
Nota importante: Todas las citas son de Un curso de milagros, la tercera edición en inglés, copyright © 2007 por la Foundation for Inner Peace, dueña de los derechos de autor y editora, 448 Ignacio Blvd., #306, Novato, CA 94949, acim.org, se usan con su permiso. La traducción al español de estas citas en el blog fue hecha por mí, Pedro M. Rosario Barbosa, y no es la traducción oficial de la edición española de la Foundation for Inner Peace. [All quotes are from A Course in Miracles, Third English Edition, copyright © 2007 by the Foundation for Inner Peace, copyright holder and publisher, 448 Ignacio Blvd., #306, Novato, CA 94949, acim.org, used with permission. The Spanish translation included in the blog was done by the author, Pedro M. Rosario Barbosa, and is not the official Foundation for Inner Peace]. Para beneficio de los que tienen el libro del Circle of Atonement, en el caso del Texto, proveeré la numeración de esa versión del Curso. En el caso del Cuaderno, el Manual, la Clarificación y los suplementos, toda la numeración se basa en la versión del Foundation for Inner Peace, ya que las numeraciones de capítulos, párrafos y oraciones son prácticamente las mismas.
Índice de temas
- La advertencia de rigor
- La única realidad existente: El Cielo
- La diminuta idea loca: La aparente separación
- La Respuesta de Dios al sueño del Hijo
- Evaluación crítica de la metafísica del Curso
- Conclusiones de esta cuarta parte
- Referencias
La advertencia de rigor

Un Curso de Milagros (UCDM) es una obra que es, a mi juicio, una joya literaria angloparlante en sí misma. Hago ese juicio independientemente de si considero que el contenido sea verdadero o falso. Ahora bien, lo que debo advertir es que, como toda obra literaria, especialmente si usa la poesía como un medio para comunicar sus ideas, se emplea toda serie de recursos literarios: verso blanco en pentámetro yámbico, metáforas, prosopopeyas, analogías, oxímorones, ironías, símbolos, etc. Todos los estudiantes formados en el Curso saben que hay unas partes de la obra que deben tomarse literalmente y otras metafóricamente. La diferencia entre varias perspectivas radica en qué se debe tomar como literal y cuál es el contenido que no debe entenderse literalmente. No solo eso, sino que en el caso de este último, no hay acuerdo en cuanto a la interpretación de las palabras.
¿Por qué los estudiantes más serios de UCDM están en desacuerdo y no muy claros en estos asuntos? Pues, la respuesta es sencilla, porque el Curso mismo no es claro en cuanto a muchos de estos temas. Por lo tanto, lo que sigue va a ser mi mejor interpretación de lo que dice la obra de Schucman atribuida a Jesús.
El otro problema con el que mucha gente se encuentra tiene que ver con su lenguaje explícitamente judeocristiano. Emplea términos como “cielo”, “Cristo”, “Espíritu Santo”, “Expiación”, entre otros. Hay que mantener en mente que el significado de este vocabulario tiene un sentido radicalmente distinto a lo que el cristianismo lo entiende. De no tener esto en mente, esto llevaría a confusiones y malentendidos. Recordemos que el Curso se presenta a sí mismo como la enseñanza de Jesús de Nazaret, y que pretende corregir toda la carga teológica que ha contribuido a distorsionar el “mensaje original”. Nótese también que, durante la discusión, colocaré unas palabras en mayúsculas que normalmente serían en minúsculas. Esto no es algo trivial, sino que contribuye al sentido particular que el Curso le da a estas palabras.
La única realidad existente: El Cielo

En la segunda entrega de esta serie, discutimos la experiencia de Schucman en el metro, en la que tuvo una visión de luz que invadía el lugar. Esto refleja lo que para el Curso es el Cielo. Para ello, hace una hermosa analogía en la que nos imaginamos un arco de luz que forma un círculo perfecto, cuyos rayos se van extendiendo indefinidamente. En un momento dado, el arco del círculo se desvanece, lo que nos lleva a una imagen de perfecta unidad que se extiende para siempre infinitamente. El Curso compara este recuerdo con una dulce canción que nos trae a la mente el recuerdo de lo que es la realidad. Acto seguido nos dice que esta es “la visión del Hijo de Dios que conocemos bien” (ACIM T-21.I.7:5-9:3; ACIM-CA T-21.I.9:4-11:3).
Quería comenzar por esta imagen porque nos ayuda a conceptuar la noción del Cielo que tiene UCDM. Para el Curso, Dios es el Padre, fuente de todo lo que, en última instancia, es lo que existe. Su realidad se describe como espíritu, que se presenta en términos abstractos. Todo lo que existe comparte esta característica con el Padre. Él se extiende y crea lo que el curso llama Cristo, o el Hijo de Dios. Nos dice el Curso que nosotros somos ese Cristo (ACIM C-5.5:1-2). Por lo tanto, nuestra realidad es también espíritu. Según el Curso, este es nuestro verdadero Yo (Self con “S” mayúscula) y nuestra verdadera naturaleza. Esto significa que Jesús y Cristo no son lo mismo. Para el Curso, Jesús era un ser humano, igual que nosotros, que compartía la misma realidad que nosotros, pero que comprendió su realidad como Cristo y recordó al verdadero Dios (ACIM C-5.2:1-2; 5:1-2). Elaboraremos más sobre Jesús en nuestras próximas entregas, pero menciono esto de paso para hacer claro que Jesús no es lo mismo que Cristo. Jesús y todos nosotros somos Cristo, el Único Hijo de Dios. Otra forma para referirse al Hijo de Dios, al menos de manera que nos apele como colectivo, es “Hijos de Dios” o “Filialidad” (Sonship).
Otra aclaración significativa es que, en el Cielo, extensión y creación son sinónimos. Todo ser surge gracias a la creación o extensión de otro ser, y tiene como fundamento existencial último a Dios, el Padre.
Un concepto que introduce el Curso es el de Mente (con “M” mayúscula), que se define de la siguiente manera: “el agente activante … que le suple [al espíritu] la energía creadora” (C-1.1:1). Es decir, que la energía con la que el espíritu se extiende o crea proviene de la Mente. Esta también goza de voluntad, que está perfectamente unificada a la del Padre. Asimismo, la Mente del Hijo está unida a la Mente del Padre.
Un principio recurrente de UCDM es que el efecto es como su causa. Como es el Padre en naturaleza, así también es el Hijo. Así que, al igual que el Padre, Cristo, también se extiende a sí mismo y crea lo que el Curso llama “nuestras creaciones”, pero casi nunca dedica tiempo a explicar qué son y, cuando lo hace, dice muy poco (ACIM T-7.I.2:3,6; 3:1-2; ACIM-CA T-6.VIII.2:3,6; 3:1-2).
Otro principio recurrente del Curso es que “las ideas no abandonan su fuente” (ACIM T-26.VII.4:7; ACIM-CA T-26.VII.4:6). Si todo el Cielo opera bajo este principio, es imposible que nuestras creaciones nos abandonen, y que nosotros abandonemos a Dios. Somos una Idea (con “I” mayúscula) o Pensamiento (con “P” mayúscula) en la Mente de Dios, así como las creaciones nuestras son ideas de la Mente de Cristo (ACIM W-pII.6.1:1-5). Como pueden ver, en el Cielo existe una plena unicidad [oneness] tanto mental como de ideas, pensamiento y voluntad.
Otra palabra que el Curso utiliza para describir el Cielo es conocimiento (knowledge), ya que el verdadero conocimiento se encuentra en el Pensamiento en lo real. Y este conocimiento de la realidad significa estar consciente [aware] de aquello que es incambiable, cierto, puro e inteligible o entendible [understandable] (ACIM C-4.7:1). Enfatizo que conciencia en el sentido del inglés “awareness” es otra manera de designar el estado del Cielo (e.g., ACIM T-18.VI.1:5-6; ACIM-CA T-18.VI.1:5-6). Esto es distinto al término conciencia de “consciousness“, que implica una condición mental de este mundo.
El Cielo es el ámbito del amor, que une a todos los seres celestes en una verdadera unión en todos sus aspectos a Dios, la fuente de todo lo existente. Desde esta perspectiva, el amor es nuestra verdadera Identidad (ACIM T-6.I.13:2; ACIM-CA T-6.I.20:2). Para el Curso, Dios ama a Su Hijo, así como este ama a Su Padre.
Todo lo anterior es relevante porque está en relación con las ideas centrales de la obra que aparecen desde la introducción. Por ejemplo, la referencia a que el amor es nuestra herencia natural como Hijos de Dios, que lo abarca todo (en el Cielo), y lo que abarca todo no puede tener un opuesto. Por lo tanto, el Cielo no puede ser amenazado, porque nada irreal opuesto al Cielo puede existir.
La diminuta idea loca: La aparente separación

Nos dice el Curso que algo bien peculiar “sucedió” en un momento dado.
En la eternidad, donde todo es uno, se coló una diminuta idea loca, a la que el Hijo de Dios no recordó reírse. En su olvido, este pensamiento tomó la idea en serio y [creyó] que ambas cosas eran posibles: que se lograra y que tuviera efectos reales (ACIM T-27.VIII.6:2-3; ACIM-CA T-27.X.6:1-2).
En el Texto, se caracteriza este pensamiento de la siguiente manera, aunque también se refiere a la manera en que nos comportamos cotidianamente:
Primero, crees que lo que Dios ha creado puede ser cambiado por tu mente.
Segundo, crees que lo que es perfecto puede volverse imperfecto o carente.
Tercero, crees que puedes distorsionar las creaciones de Dios, incluyéndote.
Cuarto, crees que puedes crearte a ti mismo, y que estás a cargo de la dirección de tu propia creación (ACIM T-2.I.1:9-15; ACIM-CA T-2.II.7-10).
En las notas originales de Schucman se describe esto como “la causa de la caída” o la separación (ACIM-CA T-2.II.1:1). Así que, para todos los efectos, esta es la noción del Curso del “pecado original”. Se llama “pecado” porque la idea que se le ocurrió al Hijo fue que podía separarse del Padre y crear un mundo alternativo suyo. Para todos los efectos, Cristo se olvidó de que no era Dios, no era el Primer Creador y quería convertirse a sí mismo en un creador de un mundo distinto.
No obstante, metafóricamente hablando, el Curso habla de que el Hijo “se durmió”, o, en términos más precisos, entró mentalmente en un estado ilusorio, en el que parecía haberse separado. Aun así, nada en la realidad, es decir, en el Cielo, se alteró. La separación realmente nunca ocurrió (ACIM T-4.II.8:6-7; ACIM-CA T-4.IV.6:2-3). De aquí en adelante, el Curso no habla de creación, que es solamente un atributo de lo espiritual, sino de hacer o fabricar (make).
En dicha ilusión, el Hijo fabrica de sí mismo una nueva identidad que el Curso llama el ego. Ahora bien, en la inmensa mayoría de las veces, esta obra usa la prosopopeya como para hablar del “ego”; es decir, habla de él como una especie de entidad separada de nosotros con voluntad propia: como si el ego quiere o no quiere, engaña, nos mantiene atrapados, nos “tienta”, etc. Sin embargo,, como bien dice el Curso, realmente el ego es un falso yo (self, con “s” minúscula); es una identidad que hemos fabricado a raíz de la separación; es lo que creemos de nosotros mismos (ACIM T-4.VI.1; ACIM-CA T-4.VIII.6). En ese sentido, el ego es lo opuesto a nuestra Identidad como Cristo.
El universo que experimentamos, el que fabricamos como ego, es diametralmente opuesto al Cielo. Este es un mundo concreto, no abstracto; es uno cambiante, físico y de entidades separadas, lo que refleja el pensamiento de separación y oposición al Cielo. Es un mundo material, no espiritual. No es un mundo inteligible o entendible, sino perceptible. No es un mundo de conocimiento, sino de ignorancia de lo que verdaderamente existe. Este no es un mundo eterno, sino de tiempo. Y, finalmente, no es el mundo de una Mente unificada, sino de mentes (con “m” minúscula) separadas. Asimismo, hay en el mundo cualidades opuestas de lo bueno y lo malo, es decir, dualidad. Es en este universo que las cosas malas pueden ocurrir puramente por arbitrariedad, por accidentes, por mala voluntad de otras personas, etc. Eso no es posible en el Cielo, donde hay perfecta unicidad y prevalece la voluntad de Dios, el amor de Él a sus creaciones.
¿Por qué todo es lo opuesto al Cielo? Primero, nos dice el Curso que el mundo fue fabricado como un ataque a Dios y simboliza el miedo, no el amor (ACIM W-pII.3.2:1). Lo segundo que dice el Curso es que el ego fabrica, no mediante extensión, sino proyección. Debe entenderse aquí la “proyección” en términos casi freudianos: es decir, lo que está en nuestra mente se hace externo a nosotros. El universo se fabrica mediante la proyección de la idea de la separación en el ego. Por ende, todo lo que existe es lo opuesto al ámbito de la perfecta unicidad del Cielo.
En este proceso de proyección, hay una inversión de la causa y el efecto. Nosotros, con nuestra mente separada, hemos fabricado el mundo; pero aparecemos en este como si el mundo nos hubiera fabricado a nosotros. De esa manera, pensamos que estamos sujetos a los poderes causales del universo, cuando, según el Curso, eso no es así.
Sin embargo, para el Curso, persiste el principio: “Las ideas no abandonan su fuente”. Nosotros realmente no podemos desvincularnos de la autoría del mundo, ya que, como ego, somos la fuente de este. Nos parece que el mundo actúa con independencia de nosotros, pero no es verdad. Su persistencia depende de nuestra mente separada, de nuestra mente errada (wrong mind), que refuerza de miles de formas distintas el mismo “primer error”. Pero, según el Curso, el mundo desaparecerá cuando todos decidamos corregir el “primer error” en nuestra mente. La Corrección se dio percisamente en nuestra mente, que es la causa (ACIM T-26.VII.4:1-9; ACIM-CA T-26.VII.4:2-9). Y para el Curso, la Corrección ya está hecha; solo nos toca decidir a favor de ella.
La Respuesta de Dios al sueño del Hijo

Según Kenneth Wapnick, una vez Helen Schucman tuvo una visión. Ella veía una línea continua que mostraba una leve depresión. La línea representaba la situación de la eternidad, donde no hay principio ni final. Sin embargo, ese hundimiento es todo lo ocurrido en el tiempo y el espacio del sueño del Hijo (Wapnick 1990, 41).

En ese diminuto “hundimiento” se encuentran todos los 13.8 mil millones de años del universo, y todo lo que ocurrirá hasta el final del tiempo. El Curso habla de ello:
Dios brindó Su Maestro para sustituir el que fabricaste, no para confligir con él. Y lo que Él ha reemplazado ya ha sido reemplazado. El tiempo duró tan solo un instante en tu mente, sin efecto alguno sobre la eternidad. Y así también todo momento pasado, y todo exactamente como estaba antes de que se fabricara el camino a la nada. El diminuto lapso de tiempo en que se cometió el primer error, y todos los que se hicieron dentro de ese error, también tuvo su Corrección, y todos los que le acompañaron al primero. A lo que Dios respondió, ha sido respondido y ha desaparecido (ACIM T-26.V.3:1-7; ACIM T-26.V.3:1-7).
En otras palabras, como el Curso reitera en repetidas ocasiones, el sueño del Hijo no tuvo efecto alguno en la dinámica del Cielo. En la obra se nos dice que estamos en nuestro hogar con Dios soñando en un exilio (ACIM T-10.I.2:1; ACIM-CA T-10.I.6:3). Así que el error nunca ocurrió; esto es otra cosa en la que el Curso insistirá en la obra. No obstante ello, según el Curso, Dios se dio cuenta de que Cristo estaba soñando. No conoce el contenido del sueño, pero, para remediar el problema, crea el Espíritu Santo y este se establece en la mente del Hijo. De esta manera, él se convierte en la vía de Comunicación entre el Padre y el Hijo. De hecho, él puede hacer dos cosas para remediar el sueño del Hijo: el Espíritu Santo es parte de Dios como extensión de Él, así que goza de entendimiento o intelección, pero a la vez percibe los eventos del mundo para corregir el primer error (ACIM C-6.3).
Nótese algo bien importante en lo que dice el Curso: describe su versión del “pecado original”; en la mayoría de las veces no lo describe así. Más bien habla del “error original”. No habla de una violencia que realmente hayamos ejercido contra Dios. Todo es una ilusión. No hay separación. Estamos siempre junto a Dios. Desde la perspectiva del Curso, los errores se corrigen, no se castigan.
El otro aspecto que deseo resaltar es que el “primer error” toma muchas formas en nuestra vida cotidiana. Cada vez que decidimos por dinámicas de negación y proyección, de odio, enojo, culpa, miedo, etc., volvemos a cometer el error, pero de manera distinta. El Curso no nos dice que el “castigo” es la paga por ello. Más bien nos dice que hay unas lecciones que aprender. Y, como vimos en la entrega pasada, la introducción nos dice que nosotros no determinamos el “contenido de nuestro currículo”, sino cuándo tomarlo. Pues, este “contenido curricular” es un plan del Espíritu Santo que se conoce como el plan de la Expiación. La Expiación no debe entenderse como una paga sacrificial para eximirnos de un pecado. Aquí el Curso emplea el término de manera distinta, a saber, que la Expiación deshace el error en sus distintas formas. Cada vez que decidimos por el amor genuino, el perdón, la sanación, etc., entonces estamos aprendiendo nuestra lección “preparada” por el Espíritu Santo para nosotros, y así deshacemos todas las formas del error.
Todo esto significa que, aunque el universo fue fabricado como un ataque a Dios, en sí mismo no es algo malvado. Al contrario, el mundo, el cuerpo material en el que nos percibimos, todo lo que nos circunda también puede convertirse en instrumento de aprendizaje y amor si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo. Para el Curso, nosotros como ego podemos aprender (ACIM T-4.I.2; ACIM-CA T-4.II.7:1).
El instrumento principal del aprendizaje es el milagro. El milagro es definido como una expresión de amor que corrige un error particular. En este sentido, el milagro no es literalmente “sanar” enfermos prodigiosamente, o “levantar los muertos”, o demás manifestaciones de taumaturgia. Un Curso de Milagros es un curso de lo que indica la introducción: de remover los obstáculos de nuestra conciencia [awareness] de la presencia de Dios. Lo que ha hecho el curso es redefinir la palabra “milagro” de una manera radical.
Evaluación crítica de la metafísica del Curso

Resolución del problema de la teodicea
Para mí, todo este esquema metafísico es esencialmente la respuesta de Schucman al llamado problema de la teodicea. Si Dios es todopoderoso y, simultáneamente, un dios de amor, la pregunta es: ¿por qué hay mal en el mundo? Este problema desemboca en lo que se conoce como la paradoja de Epicuro, que formulamos sencillamente de la siguiente manera: Si Dios es bueno, pero no es todopoderoso, es impotente; y si es todopoderoso, pero no es bueno, entonces es malvado; si Dios ni es bueno ni todopoderoso, entonces es malvado e impotente; y si es bueno y todopoderoso, entonces ¿por qué existe el mal en el mundo? La solución de Schucman es lo que se conoce en filosofía como idealismo empírico: no hay nada perceptible que exista en sí mismo, sino que todo es ilusorio. ¿Por qué? Porque Dios no creó el mundo material. En una parte bastante dramática, el Curso nos dice: “Si este fuera el mundo real, Dios sería cruel” (ACIM T-13.in.3:1; ACIM-CA T-13.I.3:1).
La influencia de la Ciencia Cristiana

La explicación de este tipo de pensamiento no es difícil de concebir si tenemos en cuenta que Schucman tiene un trasfondo en la Ciencia Cristiana. Recordemos que, cuando joven, su mamá impactó su formación al asociarse a movimientos como ese. De acuerdo con Mary Baker Eddy, Dios es todo lo que existe y, como tal, lo que es total (all) no puede tener opuesto. Por lo tanto, si Dios es bondad, la maldad no puede existir. Esto último suena mucho a lo que leímos de la introducción y es una idea metafísica medular del Curso. También caracterizaba la realidad como espíritu, que es lo opuesto a la materia. Por lo tanto, para la fundadora del movimiento, el mundo es ilusorio y no fue creado por Dios; no hay sustancia en la materia.
La noción de Hijo de Dios o Cristo, a pesar del lenguaje cristiano, tiene sus raíces también en la Ciencia Cristiana, ya que, según Eddy, la identidad genuina del ser humano es espiritual, y que solo en apariencia puede concebirse como separado de Dios. Al contrario, todo ser humano es un reflejo de lo que es Dios. Como creación divina, no podemos vivir separados de Él, de la misma manera que es imposible que un rayo del sol pueda vivir separado de su fuente. Asimismo, la noción de Cristo como una “idea” de la Mente de Dios también radica en la Ciencia Cristiana, así como la verdadera identidad de todos los seres humanos.
Igualmente, el pecado como tal es inexistente, por lo que la separación de Dios es imposible. La noción de Expiación (Atonement en inglés, pronunciado A-tone-ment) del Curso también parece tener asociaciones lingüísticas con la noción de “aunamiento” (atonement, pronunciado at-one-ment) en la Ciencia Cristiana. Para esta, el aunamiento es la unión con Dios vía la comprensión o la intelección de la totalidad divina (allness). También prefiere hablar de “error” en vez del “pecado”.
Al igual que Eddy, otra de las cosas que gustaba hacer a Schucman era hacer deducciones lógicas (esto lo vimos en la segunda parte de la serie). Y, de hecho, si miramos bien la metafísica del Curso, es uno que es muy coherente y lógicamente consistente. Una vez se adoptan unas premisas, por necesidad lógica, se deriva todo lo demás. Es más, a mi juicio, es mucho más consecuente metafísicamente que el cristianismo en general. También estoy convencido de que, desde un punto de vista ético, esta visión de Dios es mucho mejor que la que propone el judeocristianismo en general. Sin embargo, como veremos a continuación, eso no significa que la coherencia o consistencia lógica sea total. Hay áreas en que, sin duda, se permiten nociones que no caben lógicamente con tesis anteriores.
Uno de esos casos consiste en una pregunta que puede surgir naturalmente ante este tipo de metafísica, tanto en el caso de la Ciencia Cristiana como de UCDM: Si Dios es perfecto, Su Hijo también, y el estado del Cielo es inmutable, perfecto, etc., ¿cómo es posible que hubiera surgido la idea de separación? ¿Cómo es posible que llegara a surgir la ilusión del mundo material? La Ciencia Cristiana reconoce la interrogante como una “natural”: ¿cómo es posible que haya surgido el mal? Su respuesta fue que no se puede hablar de su origen, porque jamás existió. No hay tal opuesto de la inteligencia de Dios, sino una creencia en su existencia. Esencialmente, hablar del origen del mal es reafirmar su existencia (Eddy 1896, 346).
No es de sorprender que la respuesta del Curso sea bien similar. Es más, este da tres respuestas a esa pregunta, ninguna de ellas satisfactoria:
- La primera respuesta es básicamente la misma que la de Eddy. Cito:
Quien te pide definir el ego y explicar cómo surgió solamente puede provenir de alguien que piense que es real, y busca mediante una definición asegurarse de que su naturaleza ilusoria se esconda detrás de unas palabras que parecen hacerlo.
No hay definición de una mentira que sirva para hacerlo verdad (ACIM C-2.2:5-3:1).
En otras palabras, cuando nos preguntamos cómo surgió el ego, cómo tuvo lugar la separación, estamos implícitamente afirmando que algo realmente ocurrió. Esto contradice la premisa de que la separación nunca ocurrió y que el ego no existe.
- La segunda respuesta del Curso es que ninguna respuesta satisfactoria es posible, pero que nosotros estamos optando por reafirmar la separación constantemente en nuestra vida diaria al dejarnos guiar por el tiempo que, en sí mismo, es ilusorio. En un momento dado en que explica una parte interesantísima en torno al rol del tiempo en el mundo, el Curso se detiene y dice algo muy frustrante para cualquier lector:
No hay necesidad de aclarar lo que nadie en el mundo puede entender. Cuando la revelación de tu unicidad se te dé, será conocida y comprendida plenamente. Ahora tenemos que actuar, debido a que aquellos que están en el tiempo pueden hablar de cosas trascendentales y escuchar palabras que explican que lo que ha de suceder ya pasó. Sin embargo, ¿qué pueden transmitir las palabras a aquellos que todavía cuentan las horas, y se levantan y trabajan y van a dormir con base en ellas? (ACIM W-169.10).
- La tercera respuesta del Curso es el reconocimiento de que este no provee respuestas, y que solo una experiencia revelatoria puede ofrecer una contestación satisfactoria. Centrarnos en esta pregunta no pasa de ser una elucubración teológica que nos invita a priorizar la acción sobre el mero razonamiento intelectual.
El ego exigirá muchas contestaciones que este curso no puede brindar. No reconoce como preguntas la mera forma de una pregunta a la que una contestación es imposible. El ego podría preguntar: “¿Cómo ocurrió lo imposible?”, “¿A qué lo imposible sucedió?”, y puede preguntar esto de muchas maneras. Mas no hay contestación; solo una experiencia. Solo busca esta, y no permitas que la teología te retrase (ACIM C-in.4).
La influencia del psicoanálisis

La influencia de Freud sobre el Curso es innegable. Todos los estudiantes del Curso lo reconocen y, es más, lo aplauden. Invariablemente, admiten algunos puntos medulares del psicoanálisis freudiano —en ocasiones, también del jungiano— como correctos, pero rechazan otros como controversiales. Helen Schucman misma fue formada en la tradición psicoanalítica, y su aproximación a muchas de sus terapias fue fundamentalmente psicoanalítica. El mismo Kenneth Wapnick solía admitir en algunas de sus charlas que, sin Freud, no habría UCDM. Es menester mencionar que, actualmente (y aun desde su tiempo), se ha puesto en duda la legitimidad científica de la postura freudiana por parte de filósofos de las ciencias, antropólogos, psicólogos y académicos de otras disciplinas (e.g., Bunge 2002, 34, 68, 77, 121-125; Crews 2017; Cioffi 2013; Fuentes 2009; Grünbaum 1985; Loftus y Ketcham 1994; Shaw 2015; Shaw 2022, 45-46). Veremos que estas objeciones pueden tener un impacto al contrastar la evidencia científica con la manera en que el Curso describe la dinámica de negación y proyección de nuestra mente en este mundo. Haremos esa crítica en nuestros artículos subsiguientes.
Podemos ver en el Curso un lenguaje explícitamente psicoanalítico: ego, represión (el Curso usa el término “negación”), proyección, etc. En la obra hay implícitamente una teoría del inconsciente, pero distinta a la de Freud. Por ejemplo, UCDM nunca habla de un “id” y un “superego”. Sí habla del “ego”, pero no en el sentido freudiano de una “identidad” que modera las pasiones del “id” frente a un “superego” que interactúa con la sociedad. Más bien, se trata de una falsa identidad que adopta el Hijo de Dios como ente que puede separarse de su Creador, reprime o niega la culpa que eso implica y proyecta el mundo como resultado de ese pensamiento de lo reprimido. Como veremos en nuestra siguiente entrega, esta dinámica de negación y proyección involucra cada aspecto de nuestras relaciones entre humanos y también con el mundo en general.
A pesar de la aclaración, es importante mencionar que en la primera etapa de redacción del Curso, que son las notas de Helen Schucman, se apoyaba de manera clara, aunque diferente, en un tipo de estructura psicoanalítica parecida a la de Freud. Por ejemplo, tomen el siguiente pasaje tomado de las libretas de Schucman:
Los milagros vienen del nivel de conciencia inferior [below-conscious] (subconsciente). Las revelaciones provienen del nivel consciente superior [above-conscious] (superconsciente). El nivel consciente se encuentra entre ellos y reacciona a los impulsos subconscientes o lo superconsciente en proporciones [ratios] variables. Freud estaba en lo correcto en cuanto a su clasificación básica, pero equivocado en torno a sus nombres. Él también estaba en lo correcto en que el contenido de la conciencia es fugaz. La conciencia es el nivel en el que se interactúa [engage] en el mundo y es capaz de responder a ambos, a impulsos externos e internos. Al no tener impulsos de sí mismo y ser primordialmente el mecanismo para responder, puede estar muy equivocado (ACIM-CA T-1.28.2:1-7, mi traducción).
No es exactamente el modelo de Freud: id-ego-superego, sino que se refiere a lo subconsciente, que tiene simultáneamente una vertiente que impulsa hacia el mundo y otra hacia los milagros (ACIM-CA T-1.28.7:1); el lado consciente, que se relaciona con el mundo, y el nivel superconsciente, que es origen celeste.
Así que la inspiración psicoanalítica freudiana, que debemos recordar, es pensamiento moderno, no antiguo. Ciertamente, no de la época de Jesús. Debemos tener esto en mente a la hora de evaluar si Jesús es verdaderamente el autor de UCDM.
La asociación con cristianismos antiguos de demiurgia negativa
En la mente de Schucman, Dios no pudo haber creado el universo donde ocurre el mal; opta más o menos por una solución parecida a la de la Ciencia Cristiana y deseaba proveer las bases metafísicas para la práctica del Curso. Así que ella termina adoptando una posición curiosamente parecida a la de muchos cristianos del siglo II al V que se conoce como demiurgia negativa o demiurgia bíblica (Williams 1996, cap. 10).
Esto lo vio claramente Kenneth Wapnick, que, al conocer de lleno el tema del gnosticismo, escribió un libro extraordinario (a mi juicio), Love Does Not Condemn (El amor no condena), donde divulga las semejanzas y diferencias entre Platón, los platónicos medios, los neoplatónicos, Marción y los llamados “gnósticos” con UCDM. Me consta personalmente que, cuando se publicó, él había llevado varios años estudiando el tema profundamente y, con un alto sentido de responsabilidad, se instruyó con los mejores académicos a la altura de la década de 1980. Aun cuando considero algunas perspectivas allí actualmente obsoletas, recomiendo encarecidamente su lectura.
Lo que sigue no le llega a los talones al nivel de profundidad de la obra, pero sí quiero resaltar semejanzas entre UCDM con Platón y varias de las corrientes cristianas del siglo II, según la labor académica más reciente. ¡Ojo! No soy muy amigable con el concepto del “gnosticismo”, y pienso que términos como “gnósticos” se prestan más a la confusión que a la claridad (King 2003; Williams 1996). Por tal razón, prescindiré del término en lo que sigue, excepto para indicar que algunos grupos se autodenominaban “gnósticos”.
Trasfondo de la teología demiúrgica cristiana

Como muchos de ustedes sabrán, en la célebre obra Timeo, Platón nos habla de cómo un arquitecto divino (en griego demiurgós), por ser bueno (i.e., participaba de la supraforma del Bien-en-sí), forjó el mundo material, volviéndolo un cosmos orgánico. De esa manera hizo un cosmos perceptible semejante al ámbito inteligible de las formas. Para Platón, esta era la explicación de cómo los objetos del mundo natural participan de las formas en el ámbito de las ideas.
Es importante señalar que muchas ideas del Curso son platónicas: lo verdadero (existente) en frente a lo falso (impermanente) y sombrío. Que lo perceptible del mundo físico se distingue de lo inteligible e inmaterial. Es en el mundo de las formas que se encuentra el verdadero conocimiento, no en las sensaciones brutas del mundo, y así por el estilo. Muchos elementos del platonismo antiguo se han modificado y transmitido a través del cristianismo, la Ciencia Cristiana y algunos supuestos del psicoanálisis. Schucman parece haber leído a Platón y, sin duda, se inspiró en él. No es sorpresa que llegara a ideas semejantes a algunos de los cristianos primitivos antiguos, ya que estaban influenciados fuertemente por el platonismo medio, como veremos pronto.
Continuemos discutiendo el mundo antiguo. En la judeidad del siglo I e.c., aparece el movimiento de Jesús que, a medida que pasa el tiempo, se volvió un fenómeno de múltiples corrientes teológicas de un movimiento cristiano que se fue separando gradualmente del judaísmo. Dentro de esa variedad, especialmente en el siglo II, tenemos múltiples posiciones en torno a cómo entender al dios hebreo Yahveh. En el seno de dicho movimiento, empezaron a forjarse distintas corrientes de demiurgia negativa, es decir, que sostenían que Yahveh no era un dios perfectamente benévolo, sino, en el mejor de los casos, un dios relativamente ignorante pero justo, y en el peor, una divinidad malvada.
La influencia puede haber provenido de la judeidad. Según la heresiología del siglo II e.c., muchos de los llamados “gnósticos” (etiqueta “sombrilla” acuñada con el fin heresiológico de demonizar a ciertos oponentes) parecen haber tenido como “ancestros” intelectuales a pensadores con nombres judeos. Tales pensadores incluyen a Simón (el Mago), Dositeo, Cleobio y Menandro. Asimismo, sus textos fueron unas importantes reflexiones e interpretaciones de los relatos de la Torah judea, como el Génesis (Piñero 2016, 291-294).
Por otro lado, tenemos evidencia de que hubo influencias significativas de Egipto, específicamente de Alejandría, que pudieron haber contribuido a esta mentalidad novel en un movimiento de raíz judea. En el mismo Egipto circulaba un relato antijudeo que afirmaba que en el Templo de Jerusalén se adoraba a un dios con cabeza de mula o de asno y cuerpo de ser humano; esto se asemeja en muchos aspectos a lo que, en aquel momento, se parecía al dios egipcio del mal, Set (Litwa 2021, 15-39).

Marción de Sinope

El caso más notable de demiurgia negativa fue Marción de Sinope. Según él, hay que distinguir al verdadero Dios de Jesús y Pablo de un ser creador del cosmos que se presenta como el único Dios, es decir, Yahveh.
Para Marción, el creador (del universo) no puede ser el verdadero Dios, porque su distintivo no es la bondad, sino su ignorancia, las contradicciones, la impotencia, las decisiones arbitrarias y los juicios crueles. Para Marción, una divinidad debe ser buena, conocedora, poderosa y sus acciones deben ser consistentes con su palabra. Yahveh es todo lo opuesto. Por lo tanto, contrario a lo que se suele decir, Marción parece no haber sido diteísta. Nunca se refiere al creador como una divinidad menor, sino como algo diferente de lo que debe ser un dios.
Él nos da una idea de su pensamiento en sus Antítesis. He aquí una muestra:
El creador desató osas del matorral para devorar a niños pequeños y vengar a Eliseo el profeta por la burla que él sufrió de ellos [2 Reyes 2.23-25], pero el buen Señor [Jesús] dice: “Dejen que los niños pequeños se acerquen a mí, porque de ellos es el Reino del cielo” [Lucas 18.16], y él enseña que todo el que desee ser el mayor debe ser como los niños pequeños [Lucas 9.4-48].
Moisés dice en la Ley, “Ojo por ojo, diente por diente” [Deuteronomio 19.21, pero el Señor [Jesús], porque él es bueno, dice en el Evangelion, “Si alguien te abofetea en la mejilla, muéstrale la otra” [Lucas 6.29]. En la Ley dice, “vestimenta por vestimenta”, pero el buen Señor dice: “Si alguien toma tu vestido, dale también la túnica” (Lucas 6.29). Lo que uno ordenó en la Ley el amor al amigo y el odio al enemigo, cuando el Bueno nos invita a amar aun a los enemigos.
El creador les quita los alimentos y pronuncia a los animales impuros, los mismos animales que en otro lugar bendijo [Génesis 1.22,25].
El creador no sabía dónde estaba Adán, cuando decía: “¿Dónde estás?” [Génesis 3.9]. Y cuando Adán dice que se escondió por la vergüenza de su desnudez, el creador le preguntó si eso era porque había comido del árbol, como si hubiera tenido duda de ello. En contraste, Cristo conocía los pensamientos íntimos de los seres humanos [Lucas 6.8].
En vano, el creador falsamente juraba por sí mismo [Isaías 45.23]. ¿Qué más podemos imaginarlo haciendo, cuando él no conocía de la existencia de cualquier Dios, y, de hecho, estaba perjurando que no había otro Dios que no fuera él? (Litwa 2025a, 144-145, 147 mi traducción).
Para todos los efectos, las Antítesis serían casi el equivalente antiguo a El espejismo de Dios de Richard Dawkins o God: The Most Unpleasant Character in All Fiction (Dios: El personaje más desagradable de toda ficción) de Dan Barker.
Con todo, Marción nunca nos proveyó una teogonía ni cosmogonía que nos explique cómo llegó a existir el universo a partir del creador, y su relación con un Dios perfectamente bondadoso y espiritual. En ese sentido, dejó sin satisfacer una interrogante crucial en cuanto a la relación entre Dios, el creador, la humanidad y el universo.
Valentín y los valentinianos

Más adelante, nos encontramos con el Evangelio de la Verdad, probablemente (aunque no es seguro) compuesto por Valentín (Brakke 2010, 100; Layton y Brakke 2021, 309-310; Litwa 2022, 149; Piñero 2016, 529). Para efectos del argumento, supondré la autoría de Valentín de este hermoso texto. Los argumentos de David Brakke, Bentley Layton y M. David Litwa me convencen, pero hago constar que no todos los eruditos están de acuerdo con esta posición (ver Markschies 1992, 339-356; Smith 2020, 127-128; Watson 2025, 188-197; ver respuestas a sus planteamientos en Litwa 2025c, 85-97).
Valentín habla de una cierta “caída” de gracia y del vínculo del mundo material con este evento. Según el Evangelio de la Verdad, el Padre, como Intelecto, emite pensamientos a los que Valentín llamaba “eternidades” o eones, unas entidades análogas a las ideas platónicas que persisten en la mente de Dios. Estas eternidades junto al Padre constituyen lo que llamaba la plenitud (pléroma).
A pesar del estado de perfección, hubo una fisura en el estado de conocimiento, ya que algunas de las eternidades no sabían que habían sido emitidas por Dios y buscaban recordar su origen. Esto creó una bruma de angustia que luego se transformó en la materia primordial. Así, estas eternidades crearon una imagen del Padre y de ellas mismas, originando una entidad creadora a la que llamó Error, que forjó el universo según las formas de la mente de Dios. Posteriormente, estas eternidades se volvieron humanos habitantes de la Tierra, olvidándose de su realidad espiritual y perfecta. Más adelante, el divino Logos (Razón, Palabra) dio a conocer el Nombre de Dios a la humanidad y manifestó así el verdadero camino a la salvación.
Hay muchas de estas ideas que claramente se inspiran en el Evangelio de Juan, pero que tienen su propio giro. Por ejemplo, en dicho texto se habla del cielo o estado espiritual como la plenitud (Juan 1.16). Se presenta a Jesús como la encarnación del Logos o la Palabra divina, que, a su vez, tiene las características de la Sabiduría de Dios (sofía en griego), y que simultáneamente es el Nombre de Dios. El término “palabra” en arameo es “memrá“, que es un circunloquio para referirse al Nombre de Dios, YHVH o Yahveh. En un contexto posterior a la destrucción del Templo de Jerusalén, para un sector del cristianismo, Jesús se reconceptuó como el nuevo Tabernáculo donde habitaba el Nombre de Dios (Juan 1.1,14). Y ante la negativa de los judeos de aceptar la Palabra divina y confiar, Jesús manifestó la gloria del Nombre de Dios a los paganos (Juan 12.23-24). Hay más características en común con dicho evangelio, pero ya tienen una idea (para más, ver Watson 2025, 143-151).
Aun con todo, hay unas diferencias significativas. Por ejemplo, el Evangelio de Juan presenta una demiurgia positiva, esta vez por parte del Logos, mientras que Valentín habla de una demiurgia negativa del Error. Para Valentín, la creadora no era malvada, sino más bien ignorante e impartidora de justicia basada en dicha carencia de conocimiento.
Es menester aclarar que, aun con este relato, Valentín no sostenía una visión totalmente negativa del mundo material. En un hermoso “salmo” o poema llamado “La cosecha de verano”, citado por el autor de Refutaciones a todas las herejías, nos presenta cómo todo lo existente proviene de Dios como Fuente Última.
Veo que todo está suspendido en pneuma,
observo que todo es transportado por el pneuma:
la carne suspendida del alma [psyché],
el alma transportado por el aire,
el aire suspendido del éter,
y veo frutos que provienen del abismo,
y un niño que proviene de la matriz (Refutaciones 6.37.5, trad. Montserrat Torrents 1983, 159).
Véase que aquí la realidad pneumática (espiritual) es supracósmica y todo lo demás se suspende jerárquicamente: niño-pneuma-éter-aire-alma-carne-abismo (Litwa 2022, 138-139). Al final del poema, aparecen los extremos opuestos, el abismo y “el niño”. La mención de este probablemente se refiera a una visión que presuntamente tuvo Valentín del divino Logos como un recién nacido. Una vez más, esto puede aludir al Evangelio de Juan, que describe cómo la Palabra divina (el Logos) está en el regazo del Padre o reclinándose sobre su pecho, como si fuera un niño descansando en el regazo o sobre el pecho de su madre (Juan 1.18). Esta Palabra divina se encuentra por encima de toda la creación y provino de la matriz de Dios, el Padre. Nótese las cualidades maternas en la divinidad suprema (Litwa 2022, 139).
Otra cosa de Valentín nos recuerda mucho al pensamiento de Schucman. Cuando hablamos de la influencia del psicoanálisis sobre el Curso, vimos cómo, en las notas que redactó, hizo una distinción entre la superconciencia celeste, la subconciencia mundana y la conciencia que es influenciada por las dos. Esto evoca la antropología tripartita platónica que aparece en las cartas de Pablo: el ser humano es un ser que se compone de cuerpo (somá), alma (psyché) y pneuma divino. La parte concupiscible es la corporal, ya que se compone de una carne tocada por el pecado y la muerte. El pneuma era una sustancia divina, material y estelar pura que puede persistir en el cielo; y el alma, que sería la “conductora” o lo que probablemente corresponde a lo que Pablo llamaba “el hombre interior” (1 Tesalonicenses 5.23; 1 Corintios 15.32-58; 2 Corintios 4.16; Romanos 7.22; Engberg-Pedersen 2010; Piñero 2015, 129-137).
Asimismo, Pablo hablaba de varios tipos de personas, entre los que destacaba los psíquicos y los pneumáticos. Para él, todos actuamos según distintas proporciones de cuerpo, alma y pneuma.
Pero nosotros no hemos recibido el pneuma del mundo, sino el pneuma que viene de Dios, para conocer los dones que Dios nos ha otorgado graciosamente. Y hablamos de ellos no con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino por la enseñanza del pneuma [de Dios], expresando realidades pneumáticas a los pneumáticos. El ser humano que solo tiene alma [psyché, mente, es decir, el psíquico] no capta naturalmente las cosas del pneuma de Dios; son necedad para él y no las puede conocer, pues solo pueden ser juzgadas pneumáticamente. En cambio, el ser humano pneumático lo juzga todo; y a él nadie puede juzgarlo (1 Corintios 2.12-15).
Esta es una aparente denuncia velada a Apolo que, al ser un intelectual educado en Alejandría –un centro filosófico– parece caer en la categoría de humano “psíquico”. Mientras que Pablo lidera a los pneumáticos (véase el término griego “apollo” cuando este cita a Isaías en 1 Corintios 1.19; Hechos 18.25; Litwa 2024, 40-54). De esta manera, Pablo despoja veladamente a Apolo de su autoridad espiritual.
Algunos estudiantes de Valentín recogen esta distinción paulina y la elaboran de manera más platonizada (e.g., el pneuma se concibe en términos cuasi inmateriales y superiores a los astros etéreos, como ya vimos). En un texto valentiniano llamado Tratado tripartito, se describen el pneuma o espíritu, el alma y la materia como tres sustancias que nacieron de la caída de una eternidad particular. De este evento también surgió el arquitecto o demiurgo, quien creó el universo. Probablemente, para algunos valentinianos, los seres humanos se componen de estas tres sustancias. Se categoriza al ser humano dependiendo de la prevalencia de la sustancia: algunos son materiales, otros psíquicos y otros pneumáticos. Los estudiantes y seguidores de Valentín, como Ptolomeo, Teodoto y Herácleon, elaboraron cada uno relatos dispares sobre el origen de sustancias y la categorización de los seres humanos. También explicaron la manera en la que los distintos tipos de personas se salvarán o se disolverán con el mundo (Brakke 2010, 116-117; Layton y Brakke 2020, 331-458, 501-529; Litwa 2022, 155-159, 173-185; Piñero 2025, 229-235; Piñero, Montserrat Torrents y García Bazán 2018, I:129-213; II: 261-264).
En otras palabras, aunque Schucman parece no haber conocido las enseñanzas de Valentín o los valentinianos, podemos ver que comparte bastante con ellos, especialmente en cuanto a la “caída”, la “ignorancia de las eternidades” y la psicología platónica. Toda esta glorificación de la antropología platónica en la corriente valentiniana se complementa con otro aspecto crucial de Valentín y sus alumnos: que, al final del tiempo, todo el mundo se disolvería o desaparecería. No obstante, a diferencia de muchos estudiantes de Valentín, el Curso sostiene que todo el Hijo de Dios se “salvará” tras la desaparición del cosmos, mientras que los valentinianos sostenían que solo los pneumáticos gozarían de la vuelta a la plenitud y que el resto (en algunos casos exceptuando a los psíquicos) se disolvería con el mundo.
Los setianos: El Libro Secreto de Juan

Cuando típicamente se habla de los “gnósticos”, lo que se tiene en mente es el llamado “mito gnóstico”. Su forma paradigmática aparece en la obra El Libro Secreto de Juan (o El Apócrifo de Juan), descubierto en la Biblioteca de Nag Hammadi (Litwa 2025b; Piñero, Montserrat Torrents y García Bazán 2018, I:231-258). El autor o autores se identifican como descendientes de uno de los hijos de Adán y Eva llamado Set. Por lo tanto, usualmente a esta corriente cristiana se le conoce como “setianos” o, por razones que se explicarán más tarde, “barbeloítas”. Algunos especialistas, entre ellos Bentley Layton y David Brakke, sostienen que ellos eran los que se autodenominaban “gnósticos”, reservando así el nombre a ese grupo primitivo. Los demás grupos afines se verán como “reformadores” del pensamiento gnóstico (Brakke 2010, 29-51; Layton y Brakke 2020, xv-xvi).
El Libro Secreto de Juan hace una importante alegoría del Génesis, que comienza en el estado de la plenitud (pléroma), en el que a Dios se le caracteriza como un Intelecto que emite una variedad de pensamientos a los que la obra llama “eternidades”. Asimismo, se le describe como un ser puramente trascendental e incognoscible, el Espíritu Invisible o el Invisible Espíritu Virginal. La primera eternidad en aparecer y que se volvió en la consorte de este Dios se le llama Presciencia [Prónoia] o Barbeló. De ahí empiezan a surgir una serie de parejas de eternidades, con excepción de una en particular a la que el texto se refiere como al Autogenerado o Cristo. De esa manera, Dios, Barbeló y Cristo forman una tríada: Padre, Madre e Hijo. Del Espíritu Invisible también provienen cuatro grupos de tres parejas de luminarias. De entre esos grupos se encontraba Elelet, y que tenía una pareja cuyo principio femenino era Sabiduría (Sofía).

Según el relato, los eones se reproducen mediante parejas de principios masculinos y femeninos para mantener una armonía. No obstante, Sabiduría no quiso pensar con su consorte y en unión al Espíritu Invisible. El resultado fue el abandono de la plenitud y la producción de una criatura imperfecta, malvada y horrenda llamada Ialdabaoth, a la que se describe como una serpiente con cabeza de león. Este Ialdabaoth era Yahveh o el dios de la Biblia hebrea.
Como la fuente última de esta quimera se encontraba en la plenitud, tenía un recuerdo del orden de las eternidades celestes, y las empleó para crear el mundo material. A pesar de que el mundo material creado imitaba al celeste de manera imperfecta, el cosmos era decadente, corruptible e imperfecto. A pesar de ello, en su ignorancia, Ialdabaoth orgullosamente decía: “Yo soy un dios celoso. No hay otro dios aparte de mí”. También formó a unos gobernantes (arjontes) que guardaban el mundo y mantenían las almas divinas atrapadas en los cuerpos y el mundo físico.
Haciendo el cuento largo corto, ocurre una serie de sucesos dramáticos que reinterpretan el Génesis, y que terminan con semillas divinas siendo transmitidas vía la línea de Set, el hijo de Adán y Eva. Para los setianos, ellos serían los que se salvarían al final si recuerdan su naturaleza divina. Aquellos que recordaran su esencia espiritual y abrazaran este conocimiento especial, la gnosis, serían los que se liberarían del cuerpo y regresarían a la plenitud. Esta gnosis fue dada a conocer por Jesús (Barbeló encarnada) a sus seguidores, entre los que se destaca, en este caso, a Juan el Apóstol, el receptor de la revelación.
La demiurgia negativa cristiana y la metafísica de Un Curso de Milagros
Es fundamental establecer una crítica que haga una comparación entre los cristianismos de demiurgia negativa con UCDM. No sabemos a ciencia cierta por qué el cristianismo la desarrolló, especialmente cuando este era una rama de la judeidad del siglo I y que comenzó siendo un movimiento apocalíptico que le prestaba importancia a la observancia de la Torah (en el caso de los de ascendencia judea), mantenía la fidelidad a Yahveh (de parte de judeos y paganos conversos) y lo concebía como el principio de la luz y la perfecta bondad. Una posible explicación puede hallarse en la probable asociación entre el dios judeo y el dios Set como deidad de la maldad. Esto ya indica una procedencia egipcia helenizada de esa perspectiva, en particular de Alejandría, un centro significativo de intelectuales cristianos, algunos que sostenían una demiurgia negativa, tales como Valentín.
Otra fuente posible eran planteamientos que se estaban haciendo contra el dios hebreo a la luz del afianzamiento de la tendencia platónica de la creencia en un Dios Supremo perfectamente trascendente y bondadoso. Esto no fue algo que solamente se dio en la judeidad o el cristianismo, sino también en el paganismo. Con el tiempo, todas las tendencias religiosas se acercaron cada vez más a un megateísmo que evolucionaba al incrementar el grado de supremacía y bondad de ese Dios trascendente. Esto finalmente dio lugar a diversas formas de monoteísmo, como el judío, el cristiano y el musulmán. A la luz de esta vía platonizante que se estaba forjando rápidamente, se comenzaron a plantear problemas retantes para los judeos de la época, especialmente por las acciones de su dios, Yahveh.
Lo anterior se puede ver perfectamente en las Antítesis de Marción. No solamente se resalta la arbitrariedad irracional y malvada de las decisiones del “creador”, sino también su ignorancia y contradicciones. La interpretación de Valentín mostraba a Dios de la Biblia como una arquitecta más imperfecta, relativamente benévola y justa, pero también ignorante y errada, que le llevó a cometer ciertas maldades. Luego, los seguidores de Valentín, probablemente inspirados por las ideas sobre los dioses y la creación de Set, convertirían esta figura en el divino Logos o la Sabiduría (Sofía). En el caso de los setianos, el demiurgo (Ialdabaoth) sería una criatura de Sabiduría que, en su ignorancia, creería que era el único dios existente.
En todos los casos y en el de UCDM, la solución al problema de la bondad de Dios, la arbitrariedad de Yahveh y el mal en el mundo es la misma: el dios bíblico no puede ser el verdadero Dios. No tengo constancia de que Helen Schucman conociera el mundo del gnosticismo o los manuscritos de Nag Hammadi en esa época. Puede ser que, como muchos intelectuales judíos, fuera influenciada por filósofos como Hans Jonas, que habló de este tema en algunas de sus obras y conferencias. Sin embargo, no encuentro en su Autobiografía o en el libro de Wapnick Absence from Felicity registro alguno de que conociera el tema. Parece que tampoco hubo una discusión de ese asunto en las cartas de Schuchman a Thetford o a Wapnick. Así que es probable que la idea de un mundo fabricado a raíz de una separación fue la inferencia más racional a partir de la solución que escogió: la que le proveyeron su formación en el judaísmo, el catolicismo, mezclados con la Ciencia Cristiana y psicoanálisis freudiano.
Ahora bien, si hay semejanzas, existen también notables diferencias. Aunque los setianos y valentinianos sostuvieron una suerte de “caída” de la plenitud y el mundo material, que en cierto sentido era “falso”, no se debe entender esta falsedad como un “sueño”. Se trata más bien de “falsedad” en el sentido platónico: todo lo que es verdadero es permanente, eterno, inmutable, completo, etc. Mientras que lo falso es lo impermanente, corruptible, temporal, incompleto, entre otros atributos. Para los setianos y valentinianos, el mundo era más imperfecto, ilusorio (en el sentido de las apariencias, como las sombras), pero participaba del mismo cosmos (en el sentido amplio del término) que la plenitud. En el Curso, la separación es radical; un mundo no participa del otro. Para el Curso, la separación nunca ocurrió; pero para los setianos y valentinianos sí. Para el Curso, toda la Filialidad que está soñando se va a “salvar” al final del tiempo (aunque el término “salvación” debe tomarse con pinzas, porque realmente “no hay amenaza”); pero, para los setianos y valentinianos, solo aquellos que tienen el conocimiento correcto (la gnosis) son los que se salvarían.
En ese sentido, por lo menos a nivel metafísico, no debe equipararse por completo el Curso a los movimientos llamados “gnósticos” de la antigüedad.
Otras incoherencias metafísicas
El problema del Espíritu Santo

Hay un aspecto importante de la noción del Espíritu Santo en el Curso que, a mi juicio, se inspira en la idea occidental de la Trinidad basada en Agustín de Hipona. Para este padre de la Iglesia, el Espíritu Santo procede –desde toda la eternidad– del Padre y del Hijo, una postura que se conoce como Filioque, y que distingue al cristianismo occidental del oriental (Agustín, Tratado sobre la S. Trinidad, V.11.12). Más específicamente, este es el vínculo entre el Padre y el Hijo que se resulta de su eterno amor mutuo (Agustín, Tratado S. Trinidad, XV.17;19.37). Schucman, que conocía bien la doctrina católica, en el nuevo contexto del Curso, recoge esa idea y vuelve al Espíritu Santo en el vínculo de amor entre el Padre y el Hijo dada la dormición de este último.
El Espíritu Santo se ha vuelto un tema bastante contencioso entre los diversos grupos de UCDM. Esto es porque esta idea, tal como se muestra en el Curso, es bastante confusa debido a la metafísica que separa lo real de lo ilusorio, lo inmutable de lo que sí cambia y lo que pertenece a la eternidad de lo que es temporal. El Espíritu Santo, tal y como lo presenta el Curso es real, es creado por Dios, no fabricado; es una extensión de Dios, no una proyección de nuestra mente separada. Por lo tanto, este se supone que existe “más allá” del tiempo y el espacio. Por su naturaleza espiritual, no debería percibir, sino que solamente pueda conocer la realidad. Aun así, el Curso dice claramente que percibe e interactúa con la ilusión del Hijo. Es más, si el Cielo es inmutable, y el espíritu no está consciente [aware] del ego, tal como dice el Curso, ¿cómo Dios pudo responder a algo si no hubo cambio alguno en la realidad?
Por un lado, se encuentra la postura de Kenneth Wapnick. Durante la primera década y media de su enseñanza del Curso, él decía bien claramente que el Espíritu Santo era una extensión de Dios, puesta en la Mente del Hijo para “corregir” y “responder” al problema de su dormición (ACIM C-6.3). También entiende a esa entidad como algo que interactúa con nosotros en nuestra vida cotidiana cuando lo invocamos (e.g., Wapnick 1983, 51-52). Sin embargo, más tarde, cambió de parecer y se reconceptuó el Espíritu Santo como una memoria que el Hijo retuvo en su mente en el momento de la separación. Esto se debe a que el Padre no pudo responder a algo que nunca ocurrió. Por lo tanto, las instancias en las que el Curso describe al Espíritu Santo como creación del Padre o ente celeste deben entenderse como metafóricas o un modo de hablar poético o literario (e.g., Wapnick 1989, 457-459). El Curso describe continuamente al Espíritu Santo como la Voz de Dios, y en un pasaje, nos dice que, una vez cesa la ilusión, también termina “la Voz” (ACIM C-6.5:6,8). Es posible que otra influencia al cambio de parecer se deba a una alegada experiencia revelatoria que tuvo su esposa Gloria Wapnick y que relató en el libro Awaken from the Dream. Allí, narra un relato mítico en el que ella experimentó el Cielo, el momento de la separación y la formación de entidades entre las cuales “recordaban” la verdadera Fuente del Hijo, que es el Padre (Wapnick y Wapnick 2014, 3-18).
Por otro lado, están otros grupos, tales como el Circle of Atonement, que han manifestado y discutido sus muy serias diferencias en torno a este tema, ya que siguen literalmente lo que dice el Curso. Es más, en cuanto a estos pasajes donde se habla de la desaparición de la “Voz”, ellos señalan que se refiere a la forma en la que se manifiesta el Espíritu Santo, no a Él mismo. Cuando termine la forma del cuerpo al final del tiempo, no hará falta que el Espíritu Santo se comunique con nosotros mediante una “Voz”, sino que solamente adoptará su esencia informe espiritual. Dicen también que el Curso implica que esta entidad es real, pero que su existencia como Corrección y Comunicación con Dios adopta una forma ilusoria, y que esta ilusión interactúa con nuestro ego para responder a nuestra forma del error (Perry, Mackie y Watson 2003, 28-29, 76-77, 107-126).
De mi parte, no me toca decidir cuál tiene razón; no tengo vela en ese entierro. Sin embargo, estoy convencido de que el grupo del Circle of Atonement está interpretando correctamente lo que dice el Curso y representa mejor el mensaje de Schucman (aunque se lo atribuye a Jesús).
Aun con todo, si el Espíritu Santo es real, la pregunta es la siguiente: El Curso dice que el Espíritu Santo se extiende en la Mente de Cristo. Recordemos que “extensión” y “creación” son sinónimos. ¿Significa eso que el Espíritu Santo tiene creaciones en nuestra mente? ¿Y esos, a su vez, otras creaciones? ¿El Hijo tiene infinitas criaturas en la Mente? El Curso no nos responde, pero, si somos consecuentes con lo que nos ha dicho sobre la naturaleza del espíritu …
Estas confusiones y discusiones surgen por este tipo de incoherencias inherentes a estos aspectos de la metafísica del Curso.
Entidades que el Curso no explica bien: Los ángeles

Aunque parezca increíble, el Curso habla de los ángeles. Hay pasajes como los siguientes (solo presentaré un puñado):
La infancia de la salvación es cuidadosamente guardada por el amor, conservada de cualquier pensamiento que podría atacarla, y silenciosamente se prepara para cumplir con la poderosa tarea que se te ha sido dada. Tu propósito recién nacido es cuidado [nursed] por ángeles, abrigado por el Espíritu Santo y protegido por Dios Mismo (ACIM T-19.IV.C.9:3-4; ACIM-CA T-19.IV.C10:3-4, mi énfasis).
Alrededor de ti, los ángeles flotan amorosamente, para alejarte de todos los pensamientos oscurecidos de pecado y mantener la luz donde haya entrado (ACIM T-26.IX.7:1; ACIM-CA T-26.IX.6:3, mi énfasis).
Esto es lo que contemplan los ojos del cuerpo en uno que el Cielo valora [cherishes], los ángeles aman y Dios ha creado perfecto (ACIM W-161.9:1, mi énfasis).
El Nombre de Dios no puede ser escuchado sin respuesta, ni puede decirse sin un eco en la mente que te invita a recordar. Di Su Nombre, e invitas a los ángeles que rodeen el suelo donde estás de pie y a cantarte mientras extienden las alas para mantenerte seguro, y te protegen de cada pensamiento mundano que se cuele en tu santidad (ACIM W.183.2, mi énfasis).
Es evidente que hablar de “alas” puede ser metafórico. Pero no es claro el estatus de “realidad” de estos ángeles. ¿Es una manera metafórica de describir la protección de Dios a través del Espíritu Santo? El Wapnick inicial los describe como extensión del Pensamiento de Dios para protegernos (Wapnick 1982, 18). El Circle of Atonement los ve como unos espíritus o unas “extensiones protectoras”, tal vez procedentes del Espíritu Santo (vean el pódcast donde hablaron del tema). El Wapnick posterior los contempla también como extensiones del Pensamiento de Dios, que nos rodean constantemente, “porque en verdad nunca lo hemos abandonado” (Wapnick 2006). Esto ya toma la forma de los “ángeles” como símbolos de la “protección” de Dios en el Cielo. Sin embargo, esto contrasta con el lenguaje de protección usado por UCDM para referirse a sucesos de nuestra mente errada, algo que no tiene sentido en el Cielo.
Y si fueran “extensiones” de Dios, es decir, creación de Dios, habría que hacerse las preguntas que hemos planteado en torno al Espíritu Santo al final de la sección anterior.
Una vez más, estas ambigüedades del Curso permiten tomar cursos de acción para hacer la metafísica más o menos coherente, pero el asunto no es del todo claro.
Conclusiones de esta cuarta parte

Como se puede ver, todo el pensamiento del curso es uno contemporáneo, no antiguo. No puede establecerse un vínculo entre esta metafísica y la de un judeo profeta apocalíptico del siglo I, que nunca conoció a Agustín de Hipona, ni a la Ciencia Cristiana, ni a Sigmund Freud. Es más, aun si uno se viera tentado a decir que los movimientos como el setianismo y el valentinianismo representan el “mensaje original” de Jesús (ya que se parece mucho al Curso), hay que aconsejar la suma cautela. La demiurgia negativa emerge en el siglo II de nuestra era, no en el siglo I. Este movimiento es demasiado tardío para atribuírselo a Jesús. Como veremos eventualmente, el perfil de Jesús que nos presentan los especialistas a nivel histórico no se parece en nada a lo que acabamos de presentar.
Ahora bien, esto nos lleva a otras preguntas: ¿Cuál es la pertinencia de esta visión metafísica en el mundo práctico cotidiano? ¿Cuáles son las implicaciones del Curso para la vida diaria de un seguidor? Y, más relevante para nosotros, ¿qué rol juega Jesús en todo esto?
De eso se tratará en nuestras próximas entregas.
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