historicidad de sus personajes, es la profunda división que existía entre los judíos palestinos en contra de Roma y los judíos de la diáspora alejandrina a favor de la pax romana (Pujol Boix 2023, 5).

Desafortunadamente, no elabora esa aserción; solo postula que esa división existía de esa manera y no de otra. Como veremos al final de esta sección, el mismo Dr. Pujol ofrecerá datos que refutarán ese alegato. Por ahora, señalemos que supuestamente, de lo que dijo, debe inferirse, al menos en la mente de los académicos, la no historicidad de los personajes del Nuevo Testamento. ¿Su evidencia? Que Filón nunca habla de la existencia de un Jesús ni del movimiento cristiano. Describe este hecho como “desconcertante para los académicos”.

Pero, ¿sorprende esto a los académicos? Realmente no. Al contrario, lo que realmente nos deja perplejos es tener evidencia, aunque sea poca, de un predicador itinerante, rural —de los muchos que existían en esa época—, y que era realmente insignificante. John Meier, especialista en el Jesús histórico, tituló su voluminosa obra sobre este tema particular Un judío marginal. Él dice en su primer volumen:

Desde la perspectiva de la literatura judía y pagana del siglo siguiente a Jesús, el Nazareno era a lo sumo un punto de luz en la pantalla del radar…. [Es] sorprendente el hecho de que el historiador judío del siglo I Josefo mencione a Jesús, pero apenas lo es que dedique más espacio y elogios a Juan Bautista. En su referencia incidental a Cristo, el historiador romano Tácito es todavía más breve. Por duro de aceptar que resulte para un cristiano devoto, lo cierto es que Jesús era simplemente insignificante para la historia nacional y universal a través de los ojos de los historiadores judíos y paganos de los siglos I y II d. C. Y si ellos lo veían de algún modo, era desde la periferia de su visión (Meier 1991, 36).

Recordemos que John Meier en particular era un sacerdote católico, y que Jesús era espiritualmente significativo para él. Pero, en calidad de académico, como todos los académicos formados debidamente en este tema, sabe que Jesús fue visto como un personaje insignificante por parte de los historiadores de la época, como ocurrió con la inmensa mayoría de los judíos de la época.

Esto lo debería saber el Dr. Pujol. Pero su libro no se dirige a los académicos, sino a un público que vive dentro de una matriz judeocristiana, sea creyente o no. De esta manera, presenta un falso panorama de la realidad académica.

Aun con esto, lo más interesante es lo que dice el Dr. Pujol poco después:

Últimamente, investigadores de la Universidad de Oslo han realizado un trabajo significativo comparando los vocablos y los arquetipos de las obras de Filón con los del Nuevo Testamento. El resultado demuestra un altísimo grado de incardinación. Otro investigador, L. W. Hurtado, de la Universidad de Edimburgo, planteó también la relación existente entre los escritos de Filón y el Nuevo Testamento. La conclusión, para los estudiosos del Nuevo Testamento, es clara: Filón es un recurso de un valor insuperable para entender el pensamiento y la singularidad del judaísmo helenizado egipcio, para constatar cómo el cristianismo primitivo catalizó su saber en los escritos del Nuevo Testamento y para captar mejor el cristianismo del primer siglo representado en el contexto del judaísmo de la época romana (Pujol Boix 2023, 6).

No puedo estar más de acuerdo con él. Y estos no son los únicos estudios. Hubo muchísimos más durante los siglos XX y XXI. Pero esto no es nada nuevo. El problema es lo que afirma después, especialmente al discutir a Tiberio Julio Alejandro, sobrino de Filón de Alejandría, que había sido procurador de Judea. Basándose en Josefo, el Dr. Pujol nos provee el dato de que fue él quien crucificó a los hijos de Judas el Galileo: Jacobo y Simón (Pujol Boix 2023, 7; Flavio Josefo, Antigüedades judías XX.5.2). Correctamente nos dice que, durante todo ese tiempo, no se menciona el movimiento de Jesús ni la actividad de Pablo durante su mandato ni en los de los procuradores posteriores. Más adelante, Nerón designó a este aristócrata como prefecto de Egipto y “que aquí empleó las legiones romanas contra los judíos de Alejandría” (Pujol Boix 2023, 7; Flavio Josefo, La guerra de los judíos II.486-498).

Por supuesto, aquí uno debería detenerse y decir: “Pero, ¡espere un momento! Usted dijo que había una división de la actitud entre los judeos palestinos y los de la diáspora. Los primeros eran antirromanos y los últimos prorromanos. Pero si esto es correcto, ¿por qué Tiberio Alejandro aplastó un alzamiento judío en Alejandría? ¿No eran los judíos de Alejandría prorromanos? Y esto no fue poca cosa; según usted, Flavio Josefo nos brinda el dato de la muerte de 50,000 judeos“.

De la evidencia provista por Josefo se desprende lo obvio (al menos para la academia): el Dr. Pujol compara “chinas con peras”. Primero, es falso decir que la judeidad palestinense era de resistencia antirromana, porque no tenemos datos demográficos que así lo demuestren. Tampoco parece la posición de un sector minoritario, pero marcadamente influyente: los saduceos. Ellos eran la élite religiosa y gubernamental de Judea. En el caso de Filón y su familia, ellos no eran saduceos, pero sí formaban parte de una élite económica vinculada al dominio romano. Eso no quería decir que en ambas regiones no hubiera resistencia. Al contrario, en ambas hubo también movimientos de resistencia judea. En el caso específico de Alejandría, no solamente hubo dichos actos de violencia bajo el gobierno de Roma, sino que ocurrieron en varias ocasiones por un sector sustancial judeo. Las razones para el levantamiento en Alejandría son oscuras y se suelen describir meramente como unas riñas entre griegos y judeos de la época, en las que, por cierto, los judeos terminaban combatiendo contra los romanos. No solo hubo una revuelta en el año 66 (bajo Tiberio Alejandro, en la que, según Josefo, hubo 50,000 muertos), sino también otra en 115-117 e.c. con resultados trágicos (Dion Casio, Historia Romana 68.2.1-3; Barclay 1998, 48-81; Litwa 2024a, 15).

En otras palabras, toda esta discusión (y las que discutiremos a continuación) presenta visos de que los académicos tienen discusiones más integrales y coherentes que la manera en la que Pujol trata este tema; tanto es así que ofrece datos que le refutan lo que dijo poco antes.

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Señales de distorsión de los datos para alegar “perfección”

Nótese que no estoy diciendo de manera categórica que el Dr. Pujol distorsiona los textos egipcios mismos (no tengo el conocimiento para evaluar a ese nivel). Sin embargo, llama la atención que, en el grueso de sus obras, él alega un grado de “perfección” de correspondencia entre los datos a un nivel que corrobora sus convicciones. Esto lo hace, según él, mediante una labor de literatura comparada para establecer un “linaje genealógico” (Pujol Boix 2023, 3). En otras palabras, esto es puramente una labor literaria sin tan siquiera sopesarla con el rigor de la evidencia histórica en general. Como hemos visto, él parece repudiar el método histórico-crítico. No consulta áreas tales como el contexto grecorromano en general (aunque, como hemos visto en la sección anterior, solo parece hacerlo), la evidencia arqueológica, la literatura cristiana patrística, los Rollos del Mar Muerto, etc. Eso no excluye que los mencione en su libro, pero mencionarlos no significa realmente integrarlos en un análisis académico realmente riguroso.

Como suelen decir los científicos, correlación no es lo mismo que causación. Establecer unos parecidos literarios no es lo mismo que establecer una genealogía causal probable de una influencia de unos textos sobre otros. Para hacer su caso, en varias ocasiones necesita exagerar mucho las similitudes entre textos. Como pueden ver en los vídeos de Dragonart666, el Dr. Pujol exagera bastante la correspondencia de textos “palabra por palabra”. Igualmente lo podemos ver en este libro en varios pasajes:

… [es un hecho incontrovertible] la dependencia de filiación y paternidad de los materiales que componen la totalidad del Nuevo Testamento con la milenaria tradición escrita divina de lo que son, de hecho, las Sagradas Escrituras egipcias.

Como en un gigantesco rompecabezas, cada vez más las piezas descubiertas se ajustaban a la perfección todas y cada una de ellas… Los investigadores expertos, de una y otra disciplina, no acaban de vislumbrar el alcance de los posibles vínculos y de la dependencia extrema de ambas Sagradas Escrituras (Pujol Boix 2023, 3, mi énfasis).

Por todo esto, tenemos en la introducción razones para desconfiar de sus alegatos. He aquí algunos ejemplos de cómo el Dr. Pujol, sin cualificación de la evidencia, ajusta los datos a su teoría, en vez de hacer lo que los historiadores más rigurosos realizan: cambiar sus teorías o adoptar unas nuevas que se ajusten mejor a los datos.

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El caso de la pareja Méhitouskhet y Satni

El sueño de José por Rembrandt. Aparecen José y María durmiendo, y un ángel hablando con José.
El sueño de José de Rembrandt (1646).

Por ejemplo, nos dice él que la lectura del libro Les Songes et leur interprétation (en adelante Les Songes) contribuyó a establecer paralelismos entre textos egipcios y los evangelios. Nos presenta un caso:

Pasando las páginas me encallé en un cuento de este primer país [Egipto] en el que se explica que la divinidad se apareció en sueños a una pareja ansiosa por tener un hijo. La madre se llamaba Mehituskhet (la llena de gracia) y el marido, Satni (el Obediente-el Justo). El hijo que tuvieron finalmente se llamaba Si-Osiris (el Hijo de Dios) y que a los doce años ya discutía con los sabios del templo (Pujol Boix 2023, 2).

Pues, fui a cotejar los datos ofrecidos por él para corroborar su historia, ya que, curiosamente, no incluyó las páginas donde presuntamente se encuentra la información. Efectivamente, el relato de Méhituskhet y Satni se encuentra allí. No obstante, el Dr. Pujol tuerce los datos provistos por el libro, porque omite una información que no corresponde a los narrados por los evangelios de Mateo y Lucas. Les Songes discute un canto egipcio donde se narra que un príncipe y su esposa no pueden tener hijos. En una ocasión, Méhituskhet (la esposa) pasó una noche en el templo y, en sueños, tuvo una revelación: Debía ir a la fuente de Satni y encontraría una planta de taro creciendo allí; le arrancaría sus hojas para prepararle un remedio para su esposo; luego, se acostaría con él y se lo ocultaría esa misma noche. Más adelante, Satni se acostó y tuvo un sueño donde le habló una voz que le dijo que Méhituskhet había concebido al que le llamaría Si-Osiris, y que obraría muchos prodigios en la tierra de Egipto.

Por el momento, este relato puede evocar en el lector las narraciones sobre la concepción de Jesús en los evangelios, especialmente la versión de Mateo. No obstante, la falta de cualificación de la evidencia y la ausencia de un análisis profundo de este relato y la versión mateana de la concepción de Jesús son llamativas. No vale solo señalar sus semejanzas, sino también sus diferencias. En este caso, tenemos una pareja real que era infértil; en el caso de José y María, ellos no tenían el problema de infertilidad. El sueño le aconseja a la esposa un remedio mágico para fertilizar a su marido; en el caso de los padres de Jesús, no hay remedio mágico, sino pura acción del pneuma de Dios. Donde hay mayor parecido entre los dos relatos es en el sueño de revelación de José. Pero, aun en ese caso, hay que tener cuidado.

En ningún momento del relato se describe a Méhituskhet como “llena de gracia” en el canto egipcio. Es más, se reconoce actualmente que la frase “llena de gracia” es una traducción inapropiada del griego “κεχαριτωμένη”, cuyo sentido es “muy agraciada” o “muy favorecida” (Brown 1982, 336-337). Tampoco menciona que ese término aparece solo en el Evangelio de Lucas, no en el de Mateo. Es más, el canto egipcio no se refiere a Satni como “el Justo”. Recordemos que, en el contexto del Evangelio de Mateo, esto puede tener dos acepciones: o es una persona que practica la justicia o que es observante de la Torah. El evangelio mateano suele ser nomocéntrico (centrado en la Torah) e hipernómico (exige la observancia extrema de la Torah) y quiere destacar esto en el padre de Jesús. El canto tampoco habla de Si-Osiris como “el Hijo de Dios” (al menos en esos términos); “Si-Osiris” quiere decir “Hijo de Osiris”. Sencillamente, el Dr. Pujol incluye estas frases en su relato para sugerirles en la mente de sus lectores su interpretación del canto egipcio como algo reproducido por los evangelios.

A pesar de ello, como se podrán imaginar, el asunto en torno a esto es más complejo. El contacto de la narración del Evangelio de Mateo con la herencia egipcia no es directo; está mediado por varios factores históricos.

  • Podemos ver en la Biblia hebrea varias narraciones de mujeres estériles que dieron a luz prodigiosamente. Un ejemplo de ello es Sara, la esposa de Abraham, cuando quedó embarazada de Isaac (Génesis 18.1-15). En segundo lugar, se encuentra el relato de la madre de Sansón, que recibió un aviso del Ángel de Yahveh de que tendría un hijo (Jueces 13.1-24). Finalmente, está el caso de Ana, la madre de Samuel, que también era estéril, pero que pudo concebir prodigiosamente (1 Samuel 1.5-20). Pues, estos relatos se parecen bastante más a la canción de Méhituskhet y Satni.
  • Hay también una alusión a los sueños. Efectivamente, José recibe mensajes del ángel de Dios mientras dormía. No obstante, si le prestamos atención al texto mateano, nos percataremos de que José nos recuerda a otro José… al patriarca que pasó su tiempo en Egipto e interpretó los sueños del faraón. Nos refuerza esta convicción de que en la genealogía del Evangelio de Mateo, el nombre del padre de José es Jacob, exactamente igual que en el caso del patriarca: su padre se llamaba Jacob (Gén. 30.22-24 / Mateo 1.16). Y la siguiente figura relevante después del relato de José en Génesis, el patriarca, es Moisés; y el hijo de José, en el Evangelio de Mateo, es Jesús (Mateo 1.16). La opinión unánime de los especialistas de dicho evangelio es que su autor quería presentarlo como un nuevo Moisés (Castaño Fonseca 2011, 250, 253; Gómez Segura 2021, 39-41; Luz 1993, I:48, 158-159, 172-177; Piñero 2007b, 344; Reid 2005, cap. intro, sec. “Structure”). Esto nos lleva a nuestro tercer punto.
  • Cuando nos familiarizamos con los midrashim y relatos sobre Moisés que solían circular en la época en que se escribió el Evangelio de Mateo, todos los pedazos del rompecabezas caen realmente en su lugar. Según Pseudo-Filón, en Antigüedades bíblicas, Amram, padre de Moisés, rehusaba rechazar a su esposa, Yoquébed, a pesar de las amenazas del faraón de matar a niños hebreos (véase Éxodo 1.8-16). Por eso, Dios le recompensó con la protección de sus hijos. También le reveló en sueños a Miriam (la hermana de Moisés) que su hermano por nacer sería lanzado al río en una canasta, pero salvado de las aguas. Hay otra versión en Antigüedades judías de Flavio Josefo, en la que Amram le rogaba a Dios que le protegiera a su familia ante la amenaza del faraón. Dios le consoló al revelarle en sueños que tuviesen el niño (Flavio Josefo, Antigüedades judías I.9.2-3; III.5.3). Sin embargo, hay otras versiones populares, que aparecen en ciertos targumim y midrashim. En estos, parece que Amram había repudiado a su esposa, debido a su temor a las amenazas del faraón. Sin embargo, Dios le había exhortado en sueños a unirse a ella otra vez. Esto es así en el Targum de Pseudo-Jonatán (ca. siglos IV-IX e.c.), un texto que recoge varias tradiciones antiguas, algunas de ellas que, probablemente, circulaban en la época de “Mateo”. Como es bien sabido en la academia, según este el Evangelio de Mateo, el rey Herodes el Grande desvivió a los niños de Belén, de la misma manera que lo hizo el faraón de Egipto con los niños hebreos (Borg y Crossan 2007, 107-112; Castaño Fonseca 2011, 249-259; Luz 1993, I:136-138, 158-159, 172-177; Nolland 2005, 98-99; Sicre Díaz 2019, cap. 1).

Todos estos puntos indican fuertemente que las fuentes primarias de donde “Mateo” saca su narración son la Biblia hebrea (al menos en su versión griega) y los relatos y midrashim judeos que circulaban en su época. El texto de Mateo claramente sugiere que se empleaba la Septuaginta o alguna otra traducción de libros judeos al griego (e.g., Mateo 1.23;2.6,15b,18;3.3;21.5). ¿No sería más verosímil pensar que él forjó su relato a partir de este texto y los midrashim en vez de fuentes egipcias? Esto sugiere que los relatos sobre Moisés, los relatos del patriarca José y las narraciones de Sara, Ana y la madre de Sansón pueden tener base literaria egipcia (personalmente, estoy seguro de ello). Pero una cosa es reconocer ese factor y otra pensar que “Mateo” copió literalmente del canto de Méhitouskhet y Satni.

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La maʿat como “el Camino, la Verdad y la Vida”

La imagen de la diosa Maʿat. Tiene en su cabeza una pluma de avestruz. Tiene unas alas verdes extendidas hacia el frente y está sentada en el suelo con un vestido rojo.
Imagen de la diosa Maʿat. Imagen cortesía de Eternal Space en Wikimedia Commons. Licencia: CC-BY-SA 4.0 Int.

En un momento de la exposición en torno a Egipto, nos dice el Dr. Pujol lo siguiente:

[Refiriéndose a Ptolomeo] Desde una perspectiva egipcia, autoproclamarse Faraón [sic] el 305 a.C. suponía asumir numerosas responsabilidades, entre las cuales mantener la Maat, que podemos definir como el “Camino, Verdad y Vida”, que el Evangelio de Juan (14,6), sin rubor alguno, se lo arroga a Jesús (Pujol Boix 2023, 20-21, mi énfasis).

Más tarde, dice:

[Con Serapis, se] trataba de exhibir un dios grecoegipcio que fuera aceptado por ambas culturas [la egipcia y la helenística] y vincular así culturalmente a los dos pueblos. Fue un dios grande, a la medida del poder con sus sacerdotes y templos, el monasterio de Saqqara en la ciudad de Menfis, y la diosa Maat, orden, verdad y vida, como ley orgánica (Pujol Boix 2023, 21, mi énfasis).

Una parte sustancial de esto es correcta. De hecho, esto lo explica de manera mucho más amplia la esposa del Dr. Pujol en otra obra (Carcenac Pujol 1994, 111-147). Cuando sube al poder alguna persona como rey de Egipto, debe velar por el mantenimiento de la maʿat. En cierto sentido, él se volvía el mediador entre los dioses y la humanidad.

Ahora bien, se preguntarán ustedes, ¿qué es la maʿat (o, incluso, la diosa Maʿat)? Toda la vida de Egipto, desde sus tiempos más antiguos en adelante, la cultura egipcia giraba alrededor de dos conceptos fundamentales: maʿat e isfet (Pinch 2002, 159; Silverman 1997, 148-149).

  • Maʿat: Es un concepto amplio que involucra aquello que permite el orden cósmico. Es el lugar donde prospera la vida, lo verde en medio del desierto, donde se encuentra la vida “civilizada”. El deber del rey era mantenerlo y centrarlo en Egipto. Asimismo, se le asocia con la verdad, pero verdad en el sentido de fiabilidad moral, lo auténtico o correcto, específicamente en cuanto a la vida según ese orden cósmico. Consulten el Libro de los muertos sobre el momento en el que el ka (más o menos lo equivalente al alma), guiado por Anubis, se encuentra con la balanza que pesa el corazón del difunto con la pluma de la diosa Maʿat. Una de las confesiones del ka del difunto es: “No he mentido a sabiendas” y “no fui sordo a las palabras de la verdad”, junto a muchas otras acciones morales (El libro de los muertos 18, 125). Por eso, en la opinión de algunos especialistas, cuando se suele hablar de la maʿat, se prefiere mejor la noción de justicia, y decir la verdad entra en ella (Adamson y Jeffers 2025, 28-29, 36, 40-41). Cuando se representa a la Maʿat icónicamente como una divinidad, aparece como una diosa con esa pluma de avestruz en la cabeza.
  • Isfet: Es lo opuesto a la maʿat, es decir, el lugar donde gobierna el caos, lo desértico, donde no hay vida, sino muerte, falsedad y adversidades, lo equivalente a lo que llamaríamos “barbarie“. Allá habita lo que es contrario al orden egipcio. Es el deber del rey defender la maʿat y expandirla a otras regiones para reducir o nulificar esas adversidades.

Ambas nociones suelen aparecer implícitas mediante divinidades, unas representativas de la maʿat y otras como la de isfet. Un ejemplo de ello son los dioses Osiris y Set, respectivamente. Horus, el primer rey de Egipto, también puede verse como representante de la maʿat, mientras que la serpiente Apofis sería manifestación del isfet.

Ahora bien, lo que extraño en toda esta discusión es la debida cualificación de este material cuando se le compara con el Evangelio de Juan. Una cosa que hay que señalar es que el culto a la diosa Maʿat había comenzado a decaer durante el periodo helenístico, y ya para la etapa grecorromana (tiempos de Jesús), muchas de sus funciones fueron asumidas por Isis (Pinch 2002, p. 160). No obstante, la noción general de maʿat continuaba siendo empleada, pero esta vez por el emperador romano, que era visto como el rey de Egipto. Dado el tono antirromano de bastante de la literatura cristiana, es implausible que los cristianos meramente “copiaran” el concepto contemporáneo de la maʿat como equivalente a “justicia imperial” solo para aplicarlo a Jesús. Recordemos que en el Evangelio de Juan, eran los romanos los que se postraban ante el poder supremo de Jesús en calidad de tabernáculo donde habita el Nombre de Dios (Juan 18.4-8).

Ya aclaradas las nociones anteriores, la noción de “verdad” (en griego ἀλήθεια) adquiere en este periodo connotaciones filosóficas helenísticas y, también, teológicas. De acuerdo con la filosofía platónica, no solo la verdad se opone a lo falso, sino que el contraste suele ser verdad vs. opinión (δόξα). Esto no es irrelevante en cuanto a que, como correctamente señala el Dr. Pujol, los evangelios muestran afinidades con filosofías como las de Filón de Alejandría (Pujol Boix 2023, 5-6). Esta cercanía es universalmente reconocida en la academia, incluso la más reciente. Algunos postulan la dependencia del Evangelio de Juan en Filón, mientras que otros sostienen que los dos comparten el “mismo ambiente” teológico-filosófico (Brown 1999, 72; Litwa 2024, 23-32; Méndez 2025, 23). El centro de actividad de Filón fue Alejandría, en Egipto. Asimismo, el Evangelio de Juan muestra afinidades significativas con el hermetismo antiguo, cuyo origen también se encuentra en Egipto. Sorprendentemente, el Dr. Pujol no discute o menciona este aspecto crucial de la herencia del sincretismo egipcio. (Puede ser que lo haya hecho en sus otras obras que no he leído, pero no resalta ese aspecto aquí). Aun con todo, y como se ha mostrado varias veces, el evangelio tiene más afinidades con el cuerpo literario judeo en griego que corresponde a la Biblia hebrea que con el Corpus Hermeticum. Además, si suponemos junto a la academia que dicho evangelio se redactó entre el 90 y el 110 e.c., puede ser que esta literatura sea posterior (Brown 1999, 73-74). No obstante esto, si es cierto lo que suponen algunos expertos, de que puede haberse escrito el evangelio hasta el 130 o 135 e.c., algún tipo de influencia pudo haber ocurrido (en cuanto a asuntos de fecha, Litwa 2018, 11-14; Litwa 2024b, cap. 6; Méndez 2025, 25; Méndez 2026, 16). Una vez más, puede ser que el Dr. Pujol haya presentado una discusión en algunas de sus otras obras que no he leído, así que le concedo el beneficio de la duda.

Además, tomando inspiración del platonismo medio y apoyándose en la literatura judeohelenística, el Evangelio de Juan propone la idea de una figura demiúrgica llamada Logos (λόγος), que, en este contexto, significa “palabra” de Dios. Sin embargo, el término “palabra” en arameo es “memra“, que es un circunloquio para referirse al Nombre de Dios, YHVH (Coloe 2021, 130-132; Levine 2024, intro. “The Word”). Para el evangelista, Jesús es el tabernáculo donde habita el Nombre de Dios (Juan 1.14). Ya de partida, aunque sabemos que el helenismo está presente en esta visión teológica, el pensamiento es inequívocamente judeo.

Esta noción cristológica tiene un vínculo notable con Jesús como el “camino, la verdad y la vida”. En fin, como figura demiúrgica (en el sentido platónico del término, no el egipcio), el divino Logos es el puente o mediador entre Dios, perfectamente trascendente, con la humanidad y todo lo terrenal. La razón es sencilla: contrario a un rey egipcio, el Logos es creador del mundo (Juan 1.3). Por ello, el Logos es el representante ante la humanidad del Dios trascendente, Imagen de él; y los fieles se salvan al ser divinizados por él. Se puede ver en Filón de Alejandría un razonamiento similar —aunque no afirma que el Logos se encarnó—. Dentro de la narración evangélica, tenemos muchas instancias de esta idea:

Y les dijo: “De verdad les aseguro: verán el cielo abierto y a los mensajeros de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre” (Juan 1.51, mi énfasis).

Jesús dijo: “Llevo tanto tiempo con ustedes, ¿y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre” (Juan 14.9, mi énfasis).

Manifesté tu Nombre a los humanos que me diste del mundo; eran tuyos, y me los diste, y han guardado tu doctrina. Ahora han sabido que todo lo que me has dado viene de ti, porque les he dado las palabras que me diste, y ellos aceptaron y conocieron verdaderamente que yo había salido de ti y creyeron que tú me habías enviado. Yo ruego por ellos” (Juan 17.6-9a, mi énfasis).

“No solo ruego por estos, sino también por los que crean en mí por medio de su palabra; que todos sean uno: que, como tú, Padre, estás en mí, y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste (Juan 17.20-22, mi énfasis).

Y es en este contexto que Jesús dice:

Jesús le dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie llega al Padre sino es a través de mí. Si me han conocido; conocerán también a mi Padre; y desde ahora lo conocen, y lo han visto” (Juan 14.6, mi énfasis).

Nótese cuán ajenas son estas nociones judeo-platónicas de “camino, verdad y vida” del concepto egipcio de “mantenimiento de la maʿat por parte de un rey egipcio. De hecho, hasta donde sé (y puedo estar equivocado), esta fórmula, “camino, verdad, vida”, no aparece en ningún documento o inscripción egipcia referente a la maʿat. No hay instancia alguna en que podamos decir que la maʿat tenga algo que ver, al menos de manera directa (como pretende el Dr. Pujol), con Juan 14.6. Además, este pasaje se escribió en una época en que el emperador administraba la maʿat. Mostrar a Jesús como superior a los romanos no es coherente con la religión egipcia de aquel entonces (Juan 18.4-8).

El hecho de que el Dr. Pujol no cualifique sus aserciones se presta a que el libro conduzca al lector por un camino erróneo.

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Otros problemas con esta hipótesis

Estatua de Hapi el escriba. Se encuentra con el pecho descubierto, sentado con una rodilla arriba y otra pierna acomodada en el suelo. Tiene un folio de papiro en su regazo.
Estatua de Hapi el Escriba. Fotografía cortesía de Onceinawhile. Licencia: CC-BY-SA 4.0 Int.

Hay otro problema muy significativo en el caso del Dr. Pujol. Según el Dr. Antonio Piñero, el problema de alegar que los evangelios son falsificaciones consiste en que estos textos son infalsificables (Piñero 2018, 34). ¿A qué se refiere el Dr. Piñero? No es tanto que algunos autores pretendan ser lo que no son. En el caso del Evangelio de Juan, hay una discusión intrigante al respecto. Sin embargo, lo que nos quiere decir el destacado filólogo es que los cuatro evangelios no pueden ser el resultado de un “plan” para crear un movimiento relativamente coherente, con ideas teológicas bastante similares. Esto se debe a que los evangelios sí hablan del mismo personaje, pero tienen perspectivas teológicas, cristológicas, soteriológicas y eclesiásticas dramáticamente distintas. Es más, este asunto es más notable si incluimos los demás libros del Nuevo Testamento.

En la subsección anterior hablamos de que Jesús, en vida, era el tabernáculo donde habitaba el Nombre de Dios. Es decir, para el Evangelio de Juan, desde el momento de su nacimiento, el Nombre de Dios, que también es el divino Logos, existía en Jesús. Pero esa no es la posición que encontramos en el famoso poema cristológico de Filipenses 2.6-11. Según este, Jesús hereda el Nombre de Dios (κύριος) después de que fue exaltado y adoptado como Hijo de Dios (Filipenses 2.9; ver Rom. 1.3-4).

La situación no mejora si introducimos en la discusión a los evangelios sinópticos:

  • Para Marcos, Jesús era un hombre ordinario que fue a donde Juan el Inmersor, presumiblemente para arrepentirse de sus pecados y bautizarse (Marcos 1.1-9). Después, fue adoptado como Hijo de Dios cuando fue inmerso por Juan (Marcos 1.11).
  • Para Mateo y Lucas, Jesús era literalmente un semidiós, resultado de la interacción no sexual del pneuma santo con una mujer (Mateo 1.18 / Lucas 1.35).

Ambas perspectivas chocan de frente con el alegato de que Jesús es el Logos divino, demiúrgico, que se encarnó en Jesús. Ninguna de estas cristologías sinópticas es encarnacionista.

El asunto empeora cuando nos preguntamos cuál es la noción de Sabiduría divina que sostenía cada evangelista y cómo se manifestaba.

  • Marcos no equipara a Jesús con la Sabiduría divina, aunque sí destaca que, gracias al poder del pneuma santo, adquirió una sabiduría inusual (Marcos 6.2-3).
  • Mateo habla de Jesús como la Sabiduría de Dios, pero no en un sentido encarnacionista (Mateo 11:19).
  • Lucas pone a hablar a Jesús sobre una Sabiduría personificada, pero en tercera persona (Lucas 7.35;11.49).
  • En el Evangelio de Juan, el Logos equivale a la versión masculina de la Sabiduría, comparte sus atributos y se identifica con la Torah (Beutler 2016, “La Palabra Divina aparece en el mundo (1,1–4,54)”; Coloe 2021, 53-58, 111-130; Hernández Carracedo 2020, caps. 3 y 5).

Y si incluimos a Colosenses, alude a Jesús como la Sabiduría divina, demiúrgica, creadora, pero no llamándole así ni usando el término Lógos (Colosenses 1.15-20).

La visión eclesiológica, es decir, de cómo debían organizarse las asambleas, difiere sustancialmente entre fuentes. Por ejemplo, si seguimos a Pablo en 1 de Corintios, las asociaciones debían ser carismáticas; organizadas de la siguiente manera: emisarios, profetas, maestros, taumaturgos, sanadores, asistenciales, glosolálicos, intérpretes (1 Corintios 12.27-30). No obstante, si leemos las llamadas cartas “pastorales” o “comunitarias”, vemos una organización sustancialmente distinta, estructurada según la jerarquía supervisor/anciano-asistente-fiel, o supervisor-anciano-asistente-fiel (Tito 1.5-7;2.1; 1 Timoteo 3.1-2,8).

Para el Pablo de 1 Tesalonicenses y 1 Corintios, al igual que para Marcos y Mateo, la salvación definitiva ocurriría al final de los tiempos, cuando sucediera la parusía —la llegada del Mesías— y los muertos resucitaran (1 Tesalonicenses 4.13-5.11; 1 Corintios 15.1-58; Marcos 13; Mateo 23-25). No obstante, en el caso de Efesios, ya los fieles habían resucitado, y en el Evangelio de Juan, hay una soteriología realizada en la que los fieles ya estaban participando (Efesios 2.4-6; Juan 17.20-22;18.36).

Ahora bien, quiero dejar claro que el Dr. Pujol sí se ha dado cuenta de las contradicciones en los evangelios y Hechos de Apóstoles. De hecho, apela a ellos cuando esto le sirve para su causa de afirmar que Jesús no existió (e.g., Pujol Boix 2023, 11, 22, 26). Lo que sucede es que el Dr. Pujol parece pensar que los redactores del Nuevo Testamento sostenían más o menos el mismo programa. Al suponer ello y discutir otros temas, cae en ciertos anacronismos. Por ejemplo, dice lo siguiente:

La finalidad es llevar a cabo la creación de un nuevo personaje, Jesús, manifiestamente de talante divino, en un tiempo de guerra y desolación apocalíptica real para todos los judíos del Mediterráneo, no podía ser otra que presentarlo como el Mesías anunciado. Es un modelo literario que se repitió cada vez que era necesario. Recordemos que profetas de Israel como Malaquías lo habían hecho en el tiempo del primer éxodo a Babilonia con la mirada puesta al [sic] rey persa Ciro II el Grande, presentado como “el esperado Mesías de Jahvé”, o bien Isaías anunciando el “hijo Emmanuel” (Pujol Boix 2023, 18).

Hay muchos problemas con este pasaje y no es posible discutirlos todos. Basta con indicar que el “mesianismo” alusivo al rey persa Ciro el Grande (Is. 45.1) no es el mismo “mesianismo” de la época de Jesús. De hecho, no tenemos evidencia de movimientos mesiánicos durante la etapa de la deportación a Babilonia; pero sí sobran los de tiempos de Jesús. Esta idea de que los judeos antiguos apelaban a un “mesías” (ungido) durante cada dificultad histórica es falsa. Las formas más tempranas de mesianismo aparecen desde el periodo helenístico, es decir, posterior al siglo IV a.e.c. (Collins y Collins 2008, 47).

Más al punto. La alusión a la profecía de Isaías 7.14 (sobre “el Emmanuel”) aparece en un solo texto del Nuevo Testamento, a saber, el Evangelio de Mateo —donde Jesús tenía que cumplir profecías para ser el Mesías—. Su uso es inexistente en los evangelios de Marcos, Lucas o Juan, en Hechos de Apóstoles, en el corpus paulinum, en las epístolas universales y en el Apocalipsis. Una vez más, esto resalta que los autores neotestamentarios no compartían una sola perspectiva mesiánica coherente entre sí.

En palabras sencillas, el Dr. Pujol parece creer que, resaltando los paralelismos, las contradicciones y las inverosimilitudes históricas, puede demostrar la inexistencia de Jesús. No obstante, cuando se examina todo ello, especialmente las contradicciones, su versión mitista de cómo se redactó el Nuevo Testamento se vuelve en sí misma inverosímil. Es altamente improbable que unos sacerdotes de Serapis planificaran crear el Nuevo Testamento con una visión más o menos coherente del personaje.

¿Saben qué es más verosímil? ¡La posición académica actualmente dominante! Veamos.

Es más verosímil que surgiera un movimiento mesiánico en Galilea y Judea, como los muchos que aparecieron en esa época (también en Samaría). Luego, se llevó a cabo una actividad de diseminación en el Mediterráneo oriental, principalmente por Pablo —aunque también participaron otros como Pedro en las sinagogas, Apolo de Alejandría y Bernabé—. Así, se fueron diversificando diversas perspectivas, cada vez más dispares, sobre la figura mesiánica, Jesús de Nazaret, la soteriología, la eclesiología, etc. Esto es posible también gracias a los cambios de las realidades y necesidades de las asambleas cristianas durante los siglos I y II. Esa extrema diversificación llevó a los sectores dominantes a forjar gradualmente una ortodoxia y marginar a las demás posiciones como “herejías”, llevando a un cristianismo mucho más unificado bajo el poder imperial romano en el siglo IV.

Esto da cuenta muy bien de todas estas discrepancias (y muchísimas más que no he mencionado), y es la perspectiva sostenida hoy por la academia en general (Bermejo Rubio 2023; Ehrman 2014; Fredriksen 2024; Litwa 2022; Piñero 2007; Piñero y Alonso 2025; Vearncrombie, Scott y Taussig 2021).

[Nota importante: Es menester observar que, durante todo este tiempo, en su libro, el Dr. Pujol trata al Nuevo Testamento como si fuera una unidad literaria. Según él, hubo diferentes manos de sacerdotes de Serapis que redactaron “el Nuevo Testamento”. No obstante, el Nuevo Testamento, tal como lo conocemos, no emerge sino en el siglo IV. La primera vez que se sugirió algo parecido a un “nuevo testamento” fue el corpus de Marción (siglo II), que incluyó diez de las epístolas paulinas y una versión acortada del Evangelio de Lucas (el Apostolikón). Hubo mucha otra literatura producida durante estos primeros siglos: la carta de las asambleas romanas a las de Corinto (1 Clemente), las cartas ignacianas, la Didajé, el Evangelio de Judas, el Evangelio de María Magdalena, el Pastor de Hermas, el Evangelio de la Verdad, el Libro Secreto de Juan, el Protoevangelio de Jacobo, el Evangelio de Tomás, etc. Hasta donde he leído, no he visto al Dr. Pujol dar cuenta de todos estos datos. Tal vez trata estos temas en sus otras obras que no he podido consultar, pero en las que he leído, no los aborda. Véase el proceso altamente complejo de la emergencia del Nuevo Testamento y la canonización de textos en la excelente, voluminosa y detallada obra, bien documentada y evidenciada: McDonald 2017. Aunque la descripción del proceso es más breve en las siguientes referencias, pueden consultarlas también: Piñero 2007, 33-61; Piñero 2022, 26-76].

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Algunos hechos cuestionados por el Dr. Pujol

Icono de confusión y escepticismo con la ceja levantada

¿Belén o Nazaret?

Una fotografía del exterior de la Basílica de la Anunciación en Nazaret.
Basílica de la Anunciación en Nazaret, Israel. Cortesía de sunBeam en Pexels.

En una nota al calce, nos dice el Dr. Pujol:

En la ficción real del “Mito”… [Jesús] nos diría que de hecho, no sabe si nací en Belén o en Nazaret; ni si fue en tiempos de Herodes o durante el Censo de Quirino; ni si mi madre necesitaba ser “virgen” para ser engendrado y luego ya no; ni con seguridad quién era exactamente mi Padre; si tenía primos, hermanos o bien hermanastros. Ni ¿cómo José podía haber llegado a ser un tekon [sic] (artesano cualificado en las construcciones de madera, en Nazaret, aldea semiinexistente)? Ni menos el que no ejerciéramos su profesión en la vecina gran ciudad en reconstrucción de Séforis. Ni algo en extremo perturbador, ¿por qué trataba yo a mi madre con displicencia?: En las bodas de Caná [Juan 2.4; Lucas 8.20]… Tampoco tengo claro lo de la crucifixión. No sé si fue por “exigencias del guión” [sic] o simplemente por “ve a saber” (Pujol Boix 2023, 26, énfasis del original).

¿Se le olvidó que los romanos crucificaban por actos de sedición como, por ejemplo, autodenominarse “rey de los judeos” o “Mesías” (Mateo 27.11,37; Marcos 15.2,26; Lucas 23.3,38; Juan 18.33;19,19)? Este párrafo es una expresión puramente retórica, extraña en un libro que pretende difundir una propuesta supuestamente seria. No obstante, he aquí algunas respuestas.

  • Al igual que algunos mitistas, el Dr. Pujol fusiona la categoría de Jesús histórico con la madeja legendaria que se forjó alrededor de él. Por supuesto, se pueden lanzar dudas serias en torno a datos claramente fantásticos, tales como el nacimiento virginal. Sin embargo, no hace lo cortés con el oponente historicista, a saber, tomar el perfil histórico tentativo de Jesús para criticarlo. Sin embargo, lo que nos ofrece el texto en cuanto a ello es una especie de “sarcasmo académico” (que discutiremos más adelante): lo que los expertos han hecho con el Jesús histórico es lo mismo que se puede hacer con el relato de Ali Babá y los 40 ladrones.
  • Actualmente, el consenso en la academia se inclina por que Jesús nació en Nazaret, no en Belén. La mayoría reconoce que el dato de Belén es secundario, de dos textos que querían vincular geográficamente a Jesús con la ciudad de David para reafirmar que este rey era su ancestro (Mateo 1-2; Lucas 1-2). Nuestra primera noticia de su procedencia se encuentra en el Evangelio de Marcos, donde dice que Jesús viajó de Nazaret de Galilea para ser bautizado por Juan (Marcos 1.9). El Evangelio de Juan confirma la noticia y se caracteriza como un lugar sin importancia (Juan 1.46). Por índice de dificultad, lo más probable es que la procedencia de Jesús sea Nazaret o, al menos, Galilea (Bermejo Rubio 2023, 126, 152; Bond 2012, 67-72; Crossan 1994, cap. 1, sec. “In the Days of King Herod”, subsec. “A Question of Class”; Ehrman 1999, 36-39, 97-98; Fredriksen 2000, 157; Gómez Segura 2021, 29-33; Meier 1991, 222-230; Piñero 2018, 294).
  • No hay nada inverosímil en sostener que José pudiera haber llegado a ser tekton. De hecho, la evidencia arqueológica es clara: en la época de Jesús, en el lugar reconocido hoy como Nazaret, al menos, hay una estructura que corresponde muy bien a una casa donde viviría un artesano o constructor (Dark 2021, cap. 5).
  • No hay nada inverosímil en sostener que José laborara en Séforis, aunque este asunto no está del todo claro. Primero, ya tenemos evidencia arqueológica de que al menos una casa consistente con esa profesión existía en Nazaret (Dark 2021). Segundo, como han señalado recientes estudios arqueológicos, parece que Nazaret tenía una forma de vida distinta a la de Séforis. Probablemente, esto se deba a que Séforis era más cosmopolita (se han encontrado artefactos no judeos importados a ese lugar durante el periodo romano), mientras que Nazaret parece haber permanecido notoriamente judeo. De hecho, una de las cosas que ha hecho notar Ken Dark, arqueólogo especialista en Nazaret, es que hubo cavernas artificiales creadas para reservas, pero algunas muestran señales de haber sido adaptadas para esconder personas. Esto se explica si hubo momentos y ocasiones de adversidad, como ataques por parte de ejércitos como el romano (Dark 2020, 73-78, 116-123). De esta manera, parece que la población de Nazaret mostraba signos de resistencia antirromana. Probablemente, estos escondites fueron diseñados durante la Primera Guerra Judea (66-73 e.c.). El aspecto de la vida marcadamente judea es una situación muy similar a la del resto de la ruralía en Galilea y que ha sido ampliamente documentada (Chancey 2004; Reed 2008, 94-103). La información provista por los arqueólogos y en otras fuentes es bien significativa porque, como han señalado algunos especialistas, los nombres de los padres de Jesús (Yusef y Miriam) y la selección de los de sus hijos (Yeshú, Yakov, Yusef, Yehuda, Shimon; Mc. 6.3) sugieren una marcada identidad judea. Todos estos nombres se remiten a figuras significativas, héroes o patriarcas de la Biblia hebrea. Esto a su vez explica la conducta apocalíptica y mesiánica de Jesús (Meier 1991, 221-222). Asimismo, explica por qué Jesús, siendo galileo, fue objeto de cuestionamientos por “herodianos” en torno a la paga del impuesto al emperador. Esto tiene poderosas reminiscencias de Judas de Galilea, que sí levantó una guerrilla debido al censo de Quirino para el cobro de impuestos (Marcos 12.13-17; Josefo, Antigüedades judías XVIII.1).
Túneles en Nazaret
Espacios artificiales que pudieran servir de escondites encontrados en Nazaret, comparados con el encontrado en Horbet Tabaq. Reproducido de la misma imagen dada por Ken Dark (Dark 2020, cap. 6).
  • En cuanto a la afirmación de una “aldea semiinexistente”, el Dr. Pujol no elabora qué quiere decir con esta expresión. Sin embargo, si esto es para lanzar dudas sobre la existencia de Nazaret, hay que ver que no hay virtualmente razón alguna para dudarla. Típicamente, se menciona el hecho de que no hay referencias a ella en la Biblia hebrea o en algún otro lugar en la literatura judea o pagana, sino que solo se empieza a nombrar en la literatura cristiana. Aun con eso, los arqueólogos han señalado que hay muchas aldeas y villas que se han descubierto que no corresponden a ningún lugar conocido en documentos antiguos, y cuyos nombres se desconocen. Esto no es inusual en el ámbito de la arqueología o el mundo antiguo. Si, como alega el Evangelio de Juan, Nazaret era insignificante, entonces no sorprende que nadie lo mencionara. Otro alegato que se suele hacer es que, para la época de Jesús, no hubo población judea que habitara este lugar. La evidencia es abundantísima de que estos lugares fueron habitados por judeos durante este tiempo. Esto incluye evaluación arqueológica de los artefactos encontrados y la evidencia numismática que data de la época de Jesús (Alexandre 2020; Pfann y Rapuano 2008; Pfann, Voss y Rapuano 2007; Dark 2020, 42-128; Dark 2021, 251-295). Y sí, era un lugar relativamente modesto, y permaneció así, incluso, durante el siglo IV. Lo sabemos porque Jerónimo, uno de los considerados padres de la Iglesia, lo describe como una “pequeña villa” (Dark 2020, 18). El número de habitantes parece haber sido de unas mil personas, más o menos una situación similar a la de otras villas y aldeas de Galilea (Keys 2020; Reed 2008, 94-103). Finalmente, otro de los argumentos para descartar la existencia de Nazaret era la falta de inscripciones y que no se identificó su lugar hasta el siglo IV. No obstante, como indica la arqueóloga Jodi Magness, la experiencia de los arqueólogos es que muchos de los nombres de los lugares, aun cuando no se identifiquen con inscripciones, se mantienen por siglos. No es típico de pueblos el cambio radical de nombre si no se le designaba así antes (Ehrman 2024, 25:50-29:00). Por lo tanto, las razones para dudar de la existencia de Nazaret son ínfimas desde un punto de vista arqueológico. Y aun en el improbable caso de que el lugar identificado como Nazaret hoy día realmente no lo fuera, el índice de dificultad recurrente en los evangelios nos indica fuertemente que una villa o aldea con ese nombre sí existió.

Es decir, el escepticismo que insinúa el Dr. Pujol se exagera y se dirige exclusivamente a inducir en la mente del lector la idea de que Nazaret no existió como un elemento más de la inexistencia de Jesús. Esta no es una manera intelectualmente honesta de proceder con la evidencia disponible ni ante los genuinos argumentos de diversas ramas académicas como la arqueología y los expertos del método histórico crítico.

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¿Relatos sobre Jesús = Alí Babá y los 40 ladrones?

Una escena en que Alí Babá le muestra a Morgiana los tesoros de Sésamo.
Una escena en que Alí Babá le muestra a Morgiana los tesoros de Sésamo. Su autor es Albert Robida (1945).

En el texto de La sabiduría, el Dr. Pujol plantea que hace falta pasar del arquetipo universal al arquetipo taxativo de manera que no queden dudas de la genealogía arquetípica del héroe Jesús (Pujol Boix 2023, 16). Reconoce que el lenguaje tiene ambigüedades o “indeterminaciones” e “incomprensiones”. Pero explica él que, como ocurre con la biología empleando la genética, alguien puede fijarse en el tipo de lenguaje que se emplea y se emiten algunas expresiones que se traducen en un significado y establecer una ascendencia “genética”. Dice, pues:

… se trata de hacer pruebas de parentesco biológico literario y de paternidad. Las pruebas de parentesco biológico son análisis científicos que se realizan en un laboratorio de genética forense con el propósito de determinar si entre las personas analizadas existe o no, una relación biológica. Es decir, tratan de demostrar si estas personas (arquetipos) analizadas comparten o no ascendientes comunes directos. Como Jesús/Mitra/Dionisos/Attis/Harpócrates/Buda. Vladimir Propp, analizando cuentos universales, nos dirá que encontramos una treintena de formas, ideas y tipos idénticos en todos y cada uno de ellos. El análisis de varios marcadores genéticos permite, pues, establecer una relación paterno-filial o determinar el grado de ascendencia biológica compartida (Pujol Boix 2023, 16-17).

Acto seguido, en la oración sobre Vladimir Propp, coloca una nota al calce que dice lo siguiente:

Traídos a colación unos de los posibles veinte rasgos históricos sobre Jesús que se consideran en los evangelios y que los autores, aplicando el método histórico crítico nos brindan como: Galileo; Judío; Familia de artesanos cualificados en la construcción de madera (los tekton); Miembro de un movimiento de purificación (Juan Bautista); Angustia del fin de los tiempos; Inminencia del Reino de Dios; Actividad pública con resultado de Crucifixión, todos están, no obstante, matizados por estos autores con los epítetos recurrentes de plausible, verosímil o probable.

Rasgos históricos que siguiendo la teoría de V. Propp, se podrían encontrar también en el relato de Alí Baba y los cuarenta ladrones (Pujol Boix 2023, 17).

Como el Dr. Pujol no explica quién es Vladimir Propp y a qué se refiere exactamente, es pertinente para nuestra discusión informar brevemente quién fue y qué propuso.

Fotografía de Vladimir Propp
Fotografía de Vladimir Propp.

Vladimir Propp (Hermann Waldemar Propp) fue un folclorista, nacido en 1885 en San Petersburgo y murió en 1970 en Leningrado, Rusia. Se educó en filología rusa y germánica y, posteriormente, se dedicó a enseñar literatura rusa. (Recuerden este último dato). En 1928, escribió una obra que contribuyó al folclorismo, cuyo título en español es Morfología del cuento folclórico (ver Propp 1977). En esta obra identifica 31 elementos narrativos compartidos por todos los cuentos o fábulas. He aquí lo que propone, aunque no tengo espacio para explicar cada uno (Propp 1977, 37-74):

  1. Uno de los miembros de la familia se aleja de la casa.
  2. Recae sobre el protagonista una prohibición.
  3. Se transgrede la prohibición.
  4. El agresor intenta obtener noticias.
  5. El agresor recibe informaciones sobre su víctima.
  6. El agresor intenta engañar a su víctima para apoderarse de ella o de sus bienes.
  7. La víctima se deja engañar y ayuda así a su enemigo a su pesar.
  8. El agresor daña a uno de los miembros de la familia o le causa perjuicios.
  9. Se divulga la noticia de la fechoría o de la carencia, se dirigen al héroe con la pregunta o una orden, se le llama o se le hace partir.
  10. El héroe-buscador acepta o decide actuar.
  11. El héroe se va de su casa.
  12. El héroe sufre una prueba, un cuestionamiento, un ataque, etc., que le preparan para la recepción de un objeto o de un auxiliar mágico.
  13. El héroe reacciona ante las acciones del futuro donante.
  14. El objeto mágico pasa a disposición del héroe.
  15. Se transporta al héroe, conducido o llevado cerca del lugar donde se halla el objeto de su búsqueda.
  16. El héroe y su agresor se enfrentan en un combate.
  17. El héroe recibe una marca.
  18. El agresor es vencido.
  19. La fechoría inicial es reparada o la carencia colmada.
  20. El héroe regresa.
  21. El héroe es perseguido.
  22. El héroe es auxiliado.
  23. El héroe llega de incógnito a su casa o a otra comarca.
  24. El falso héroe reivindica para sí pretensiones engañosas.
  25. Se propone al héroe una tarea ardua.
  26. La tarea es realizada.
  27. El héroe es reconocido.
  28. El falso héroe o el agresor, el malvado, queda desenmascarado.
  29. El héroe recibe una nueva apariencia.
  30. El falso héroe o el agresor es castigado.
  31. El héroe se casa y asciende al trono.

Propp explica estos puntos extensamente en su obra, pero, cuando ustedes miran algunos de estos puntos “universales”, a lo mejor podrían reconocer algunos que corresponden al personaje de Jesús. Y, aunque les sorprenda, estoy de acuerdo con Pujol en que se puede emplear este esquema de 31 puntos para analizar los relatos evangélicos (aunque tengo muy serias dudas de que estos puntos sean tipos genuinamente “universales”).

Donde discrepo es en el non-sequitur de decir que, porque los evangelios cumplen con muchos de ellos en general, implica que usarlos para buscar a un Jesús histórico sea equivalente a investigar a un “Alí Babá histórico” (al menos, eso es lo que entiendo de su aserción).

Fotografía de Bart D. Ehrman
Fotografía de Bart D. Ehrman. Cortesía de Ehrman, CC-BY 4.0 Int.

En un debate que sostuvo con el Dr. Robert Price como representante del mitismo en torno a Jesús, nos dice el Dr. Bart Ehrman, historicista, lo siguiente:

[Otro] argumento mitista que la gente suele hacer es que, si la vida de Jesús, como es descrita en los evangelios, sigue unos patrones de ciertos relatos del Antiguo Testamento o en mitos de los dioses que mueren y resucitan, o en cuentos sobre otras figuras religiosas, que si hay relatos en estas tradiciones, entonces probablemente Jesús no existió. Tampoco he encontrado esto persuasivo.

La mayoría de las figuras históricas de las que tenemos constancia tienen relatos legendarios dichos en esos patrones. Esto es cierto de George Washington. Esto es cierto de Julio César. Esto es cierto para el fundador del judaísmo jasídico, el Baal Shem Tov, quien alegadamente podía sanar a los enfermos, expulsar demonios, resucitar muertos y transfigurarse ante sus seguidores. ¿Significa que no existió? ¡Por supuesto que no! Todo el mundo sabe que el Baal Shem Tov existió. No hay duda de ello.

Puedo ilustrar eso utilizando como ejemplo a Octaviano, César Augusto, el primer emperador de Roma. Alegadamente, literalmente era el “hijo de dios”; nació milagrosamente; fue venerado como “hijo de dios” por sus devotos; ascendió a los cielos. Él se volvió un ser divino digno de adoración. Hay muchos relatos que se han dicho de él. ¿Significa que no existió? No. Lo que significa es que cuando narras relatos sobre él, se hace de unas maneras [específicas].

Esto es lo que ocurre típicamente con figuras del pasado. Se habla de personajes en términos de estereotipos. Nosotros [actualmente] tenemos nuestros propios estereotipos: tenemos el relato de la pobreza a la riqueza; tenemos el relato del escándalo sexual del político; tenemos el relato del salvador divino. El hecho de que los relatos se moldeen según un modelo no tiene que ver con si una persona existió o no (Ehrman 2017, 11:20-12:24, mi traducción, mi énfasis).

Dado este hecho, que es ampliamente conocido en la academia, de que la vida u obras de personajes genuinamente históricos se pueden moldear de acuerdo a unos patrones narrativos, tenemos que indicar que el Dr. Pujol está equivocado cuando hace una inferencia indebida de la aplicación de unos puntos narrativos (tomados como universales) para determinar si alguien existió o no.

De hecho, el esquema de Propp, si recuerdan, no tiene nada que ver con historiografía, sino con estudio de cuentos folclóricos. Tiene que ver más con análisis literarios de cuentos de hadas y mitos que con cualificación de datos históricos. Recordemos que la identificación de los “cuentos de hadas” como género literario es un fenómeno cultural más reciente de lo que la gente se imagina. No es que en la antigüedad no hubiera relatos parecidos, pero cuando “explotó” el género fue durante el siglo XIX, en el momento en que florecía el romanticismo germánico. Las figuras destacadas en cuanto a la aparición de este tipo de publicaciones fueron los hermanos Grimm, que, alegadamente, narraban las historias del Volk (pueblos de la ruralía) que circulaban relatos “ancestrales” y cuya publicación ayudaba a forjar la identidad cultural germánica (Norberg 2022; Walsh 2021, 61). Esta forma de narración tuvo su impacto también en el cuentista danés Hans Christian Andersen. Y los rusos no quedaron atrás. Propp vivió en una época en que los nacionalismos no solo tenían una importancia cultural, sino política. De la poca biografía que les compartí, les hice saber que estudió filología germánica y rusa, y se dedicó, pues, a aplicar sus conocimientos a los cuentos rusos. Él no buscaba un fin nacionalista, sino formalizar los elementos narrativos “universales” de los diversos relatos de diversos géneros mitológicos o de ficción fantástica de la historia. Los 31 elementos son eso y nada más que eso.

Esto es parecido a cuando el Dr. Richard Carrier usó criterios narrativos para algunos héroes, en particular el arquetipo Rank-Raglan de los héroes mitológicos. Al igual que el caso de Propp, este es un patrón para analizar historias sobre héroes, no una herramienta para determinar la historicidad. El Dr. Carrier revisó algunas de las características para que se adaptaran a sus necesidades mitistas y jugó con las probabilidades para abonar a su argumento de que era improbable que Jesús hubiera existido. No tardaron varios críticos en destacar que, si realmente se procediera consecuentemente con la metodología del Dr. Carrier, personajes que sabemos que fueron históricos salen con una equiparable o mayor improbabilidad de existencia que Jesús mismo. Tales personajes incluyen a Mitrídates IV, Ramond Howard-Lear, John F. Kennedy (si seguimos el folclor afroamericano), David Koresh, Apolonio de Tiana, entre otros (McGrath 2014; Hansen 2020).

Para finalizar, recordemos que el Nuevo Testamento no es una unidad literaria, sino un conjunto de varios tipos de documentos. La razón de por qué sabemos que probablemente Jesús existió es porque Pablo mismo (el histórico) conoció al hermano de Jesús, Jacobo, y al apóstol Pedro en Jerusalén (Gálatas 1.18-19). Si hubiera sido todo una fabricación y los falsarios querían “vender” a Pablo como una autoridad, como efectivamente ocurrió, entonces deberíamos ver a un Pedro o Jacobo a favor de la propuesta paulina, tal como observamos en Hechos de Apóstoles (Hechos 15). No obstante, lo que se ve en la carta es una tensión muy marcada entre estas tres figuras (Gál. 2.1-14). Esta dificultad en el Nuevo Testamento nos hace confiar en que probablemente ocurrió de una manera más cercana a lo que nos narran las cartas auténticas paulinas. En fin, es normal que el hermano de Jesús mismo pensara que Pablo no debía tener tanta autoridad, porque nunca conoció al “Mesías”; igual pasa con Pedro. Todo esto es verosímil históricamente … y el relato de Hechos es inverosímil históricamente. Además, contrario al cuento de “Alí Babá y los cuarenta ladrones”, que todo el mundo (desde el mismo comienzo) veía como una ficción, en el caso de Jesús, durante los primeros tres siglos, virtualmente todos los antiguos, aun los judíos y los paganos anticristianos, lo vieron como un personaje que sí vivió en un pasado cercano. Y eso también ayuda a establecer la diferencia entre unos personajes históricos y otros que lo son.

Como podemos ver, esta metodología adoptada por el Dr. Pujol no parece llevar ni a la academia ni a los lectores a un destino favorable y está marcadamente propensa a conclusiones precipitadas.

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Los paralelismos superficiales

Libro visto con una lupa

Ya llegamos a la sustancia del libro que, desafortunadamente, no es tanta y es sorprendentemente escasa. Como describí al comienzo, el libro se divide en varias partes, donde incluye textos que supuestamente fueron base de los autores del Nuevo Testamento y los compara para resaltar los paralelismos.

Por supuesto, solamente daré aquí unas muestras para darles a ustedes una idea de qué se pueden encontrar. Si dudan de mi apreciación, los invito cordialmente a que compren el libro y que lo constaten ustedes mismos.

Comencemos con el primer paralelismo (las negrillas, las itálicas y las citas son del original):

[p. 44 – página de la izquierda]

Enseñanzas del supervisor de la ciudad y visir Ptahhotep bajo la majestad del Rey del Alto y el Bajo Egipto, Isesi, ¡que viva eternamente para siempre!

[p. 45 – página de la derecha]

Efesios 6
19 y orad por mí, para que me sea dada palabra al abrir mi boca, a fin de dar a conocer sin temor el misterio del evangelio, 20 por el cual soy embajador en cadenas; que al proclamar lo hable con denuedo, como debo hablar.

2 Corintios 5
20 Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaros con Dios!

Romanos 16
16 pero que ahora ha sido manifestado, y por las Escrituras de los profetas, conforme al mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las naciones para guiarlas a la obediencia de la fe,

Seguramente ustedes se preguntarán qué tiene que ver lo ennegrecido en la página 44 con la página 45. Igual me siento, porque el Dr. Pujol no provee ningún comentario o análisis al respecto. Es más, en el caso del pasaje de Romanos, no ennegreció ningún verso o palabra. Me llama la atención que la palabra para supervisor (epískopoi) no aparece en ninguno de los pasajes neotestamentarios, aunque un epískopos en el Nuevo Testamento tiene más el carácter de supervisor de una asociación que de una ciudad o imperio.

Presentemos otro caso:

[p. 46 – página de la izquierda]

PRÓLOGO[EPÍLOGO]
EL FINAL DE PTAHHOTEP SE ACERCA Y AHORA…

El supervisor de la ciudad, el visir Ptahhotep, dice: “¡Soberano, señor mío! La gran edad (la vejez) ha llegado, la senilidad ha ocurrido, la debilidad se ha reforzado. El temblor no cesa, el que está tumbado sufre la desazón cada día; los ojos se debilitan, las orejas ensordecen, la fuerza desaparece a medida que el corazón se va cansando, la boca permanece silenciosa y no habla, el corazón está ausente y no recuerda el ayer, los huesos hacen daño por culpa de la edad. Lo que era bueno se ha vuelto malo, todos los gustos han desaparecido. Todo lo que hace la vejez a los humanos es malo en todos los sentidos: la nariz está tapada y no respira por la debilidad, tanto se vale si estás levantado o sentado.

[p. 47 – página de la derecha]

PRÓLOGO – [EPÍLOGO]
EL FINAL DE PABLO SE ACERCA Y AHORA

Carta a Filemón 1
9 Yo no obstante, por causa del amor que te tengo, te ruego, siendo como soy, Pablo, anciano, y ahora también prisionero de Cristo Jesús, 10 ruégote acerca de mi hijo, a quien engendré en las prisiones, Onésimo.

2 Timoteo
Porque yo ya estoy para ser derramado como una ofrenda de libación, y el tiempo de mi partida ha llegado. 7 He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe.

Acts Ap 20
22 Y ahora, he aquí que yo, atado en espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que más allá me sucederá, 23 salvo que el Espíritu Santo solemnemente me da testimonio en cada ciudad, diciendo que me esperan cadenas y aflicciones. 24 Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios. Y ahora, de aquí, yo sé que ninguno de vosotros, entre quienes anduve predicando el reino, volverá a ver mi rostro. 32 Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros.

Con pretendidos “paralelismos” como estos, que son al extremo genéricos, uno se pregunta cómo el Dr. Pujol está tan seguro de que estos tres textos neotestamentarios se basan en el texto egipcio citado en la página 46. Una pregunta que le quiero hacer al público es esta: supongamos que el pasaje egipcio citado por él nunca existió; es verosímil que los tres documentos hubieran dicho lo que dicen. Si la respuesta es afirmativa (porque a todos nos cae la vejez, y todo el mundo, en todas las épocas, literalmente habla de los “achaques” de la “vejentud”), por el principio de parsimonia [la Navaja de Occam], podemos descartar la hipótesis que exige que los autores del Nuevo Testamento se basaron en el texto egipcio para estos pasajes.

Una vez más, el Dr. Pujol no hace ningún comentario ni explica los “paralelismos”. Solamente cita los pasajes.

Un ejemplo final que literalmente escogí al azar (lo que el Dr. Ehrman llama el “ouija-board approach“:

[p 168 – página de la izquierda]

CULTIVA TU CORAZÓN CON LA VERDAD Y DULZURA

No desveles tu corazón al adversario,
ya que puede utilizar tus palabras en tu contra.
Un compañero puede informar de inmediato de lo que salga de tu boca.
Si lo haces de nuevo, te conviertes en un enemigo.
Un hombre puede perderse por culpa de su lengua;
guárdate de provocar el alejamiento de la estimación de los demás.
El interior del hombre es más amplio que un granero:
está lleno de todo tipo de respuestas.
Elige la buena, habla bien,
y que quede oculta en tu pecho la mala.
Si la respuesta es insolente, se levanta el bastón.
Habla de forma suave y amable,
o nunca des ninguna respuesta.
Al que peca mintiendo, desoyendo al Dios,
cuando juzgan al justo
viene su mal destino y se lo lleva.

[p. 169 – página de la derecha]

CULTIVA TU CORAZÓN CON LA VERDAD Y DULZURA
El juicio hacia los demás

Lucas 6
39 Les dijo también una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en un hoyo? 40 Un discípulo no está por encima de su maestro; mas todo discípulo, después de que se ha preparado bien, será como su maestro. 41 ¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? 42 ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacarte la mota que está en tu ojo, cuando tú mismo no ves la viga que está en tu ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo y entonces verás con claridad para sacar la mota que está en el ojo de tu hermano.

Una vez más, no hace falta ser un experto en crítica de las fuentes para percatarse de que es difícil establecer la “genealogía” textual entre el pasaje lucano y el egipcio. Sencillamente, el parecido entre ambos pasajes es extremadamente genérico y no hay coincidencia verbal alguna, ni tan siquiera tangencial.

Al contrario, si se hiciera una crítica de las fuentes con todo el rigor, el pasaje lucano puede ser de origen mateano (como propone la hipótesis de Farrer) o de la fuente Q (como proponen los partidarios de esa hipótesis; Robinson, Hoffmann y Kloppenborg 2002, 118-119). Es decir, las perspectivas académicas dominantes (la de Q es la más dominante) explican mejor la genealogía textual que lo que propone el Dr. Pujol. ¿Por qué? Porque Mateo y Lucas se corresponden en estos pasajes genuinamente palabra por palabra (Mateo 15.14; 10.24-25a; 7.3-5; Lucas 6.39-42). Es más, el Dr. Pujol hace un buen caso genealógico cuando compara la muerte de Juan el Bautista, según el Evangelio de Marcos, con el libro de Ester, que, por cierto, es uno que reconoce la academia abiertamente (Pujol Boix 2023, 9-11). Pero aquí los paralelismos son inaceptablemente laxos para establecer un vínculo genealógico como el que pretende.

Una vez más, el Dr. Pujol no hace ningún comentario sobre estos pasajes, y el texto evangélico no contiene negrillas.

En suma, es muy difícil ver cómo estos supuestos “paralelismos” supergenéricos demuestran o explican algo.

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En última instancia, ¿por qué nada de esto funciona?

Pintura de la "Gran Ramera de Babilonia": Hay una mujer vestida de realeza con capa escarlata, sentada sobre un dragón de siete cabezas, y una multitud arrodillándose ante ella.
La gran ramera por Antoon Claeissens (s. XVI).

Creo que ya hemos mostrado lo suficiente como para afirmar que nada de esto parece funcionar. No obstante, nos falta discutir algo importante, lo que el Dr. Pujol nos dice casi al final de su introducción.

Soy consciente de que esta investigación de literatura comparada no deja indiferente. Remueve la conciencia personal con efectos muy diversos. Puede inducir a una revisión de los conocimientos tradicionales, puede traducir sentimientos, puede provocar rechazo o asentimiento ya que consideramos que, si los primeros pasos del cristianismo se hacen sin Jesús, ni Pablo, ni Pedro, deberíamos buscarlos teniendo en cuenta que, al igual de lo que se hizo con Serapis, se crea una nueva divinidad –Jesús– para un nuevo orden político, la pax romana (Pujol Boix 2023, 26).

Hay propuestas circulando por ahí que proponen que, en el fondo, el cristianismo es producto de los flavianos (i.e., la teoría de la proveniencia flaviana), o que fue creado por Constantino, el emperador. En un blog ateo, he argumentado extensamente en cuanto al primer alegato; en otro, lo he refutado brevemente. Podrán ver gran parte de los argumentos en mi artículo sobre la proveniencia flaviana, pero me limitaré a señalar lo más sencillo:

  • El Apocalipsis de Juan explícitamente demoniza a Roma (“las siete colinas”), presentándola como una prostituta sentada sobre una bestia, ingiriendo la sangre de los santos (Apocalipsis 17.1-18). Esto contrasta con su opuesto. La mujer que desciende del cielo con todos los temas de la Iglesia como pueblo de Israel, “madre” del Mesías (Apocalipsis 12.1-5; viene del cielo: Daniel 7.13; mujer a punto de dar a luz: Isaías 26.17; Miqueas 4.9-13; sol, luna, doce estrellas: Génesis 37.9). En dicha literatura, se presenta al Cordero (i.e., Jesús el Mesías) como triunfante sobre las fuerzas de Babilonia (i.e., Roma). ¿Es esto lo que quiere promover la pax romana? (Collins 1979, 84-85, 88, 118-122; Metzger 1993, cap. 9) Esto sería un malísimo trabajo por parte de algún sacerdote de Serapis redactar algo así.
  • Si la implicación que se quiere hacer es que las cartas paulinas contribuyen a promover la pax romana, nada más lejos de la verdad. Como han señalado muchos expertos en Pablo desde la llamada “Nueva Perspectiva” (que ya no es tan nueva) y la posición que favorezco (“Pablo dentro del judaísmo”), se reconoce que cuando Pablo habla de “πίστις”, no está hablando propiamente de “fe” en nuestro sentido contemporáneo, sino de fidelidad, lealtad, confianza (de fides en latín). Está hablando de la salvación de los gentiles por la fidelidad o lealtad al dios hebreo, que se convierte en figura paternal por adopción, convierte a los fieles en hijos de Abraham y miembros de Israel al final de los tiempos (Romanos 9-11). Sin embargo, esto tiene un costo, y esto se puede ver claramente en 1 Corintios: se debe renunciar al culto de los dioses de la ciudad, los dioses de la familia, los cultos paganos en general, romper con el culto imperial, con el culto a los dioses Júpiter, Minerva y Juno, etc. Es más, hasta en una ocasión, Pablo regaña a miembros de la congregación por atender sus pleitos internos en tribunales paganos, participar en prostitución sagrada o en comidas sacrificadas a daimones o dioses (e.g., 1 Corintios 6.1-20; 10:14-22; Fredriksen 2017; Hodge 2007; Morgan 2015). Una vez más, si un sacerdote de Serapis creó las cartas de Pablo, hizo muy mal trabajo a la hora de promover la pax romana.
  • Finalmente, la pregunta que habría que hacerse es una en torno a cómo las élites religiosas dedicadas al dios Serapis verían una corriente religiosa como la judea. Fuera de los incidentes de revueltas, no tenemos indicio alguno de la opinión general (que yo sepa). Sin embargo, en la misma literatura egipcia (al menos una parte de ella), parece que hubo personas que posiblemente asociaron al dios Yahveh con el culto a un dios que tiene cuerpo de hombre, pero una cabeza de asno, bastante parecido a Set, la divinidad maligna enemiga de Osiris y Horus (Litwa 2021, 15-39). Si esta es la visión de al menos algunos escritores, dudo mucho que se prestaran para promover una secta judea que presentara a un dios positivamente.

[Nota aclaratoria: Como hecho, nadie sabe a ciencia cierta qué tipo de animal se utiliza para representar al dios Set. Pero, de los dioses egipcios, es el que más se parece a lo que muchos escritores de la antigüedad decían que se veneraba en el Templo de Jerusalén.]

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Conclusión

Sé que mucha gente se apasiona por el tema del Jesús histórico, el mitismo o figuras como Llogari Pujol y otros. Mucha gente del público en general ve muchas de estas teorías, resuena con ellas, las adopta apasionadamente casi como si fueran una segunda palabra de Dios. Cuando se les presentan los argumentos académicos, en algunos casos, ya tienen hechas sus opiniones desfavorables contra nosotros, especialmente aquellos que sí son expertos en ciencias bíblicas o historia del cristianismo.

Ahora bien, quiero destacar algo valioso de la obra de Pujol. Una de las cosas que raras veces se discute a nivel divulgativo es la relación cultural, artística y literaria que tiene Egipto con el Antiguo Israel, el territorio de Yehud y después toda el área de Galilea, Samaría y Judea. Asimismo, en muchas de las exposiciones al público, especialmente en lo que concierne al desarrollo legendario de Jesús como Mesías en los evangelios y otros textos, no se incluye el factor de Egipto en la discusión. En mi opinión, creo que Alejandría en particular tuvo mucha mayor importancia sobre el cristianismo de lo que usualmente muchos expertos y miembros del público suponen. Es una labor que nosotros, los divulgadores, tenemos que asumir para resaltar el verdadero legado de Egipto al judaísmo y el cristianismo.

Mi invitación a ustedes en cuanto a todo lo publicado no es que me crean a mí. Si quieren averiguar lo que el Dr. Pujol tiene que decir, siéntanse libres de hacerlo. Sin embargo, espero haber demostrado por qué, de parte de la academia, somos bastante escépticos de su propuesta. Esto no es un ataque personal al Dr. Pujol, sino un examen crítico de uno de sus libros.

Espero que este artículo largo les sirva como guía para futuras discusiones, y que la sección de “Referencias” complemente la información que buscan. Siéntanse libres de comentarlo (respetuosamente) y criticarlo constructivamente con argumentos y evidencia.

Que pasen un excelente día.

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Referencias

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Adler, Yonatan. 2025. Between Yahwism and Judaism: Judean Cult and Culture during the Early Hellenistic Period (332-175 BCE). Cambridge University Press.

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Allison, Dale. 1998. Jesus of Nazareth: Millenarian Prophet. Augsburg Fortress.

—. 2010. Constructing Jesus: Memory, Imagination, and History. Baker Academic. Google Books.

Ateoagnóstico. 2010. “Entrevistas a LLogari [sic] Pujol”. Soy Ateo. 8 de diciembre. https://www.ateoyagnostico.com/miscelanea/entrevistas/entrevistas-a-llogari-pujol/.

Barclay, John M. G. 1998. Jews in the Mediterranean Diaspora: From Alexander to Trajan (323 BCE–117 CE). T & T Clark.

Berthelot, Katell. 2021. Jews and Their Roman Rivals: Pagan Rome’s Challenge to Israel. Princeton University Press.

Bermejo Rubio, Fernando. 2006. “Historiografía, exégesis e ideología. La ficción contemporánea de las ‘tres búsquedas’ del Jesús histórico (y II)”. Revista Catalana de Teología 31, núm. 1: 53-114.

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