
Nota importante: Todas las citas son de Un curso de milagros, la tercera edición en inglés, copyright © 2007 por la Foundation for Inner Peace, dueña de los derechos de autor y editora, 448 Ignacio Blvd., #306, Novato, CA 94949, acim.org, se usan con su permiso. La traducción al español de estas citas en el blog fue hecha por mí, Pedro M. Rosario Barbosa, y no es la traducción oficial de la edición española de la Foundation for Inner Peace. [All quotes are from A Course in Miracles, Third English Edition, copyright © 2007 by the Foundation for Inner Peace, copyright holder and publisher, 448 Ignacio Blvd., #306, Novato, CA 94949, acim.org, used with permission. The Spanish translation included in the blog was done by the author, Pedro M. Rosario Barbosa, and is not the official Foundation for Inner Peace’s published Spanish translation.]
Índice de temas
El comienzo de fenómenos “extraordinarios”
Comienzos

Como indicamos en el artículo anterior de la serie, tras una serie de tensiones, Helen Schucman y Bill Thetford tuvieron una reunión en junio de 1965, donde el último enfatizó que tenía que existir “una mejor manera [there must be a better way]” de tratar estos asuntos que debían atenderse en su departamento universitario. Para sorpresa de él, Helen concurrió. Esto es expresado en Un curso de milagros (UCDM) que alude a este incidente cuando dice (recuerdo que esta es mi traducción):
La aceptación de la Expiación por todos es solo cuestión de tiempo. Esto parecerá contradecir el libre albedrío por la inevitabilidad de la decisión final, pero esto no es así. Puedes temporizar, y tú eres capaz de una enorme postergación, pero no puedes desviarte completamente de tu Creador [Dios], Quien estableció los límites de tu capacidad para malcrear [miscreate]. La tolerancia al dolor puede ser grande, pero no es ilimitada. Eventualmente, todos empiezan a reconocer, aunque sea sutilmente, que tiene que existir un mejor camino [there must be a better way]. A medida que este reconocimiento se vuelve más firmemente establecido, se vuelve un punto de inflexión. Al final, esto vuelve a despertar la visión espiritual, simultáneamente debilitando la inversión en la vista física… El resultado es tan cierto como Dios (ACIM T-2.III.3; ver también expresiones semejantes en ACIM-CIP T-2.VI.7-8).
Nos dice Schucman en su autobiografía:
A ninguno de los dos nos fue muy bien, aunque ambos lo intentamos. Tampoco puedo realmente decir que fuimos totalmente exitosos [con la propuesta de Thetford]. Aun así, lo que sí puedo decir es que tampoco fracasamos completamente. Muchas cosas sorprendentes nos pasaron desde entonces. A un nivel fáctico, las cosas comenzaron a cambiar gradualmente en el departamento. Bill particularmente lo trabajó afanosamente con los problemas departamentales, determinado a cambiar las hostilidades en nuevas amistades. Esto tomó un considerable esfuerzo de su parte, pero eventualmente tuvo éxito. Disminuyeron las tensiones y se cayeron los antagonismos. La gente equivocada se fue, aunque en términos amigables, y los correctos se unieron casi inmediatamente. Se abrió para mí una posición segura e interesante. Aun cuando nuestros esfuerzos fueron inconsistentes y a menudo desganados [half hearted], hay pocas dudas de que mostraron resultados. El departamento funcionó bien, era relajado y eficiente… [Aun así] tuvimos una dificultad más grande con nuestra relación. Intentamos ser caritativos y entendernos mutuamente, ya que habíamos comenzado un nuevo acercamiento que tenía que extendernos a nosotros mismos. (Schucman 2019, 25, mi traducción).
Desde esa reunión, Schucman alegaba tener una serie de experiencias inusuales. Recordemos que ella no era conscientemente alguien que quisiera verse como una vidente o alguien con dotes espirituales o místicas. Muy al contrario, le tenía una fobia mental a ese tipo de cosas. Aun así, ella reportaba que sus imágenes se avivaban. Durante la mayor parte de su vida, ella vio las imágenes en su mente como retratos en blanco y negro. Gradualmente, estas comenzaron a aparecer en movimiento y a color. Lo mismo ocurrió con sus sueños (Schucman 2019, 28). Ese fue el inicio de una cadena de sucesos que, según ella, ninguno de los dos previó.
Secuencias de sueños

En su autobiografía, ella narra una serie de sueños que tenían que ver con la manera en que Schucman se veía a ella misma, además de sugerir una larga cadena de vidas pasadas donde hubo relaciones de distintos tipos con Thetford. En esta secuencia, al final, ella se vio de pie en un cuarto de lo que parecía el piso superior de una iglesia. Thetford se encontraba sentado feliz tocando el coro de “Aleluya” de Handel en un órgano. Y al frente se encontraba un altar sencillo de madera en el que se encontraban dos palabras, una encima de la otra. Una de ellas era “Elohim”, el término hebreo para Dios, y “Evoe”, que era un grito que solían hacer las bacantes cuando celebraban el rito del dios Baco. Después, un rayo entró haciendo desaparecer el segundo nombre, dejando solo el de Elohim. En ese momento, apareció una figura de detrás del altar, alguien que ella reconoció como Jesús. Ella se arrodilló ante él, y Thetford hizo lo mismo desde el otro lado.
Como pueden ver, varias de las secuencias hacían claramente alusión al judaísmo y también a Jesús. No voy a entrar en todos ellos, porque haría esta entrada del blog demasiado larga. Sin embargo, lo que sí es posible es narrar algunos de los sucesos más importantes en relación con sus sueños.
En una de las secuencias, ella se encontró con un barco atascado en una playa e intentó sacarlo del lugar hacia el agua. Se dio cuenta de que no podía hacerlo sola, ya que el ancla estaba incrustada en un fango. En un momento dado, se dio cuenta de que, en el barco, había algo que ella describió como un “equipo para enviar y recibir” y esperaba que funcionara. De repente, apareció un hombre que le ayudó a sacar el ancla y los dos lo abordaron hacia el mar. Durante varias ocasiones del viaje, mientras el barco tenía problemas, el hombre le calmaba y tomó el mando de la embarcación. En una ocasión, ella preguntó por el “equipo de enviar y recibir”, y él le indicó que ella todavía no estaba lista para usarlo. Eventualmente, llegaron a “aguas tranquilas” y ella notó que el hombre tenía un collar con un símbolo dorado colgando de su cuello. Ella dijo: “Yo tengo uno como eso”, y él le dijo sonriendo: “Lo sé, y es tuyo también”. En un momento dado, ella supo que el hombre del sueño era Jesús. Cuando ella preguntó por el símbolo que vio en sueños, se dio cuenta de que era la letra resh judía (ר) y su inversa, que tomaba la figura reminiscente al tipo artístico de las tablas de la Ley dadas a Moisés.

En la misma secuencia, ella vio el bote convertirse en un carro que guiaba en la carretera. Ella quería virar a mano derecha, pero no podía debido al nivel de tráfico que había y un carro que se lo impedía. Sin embargo, ella determinó que lo haría cuando el otro carro lo hiciera, algo que efectivamente funcionó.
En la próxima parte de la secuencia, se encontró en el barco sola, todavía reteniendo el que había virado a mano derecha. Sin embargo, el pequeño barco estaba pasando por un canal con una brisa que hacía que este avanzara. El canal estaba lleno de árboles viejos y flores, y ella se preguntó: “Me pregunto si hay algún tipo de tesoro enterrado por aquí”. Entonces, ella notó una barra con un garfio al final, y lo sumergió en el agua, capturando un cofre. Ella se entusiasmó mucho, pero se desilusionó cuando lo abrió, porque todo lo que había era un gran libro negro. Es más, ni era libro, sino unas páginas unidas por una carpeta de tesis. En el lomo de la carpeta decía “Aesculapius” (Esculapio). Tras buscar información al respecto, supo que era el nombre del dios griego de la sanación. Más adelante, vio el libro con la misma carpeta, pero esta vez rodeado de perlas.
Según Kenneth Wapnick, Schucman le narró otro sueño para este tiempo (que, por alguna razón extraña, ella no incluyó en su Autobiografía). De acuerdo con el alegato, ella había visto una cigüeña sujetando una bolsa. Cuando ella lo vio, se preguntaba qué de especial había con ello. Una voz interior le dijo: “Mira lo que transporta la cigüeña”, y al inspeccionar en su interior, encontró otra vez el libro negro, pero, en esta ocasión, con una cruz dorada en la portada (Wapnick 1999, 101). ¿Puede ser que no lo incluyó en su Autobiografía porque la situación se veía absurda o porque su mente añadió ese recuerdo? No podemos saber con plena seguridad.

Experiencias “psíquicas”
Otros asuntos relacionados con estas nuevas experiencias tenían que ver con lo que aparentaban ser “psíquicas” y sin explicación racional alguna. Aquí solamente mencionaré algunas para fines de nuestra discusión.
En su Autobiografía, Schucman narra que un día, en un momento dado, le dijo a Thetford: “¡Bill, rápido! Tu amigo Joe, de Chicago, está pensando en suicidarse. Necesitamos enviarle un mensaje inmediatamente.” Los dos se sentaron juntos, y ella comenzó a enviarle un mensaje diciendo: “La opción es la vida, no la muerte”. Según ella, cuando se comunicaron con Joe, les dijo eventualmente que estaba pensando en quitarse la vida, pero que algo ocurrió que le hizo cambiar de parecer (Schucman 2019, 37; Wapnick 1999, 106-107).
Quisiera añadir un comentario relevante ante este suceso. De acuerdo a la versión de Shucman (la que Wapnick sigue), el amigo de Thetford aparentemente cambió de parecer debido a la oración de ambos psicólogos. Sin embargo, según Thetford recuerda el asunto, todo lo que Shucman le reportó fue que su amigo estaba pensando en suicidarse. Él llamó a su amigo, corroboró que era correcto; pero añade que fue en una conversación que tuvo con ellos dos que este desistió de la idea (FIP 1987, 19:36-19:49).
Otras ocasiones parecía que las experiencias intentaban transmitirle alguna lección a Schucman. Por ejemplo, en un momento dado, la universidad quería enviar a Schucman y Thetford a la Clínica Mayo para estudiar sus procedimientos de evaluación. La noche antes del viaje, ella vio con lujo de detalles y de manera prístina una iglesia que ella describió por escrito y le mostró su nota a Thetford. Al comienzo pensaba que se trataba de una iglesia católica, pero luego pensó que era luterana. Ella tenía la impresión de que, durante su viaje, ella vería el templo en cuestión, pero eso nunca ocurrió. No había iglesia alguna con las descripciones de ella. A pesar de haber paseado en vano buscando el edificio, desistieron y regresaron al hotel. Finalmente, Thetford encontró la foto de la iglesia que buscaba Schucman, y le dijo: “Helen, ¡aquí está tu iglesia!”. El retrato lo encontraron en el libro guía de la Clínica … la iglesia era un edificio que fue destruido para erigir esa facilidad sanitaria (Schucman 2019, 37-38).
Antes de tomar el vuelo para regresar a Nueva York, cuando se toparon en el aeropuerto con una joven llamada Charlotte. Ella había huido de su casa e iba a Nueva York. Nunca había tomado un avión y tenía mucho miedo. Aunque muy cansados, nuestros psicólogos académicos ofrecieron ayudarla con gestos para calmarla y palabras de aliento; la acompañaron en el avión. Cuando llegaron, le preguntaron si sabía dónde se iba a quedar. Ella les informó que todo lo que ella tenía que hacer era buscar una iglesia, era luterana y ciertamente le alojarían por un tiempo en lo que buscaba un lugar estable. Y Schucman escuchó su voz interior: “Y esta es verdaderamente mi iglesia”. La ayudaron durante su estancia en un hotel, cuidando en todo momento que estuviera bien, hasta que finalmente decidió regresar a casa (Schucman 2019, 38).
Observaciones sobre el significado de estas experiencias
Es claro que bastante de estos temas se relacionan con el mensaje de UCDM, pero de aquí lanzamos algunas preguntas. Cuando presentemos los planteamientos, recuerden que no he presentado todas las secuencias ni todos los relatos que conocemos vía su autobiografía o por los testimonios de Bill Thetford o Ken Wapnick. Para conocer más de ello, recuerden consultar con su Autobiografía provista por la Foundation for Inner Peace (aquí la versión en español) y el libro de Wapnick, Absence from Felicity (ver “Referencias”).
Hay muchos indicios de que estos recuerdos de Schucman sean tan fidedignos como ella los reporta. Cuando especulamos sobre esto, hay que tener en mente que solo tenemos los informes de ella y ocasionalmente los de testigos más cercanos; no hay más. No obstante, como indicamos en la entrada anterior de esta serie, hemos encontrado casos en los que su memoria parece sufrir cambios que la llevaron a falsos recuerdos o a añadir detalles no reportados antes. Los estudiosos del fenómeno de la memoria han señalado en numerosas ocasiones que muchos de estos cambios se dan inconscientemente, sea por errores cognitivos, por razones de presión social, falsas asociaciones, entre otras. Quiero dejar claro que no le atribuyo malicia a Schucman. Sin embargo, vemos aquí algunas instancias de ello, lo que nos invita a tomar con cautela lo que nos narra Schucman desde sus perspectivas.
Comencemos por el hecho de que ella creció en una familia judía y conocía, aunque fuera superficialmente, su religión y pasado. Esto me ha llevado a cuestionar la alusión a letras o palabras del hebreo como “información que antes ella no conocía”, pero cuyo significado “supo después”. Por ejemplo, el caso de la letra resh o el significado de la palabra Elohim. Lo otro es que Jesús tiene, incuestionablemente, un rol protagónico como una entidad idealizada por Schucman (y esta afirmación la abonaré más cuando investiguemos más en esta serie), y, a mi juicio, responde a que el cristianismo tuvo un rol fundamental en su formación espiritual y religiosa. El hecho de que ella fuera formalmente atea y escéptica, y reportara a otros cierto bochorno público por este tipo de experiencias, no cambia esa realidad. Ken Wapnick reporta que cuando Thetford, por las experiencias de Schucman, incursionó en material relacionado con el psíquico Edgar Cayce, ella quiso mantenerse lo más alejada del tema, ya que le producía ansiedad. Cuando se trataba la cuestión de la reencarnación, ella protestaba y se oponía a tomarlo en serio (Schucman 2019, 33). Sin embargo, nos dice Wapnick:
Otra vez, vemos a una Helen totalmente distinta en sus cartas a Bill que datan de este periodo. Las cartas, sin la influencia de preocupaciones literarias o sociales posteriores que afectaron su relato de estas experiencias, muestran claramente su fe en la reencarnación (Wapnick 1999, 104, mi traducción; ver también pág. 122).
La “decisión irrevocable”

Tras todas las series de sueños, que ella describe como uno en que tomó “una decisión irrevocable” (Autobiography 37). Ella se vio a sí misma entrando a una caverna que estaba cerca de un mar. Allí, encontró un rollo que ella empezó a abrir. Se sorprendió cuando, al comenzar a desenrollarlo, vio las palabras “God Is” (Dios es). Mientras continuó desenrollándolo, empezaron a aparecer letras a ambos lados del texto. Una vez más, escuchó una voz que le decía: “Si lees [el texto que] está a la izquierda, verás todo lo que pasó en el pasado. Si lees lo que está a la derecha, verás todo lo que ocurrirá en el futuro”. Tras pensarlo un poco, dijo: “No me interesa leer el pasado o el futuro; solamente me quedaré con esto”, queriendo decir el texto del medio: “God Is“. La voz le dijo: “Lo lograste esta vez. Gracias”.

Es curioso que después, cuando Helen Schucman y Ken Wapnick visitaron Israel, ella pudo visitar Qumrán e identificó una de las cavernas como aquella que había visto en su visión. Como ustedes sabrán, en ese lugar se descubrieron los célebres Rollos del mar Muerto.
Llama la atención que este sueño adelanta unas ideas que también expresa UCDM, como la expresión “Dios es” como algo que se encuentra entre el pasado y el futuro. Desde la perspectiva del Curso, el tiempo se fabricó con la función de que perdurara la culpa por lo hecho, mientras que el futuro representa el miedo a lo que ha de venir. Sin embargo, el Espíritu Santo invita a que se viva lo que el Curso llama “el instante santo”, que es un momento en que Dios es recordado como algo presente. En un momento dado, dice el Curso:
Oneness is simply the idea God is. And in His Being, He encompasses all things. No mind holds anything but Him. We say “God is”, and then we cease to speak, for in that knowledge words are meaningless (ACIM W-169; ACIM-CA W-169.5.1-4).
La unicidad es simplemente la idea de que Dios es. Y en Su Ser, Él lo abarca todo. Ninguna mente contiene nada sino Él. Decimos “Dios es”, y cesamos de hablar, porque en ese conocimiento las palabras carecen de significado.
Comienza el proceso de redacción

Aunque el proceso de eventos y sueños inusuales no concluyó en ese momento, estableció las bases para lo que, según Schucman, sucedería posteriormente. Un día, ella se levantó inquieta con una “Voz” que le decía en su mente: “Esto es un curso de milagros. Anota. Es un curso obligatorio …” Ella llamó a Thetford alterada, y este la convenció de que se calmara, que anotara lo que la “Voz” le dijera y que eventualmente averiguarían de qué se trataba.
Así que ella comenzó a redactar lo que actualmente es la “Introducción” a UCDM:
This is a course in miracles. It is a required course. Only the time you take it is voluntary. Free will does not mean that you can establish the curriculum. It means only that you can elect what you want to take at a given time. The course does not aim at teaching the meaning of love, for that is beyond what can be taught. It does aim, however, at removing the blocks to the awareness of love’s presence, which is your natural inheritance. The opposite of love is fear, but what is all-encompassing can have no opposite.
This course can therefore be summed up very simply in this way:
Nothing real can be threatened.
Nothing unreal exists.
Herein lies the peace of God.
Esto es un curso de milagros. Es un curso obligatorio. Solo el tiempo al que dediques a tomarlo es voluntario. El libre albedrío no significa que puedas establecer el currículo. Solo significa que tú puedes escoger lo que quieres tomar en un tiempo dado. El curso no aspira a enseñar el significado del amor, ya que eso excede lo que se puede enseñar. Sin embargo, sí aspira a remover los obstáculos a la conciencia [awareness] de la presencia del amor, que es tu herencia natural. Lo opuesto al amor es el miedo, pero lo que abarca todo no puede tener opuesto.
Por lo tanto, este curso puede resumirse muy sencillamente de esta manera:
Nada real puede ser amenazado.
Nada irreal existe.
Aquí radica la paz de Dios (ACIM-T.in.1-2; ACIM-CA In.1-2).
Aquí vale hacer una pausa para hacer unas observaciones. La introducción íntegra de UCDM suele llamar más la atención de los lectores que muchas partes del texto. Debemos resaltarlo porque la parte de “es un curso obligatorio” se toma por mucha gente como un indicio de que, “para la salvación”, se requiere tomar el Curso. Desde que dejé el Curso para acá, siempre me ha parecido sospechoso que la Foundation for Inner Peace mantuviera esa parte. No obstante, para ser justo con la fundación, voy a decir lo siguiente:
- En primer lugar, cuando el Curso dice “es un curso obligatorio”, se estaba refiriendo, en aquel entonces, a Schucman y Thetford. Para todos los efectos, esta era la respuesta al planteamiento de este sobre “buscar una nueva vía” para resolver los conflictos entre ambos. Cuando a Kenneth Wapnick se le preguntaba sobre esta oración de la introducción, siempre hacía esa aclaración.
- Como veremos en futuros artículos de esta serie, para el Curso, el currículo de cada persona ya está “escrito” (metafóricamente hablando) por el Espíritu Santo. Esto no significa que UCDM sea para todo el mundo, sino que, aun fuera del Curso, las personas de cualquier religión o ninguna pueden seleccionar cuándo aprender sus respectivas lecciones. De hecho, Kenneth Wapnick, Judith Skutch y otros han dejado claro que UCDM no es para todo el mundo.
Aun con todo, mi crítica radica en que, sin la debida nota aclaratoria, al leer esa oración, muchos lectores entenderían otra cosa.
Otra cosa que hace falta señalar es el carácter “universitario” o “académico” de la introducción. Shucman se consideraba educadora y tenía una aproximación académica a estos temas.
Además, es de notar la innegable influencia de la Biblia sincretizada con aspectos de la ciencia cristiana que explicamos en la entrada anterior de esta serie. Por ejemplo, el pasaje bíblico al que alude la introducción es el siguiente:
Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él… No hay temor en el amor, sino que el amor pleno expulsa el temor, porque el temor conlleva castigo, y el que teme no ha llegado a la perfección del amor (1 Juan 3.16b, 18, trad. Piñero 2022).
Este evento fue el comienzo de un proceso de anotar lo que la “Voz” le dictaba a Schucman. Sin embargo, como se desprende de sus libretas, el proceso inicial fue bastante caótico. Vean el texto que sigue, que se desprende de una imagen que aparece en Absence from Felicity (Me disculpo porque, por limitaciones tecnológicas, no puedo colocar las notas taquigráficas que omitiré).
You will see miracles through your hands through me.
AM – (1) The first thing to know about miracles. No order of diffic. among them // One is not “harder” or “bigger” than another //. 7 all – same //
((a course in miracles, please take notes))
(2) Miracles do not matter // They are quite unimportant(3) . occur naturally as an expression of love // – [tachado] real miracles > the love — inspires .// sense, everything — from love > a miracle.
a) check back — C This explains a lack of order. All expressions of love are maximal.
b) check back — The only thing [borroso] that matters // – only (Wapnick 1999, 197).
Como pueden ver, este “dictado” no fue nada fluido. Durante la etapa inicial, hubo muchas solicitudes de “la Voz” de que volviera al principio anterior para complementar la idea o corregir algo que se había copiado mal. Aunque los partidarios del Curso quieren ver en esto una etapa inicial en la que el proceso de “canalización” del mensaje era bastante torpe por “la mente de Schucman”, yo veo aquí un esfuerzo suyo por articular lo que tiene en mente de una forma pedagógica y “universitaria”.
Eventualmente, ella domina por completo el proceso hasta que, en los últimos capítulos, no solamente todo fluye como debe, sino que es todo escrito por pentámetro yámbico (el usado por Shakespeare), que convierte al texto enunciado en uno dulcemente musical. Los últimos capítulos del Texto del UCDM son particularmente hermosos desde un punto de vista literario. No obstante, por lo anterior, los primeros cuatro a cinco capítulos son arduos de leer precisamente por esto que acabo de explicar. Y no es casualidad que estos fueran los capítulos más editados de todo el Curso.
Una vez Schucman anotaba lo que le decía la “Voz”, ella se lo dictaba a Thetford, quien lo copiaba a maquinilla. Este fue el origen del llamado “Urtext” del Curso y del que hablé en la primera parte de esta serie. Según Thetford, ella frecuentemente tenía problemas con el texto. Frecuentemente balbuceaba, tosía, se inquietaba, afirmaba que lo que decía no tenía sentido, etc. El pobre Thetford tenía que calmarla para que prosiguiera el proceso de redacción.
Más adelante, en el proceso editorial, se uniría Kenneth Wapnick, quien ayudó a Schucman para revisar el texto, y después Judith Skutch haría posible la publicación. Todo esto ya está explicado en la primera parte de esta serie.
En las siguientes entradas, ya nos centraremos en el mensaje de UCDM.
Por cierto, existe un documental que se puede ver en YouTube sobre todo este relato. Se los dejo aquí para referencia.
Referencias
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Piñero, Antonio, ed. 2022. Los libros del Nuevo Testamento: Traducción y comentarios. 3ra. ed. Editorial Trotta.
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