Mi cambio de convicciones católicas a religiosa naturalistas

Imagen mía al lado de un crucifijo a oscuras. Mi rostro muestra angustia interna.
Imagen creada con IA (Canva)
  1. Mi desconversión
  2. Mi serie de postales
    1. Postal del 14 de octubre de 2014
    2. Postal del 21 de octubre de 2014
      1. Un naturalismo moderado y una naturaleza espiritual
      2. Sobre Dios y la profecía
      3. Una fe evidencial
    3. Postal del 11 de noviembre de 2014

Mi desconversión

Desde hace algún tiempo, ciertas amistades y algunas personas me han preguntado en relación con mi desconversión.

Esto lo he compartido hace años, en un blog que ya no existe. Sin embargo, sí he recuperado la información para compartirla con ustedes. Ahora bien, quiero hacer la debida aclaración de que el proceso no involucró ningún tipo de escándalo. Mi abandono de la Iglesia Católica no tiene nada que ver con que me haya ocurrido algo relacionado con los escándalos mejor conocidos en torno a la Iglesia. Tampoco tiene que ver con un cierto “odio” que le tenga a la institución. Al contrario, quiero que conste para récord, que le tengo mucho afecto a la Iglesia, y que la mayoría de mis mejores momentos están todos relacionados con ella. Una de las personas que me crió y me brindó todo el amor del mundo precisamente nutrió mi vida espiritual con oraciones, creencias, rezos y vida comunitaria. Asimismo, muchos de mis mejores amigos, con quienes salía y hablaba desde lo espiritual, me permitieron compartir muchas de las mejores experiencias que he tenido. Además, durante toda mi vida, aun dentro del ateísmo, siempre he estado inclinado a la vida religiosa. De hecho, como saben, soy un religioso naturalista de orientación humanista, con el unitarismo universalista como lugar de práctica religiosa (vean también la página de la Asociación Humanista Unitaria Universalista.

A la izquierda, el logo de la religiosidad naturalista. A mano derecha, el "humano feliz" azul y el símbolo del unitarismo universalista.
A la izquierda, el símbolo de la religiosidad naturalista. A mano derecha, el “humano feliz” azul y el símbolo del unitarismo universalista.

Advierto que esta descripción es notablemente aburrida. Mi proceso fue intelectual y espiritual. No fue por ningún “trauma” católico, no fue porque fui maltratado por la Iglesia. Esto no quiere decir que nunca tuve problemas, pero no puedo decir que hayan sido por esos “choques”.

Lo que sí puedo decir es que tomar filosofía fue un factor crucial en mi desconversión, muy especialmente por mi problema de fundamentar epistemológicamente las verdades reveladas. Como verán más abajo, en mi mente persistía la distinción fundamental de dos ámbitos, uno de verdades de razón (o, como diría Hume, relaciones de ideas) y otro de verdades de hecho (o materias de hechos). El conocimiento de la fe, por su naturaleza, puede estar de acuerdo con la razón, pero no se fundamenta en última instancia en ella; las presuntas verdades de fe necesitan ser reveladas por Dios. Por otro lado, todo lo que constituye materia de hechos necesita contrastarse a posteriori (es decir, mediante la experiencia). El problema era que tanto Dios como su acto revelatorio se formulaban teológicamente de manera que se volvían incontrastables. Como diría Kant, “estaban más allá de toda experiencia posible”. Por más que le “busqué la vuelta” a este problema, y en cuanto más leía literatura sobre la teología de revelación (según el catolicismo), se me hizo imposible llegar a un punto satisfactorio al respecto.

Hasta cierto punto, las ciencias bíblicas contribuyeron en todo este proceso, aunque no fueron exactamente el factor decisivo. Por supuesto, me surgían disonancias cognitivas cada vez que me tocaba leer la segunda lectura en misa, y tenía que leer “Segunda Carta del Apóstol San Pablo a Timoteo”, mientras que algo gritaba detrás de mi mente: “¡¡¡¡San Pablo no escribió 2 Timoteo!!!!”. El estudio del Jesús histórico, cuyo conocimiento en aquel entonces era más rudimentario que hoy, me hizo preguntar varias veces si realmente Jesús era humano y se comportaba como humano, y todo lo demás fue un proceso de divinización, ¿no es posible que no fuera nada más que un humano? Pero, a fin de cuentas, a veces me venía un dicho de Leonardo Boff que calmaba mi inquietud, que decía: “¡Solo así de humano puede serlo el mismo Dios!”

Más adelante, mis estudios sobre la comprensión evolucionista del cerebro y los de filosofía de la mente me llevaron a una crisis de fe. Esto se debió a que claramente aquello que supuestamente era distintivo de lo “racional” humano (que, según el catolicismo, era de origen espiritual) parecía ser de origen puramente biológico. Lo “espiritual” parecía emerger de los procesos materiales, cerebrales. Esto no era una cosa menor. Esto iba en contra de la dogmática católica.

Otra cosa que paulatinamente me llevó a crisis fueron mis reflexiones sobre la estructura eclesial como algo realmente querido por Jesús y los discípulos. Mientras más lo estudiaba desde un punto de vista sociológico, me parecía una institución intrínsecamente autoritaria. Los casos contra Leonardo Boff, Hans Küng, Iván Illich, Edward Schillebeckx, la determinación de no ordenar mujeres, la marginación de los homosexuales, etc., me llevaron a cuestionar de fondo la institución del papado y del dogma de la infalibilidad papal.

Luego, me acuerdo de que estaba en la Parroquia Cristo Rey en misa sentado, reflexionando muchas de estas cosas. Escuché la homilía del sacerdote y, después, nos tocaba recitar el Credo. Me acuerdo de que cuando lo hice, le presté atención a cada afirmación. Al final, con tristeza y sorpresa, me dije: “No creo nada de lo que acabo de decir”. Me senté, y consciente de mi realidad interna, me negué a levantarme para recibir algo que yo hubiera dicho “Jesús sacramentado”, pero que ahora veía puramente como una hostia de pan.

Justo hasta ese momento, yo era profundamente católico: rezaba el rosario casi todos los días (a veces los 20 misterios corridos), asistía a las vigilias con el Santísimo, iba a misa casi todos los días, me confesaba regularmente, entre otras prácticas. Ahora, ¿qué hacer? Y mucho más adelante, me uní a una iglesia unitaria universalista.

¿Y cuáles son mis convicciones religiosas y espirituales desde aquel entonces?

Lo que sigue es una versión algo modificada y mejorada de lo que dije tiempo después de mi desconversión en mi antiguo blog. Perdonen la pobreza de mi escritura, pero así escribía hace algún tiempo. Las negrillas son actuales, no las de aquel entonces. Las imágenes de abajo no estaban en las postales originales.

Mi serie de postales

Postal del 14 de octubre de 2014

Los últimos meses han sido un período muy difícil para mí, especialmente en lo que respecta a los aspectos religiosos y espirituales de mi vida. Como muchos de ustedes saben, hace unos meses dejé el catolicismo romano y he adoptado una especie de visión naturalista religiosa. Mi cambio de opinión es el resultado principalmente de una autocrítica y autoevaluación de mis propias creencias en general que constantemente hago de vez en cuando.

Muchos de mis amigos se sorprendieron mucho. Algunos se alegraron, otros se entristecieron y aun otros ni se enteraron. Sin embargo, pronto descubrí en Facebook que no importaba cuántas veces explicara las razones de mi cambio de opinión; algunas personas seguían adivinando “otras” razones para ello.

Permítanme aclarar las cosas. No dejé el catolicismo por los recientes escándalos que todos conocemos, ni por su oscuro pasado. La Iglesia está compuesta por humanos, y cualquier otra religión con las mismas complejidades sociales probablemente haría lo mismo. Cualquier grupo al que no se le requiera responsabilidad (y la Iglesia ha gozado de ese estatus por siglos) sería igual de abusivo. Solo puedo decir que, al menos, la Iglesia ha sido mayormente amable conmigo durante toda mi vida, especialmente en mi vida intelectual y mi mejor obrar según el evangelio. Eso no significa que no haya tenido episodios desafortunados, pero la mayor parte de mi experiencia con ella ha sido para mejor. Esta declaración mía no pretende disminuir las horrendas experiencias de otras personas con la Iglesia, pero al menos quiero aclarar las mías.

Dejé de creer en la Iglesia por algo muy simple: dejé de creer en sus doctrinas y dogmas fundamentales. Hubo múltiples razones para ello, pero aquí están algunas:

  • Uno de los factores tenía que ver con mi investigación filosófica sobre la relación entre el cerebro y la mente. Una vez que comprendí los fundamentos de los procesos cerebrales debido a nuestro proceso evolutivo, gradualmente vi cómo una vida mental y la conciencia son en gran parte el resultado de la interacción modular en el cerebro, especialmente a través del intercambio continuo de información (el cerebro como un órgano de computación). La mente es real, pero no es sustancial ni separable del cuerpo y las funciones cerebrales. Es como intentar separar el software que corre en tu computadora del propio computador. De hecho, la mente y el ego (el “yo” de nuestra conciencia) son propiedades emergentes de los procesos cerebrales. Esto va en contra de lo que enseña la Iglesia sobre el alma, que es la forma esencial de un cuerpo y que, en ciertos casos, puede existir por sí misma (por acción divina) sin depender del cuerpo físico. Desde el punto de vista de la neurobiología y la filosofía de la mente, la separabilidad del alma y el cuerpo no tiene sentido. El alma es el resultado de los procesos del cuerpo; sin él, el alma se extingue. Creo que la lectura de “An Unfortunate Dualist” de Raymond M. Smullyan fue una poderosa influencia cuando llegué a esta conclusión.
  • Tenemos otra dificultad: incluso si postulamos, junto con Tomás de Aquino, un alma subsistente racional-espiritual con las almas animales. El problema es que, desde un punto de vista evolutivo, el alma racional con todas sus propiedades esenciales (memoria, entendimiento y voluntad) no son más que facultades mentales desarrolladas que hemos heredado de nuestros ancestros no humanos. Cualquiera puede encontrar estas facultades en diversos grados en otros animales no humanos. Desde esta perspectiva, la distinción entre ambos tipos de almas (alma animal y alma racional) no tiene ningún sentido. El alma racional se deriva del alma animal (usando la terminología de Tomás de Aquino).

[Un punto de aclaración en cuanto a los dos puntos previos — Aunque estudié algo de la teología tomista, no comprendía muchos de estos conceptos a cabalidad. De hecho, para Tomás de Aquino y la Iglesia actual, que el alma fuera la forma sustancial del cuerpo significa que el alma y el cuerpo son inseparables. Para Aquino, existe el alma vegetativa (la que tienen los vegetales), la sensitiva (la que tienen los animales) y el alma intelectiva (la que tenemos los seres humanos). El alma vegetativa y la sensitiva son plenamente dependientes de lo material. No obstante, el alma intelectiva es de origen espiritual, pero se otorga cuando el feto humano adquiere los atributos físicos necesarios para la vida. (Posteriormente, la Iglesia cambiará esta doctrina para afirmar que el ser humano ya lo es desde el momento de la concepción). Debido a que el alma racional (el humano) no depende de lo material, sino que su naturaleza es otra, puede subsistir sin necesitar el cuerpo humano, aunque su estado natural sea en un cuerpo humano. Mis objeciones todavía se sostienen, aun si fuéramos a interpretar al Aquinate correctamente. El intelecto no es otra cosa que un fenómeno emergente del cuerpo, y hacia eso apunta la neurobiología].

  • Desde hace mucho tiempo he rechazado el dogma de la infalibilidad del papa (que nunca fue un dogma antes del siglo XIX, y no todos lo creían, especialmente durante los primeros siglos del cristianismo). Tampoco creía que Jesús estableciera un papado como lo conocemos hoy, y en muchos sentidos, el papado se había convertido institucionalmente en lo opuesto al mensaje del Evangelio. Lo siento, pero Mt. 16 o el final del Evangelio de Juan no sirven para proporcionar las bases para el papado en absoluto (al menos con el tipo de poder terrenal que tuvo en la Edad Media hasta hoy). Parece más que el papado es solo el resultado de los accidentes de la historia, especialmente después del colapso del Imperio Romano en Occidente y la competencia de los reinos occidentales con el Imperio Romano de Oriente, y la rivalidad occidental contra los poderes musulmanes. Mucha gente diría que estoy siendo “simplista”, y en cierto modo es cierto. El problema es que no puedo explicar la larga historia aquí; eso sería otro tema para otra publicación… ¿o quizás un libro? El dogma de la infalibilidad del papado afirma que el Papa puede declarar una doctrina moral o religiosa como verdadera ex cathedra. Considero este acto una gran muestra de arrogancia institucional, sobre todo como una reacción al modernismo del siglo XIX.
  • Tuve un problema muy serio con la noción de Dios en el cristianismo a la luz de lo que el economista puertorriqueño Francisco Catalá Oliveras ha llamado: “el síndrome de Funes”. He hablado de ello antes. Es el prejuicio implícito que muchos de nosotros tenemos de que la perfección en el mundo es posible, y que tal perfección sería funcional. Lo contrastaría con lo que llamo el principio de Catalá: En este mundo, la perfección es imposible, y si lo fuera, sería disfuncional. Si esto es cierto, entonces eso significa que las cosas y las actividades funcionan en este mundo precisamente debido a su imperfección. Si esto es cierto en el caso de todo el Cosmos, ¿no plantearía la alegación de la perfección de Dios una pregunta? Si existe un Dios sobrenatural y creó el mundo, Él sería tan imperfecto como todos nosotros. Si Dios interactúa con nosotros, es porque Él es imperfecto. Y eso significaría que Su “plan” para el Cosmos también es imperfecto y siempre cambiante. Esto es incompatible con las nociones tradicionales de Dios, incluida la católica.
  • Si Dios es imperfecto e interactúa con el mundo, Dios debe ser un Ser en proceso, lo cual fue la visión formalizada por el filósofo A. N. Whitehead, y posteriormente desarrollada por la Teología del Proceso de John Cobb. Este tipo de filosofía y teología subraya la relacionalidad metafísica sobre la sustancia. Tengo mis críticas contra algunas cosas sostenidas por la filosofía y la teología del proceso, pero creo que la mayor parte de ellas es sólida y coherente con el comportamiento y la creatividad reales del universo.
  • Las opiniones de Daniel Dennett sobre el libre albedrío también tuvieron un impacto profundo en mi pensamiento filosófico (lean su libro Freedom Evolves). Aunque en muchos aspectos todavía estoy un poco insatisfecho con la solución de Dennett de que el libre albedrío pueda coexistir con el determinismo, creo que la mayoría de sus puntos hacen que tal visión sea plausible. También creo que es valioso su argumento de rechazar un principio inmaterial no causalmente vinculado al mundo como solución al libre albedrío frente al determinismo.
  • El problema de la teodicea. Encontré muchas respuestas muy ingeniosas y maravillosas a este problema, pero, al final, todas me dejaron insatisfecho. Tengo que decir que he leído mucha literatura al respecto, siendo el libro más conmovedor intelectual y espiritualmente el de Marilyn McCord Adams, Horrendous Evils and the Goodness of God, y el de Gloria Schaab, The Creative Suffering of the Triune God. Aun así, por brillantes que sean sus exposiciones, a algún nivel todavía había un problema con nuestra comprensión actual de la bondad de Dios y su omnipotencia.
  • El problema del pecado original era otro dolor de cabeza, especialmente desde un punto de vista evolutivo. La visión de una humanidad sin pecado y sin malicia que cometió un error y que luego el error mismo se hereda, así como sus efectos a todos nosotros, es simplemente implausible. No hace falta decir que el mecanismo de esta herencia no tiene sentido dentro de la visión tradicional de la relación cuerpo y alma: a través de nuestros genes heredamos todo lo que nos hace buenos y malos, y nos hace morir, pero el pecado original es espiritual (¿?). Una explicación naturalista de la muerte y el nacimiento tiene mucho más sentido que la doctrina tradicional del pecado original. La comprensión de la naturaleza pecaminosa de la humanidad puede explicarse muy bien como una continuación de la violencia y la destrucción experimentadas y llevadas a cabo por nuestros antepasados. Además, entiende la muerte, el sufrimiento y la destrucción como necesarios para que la vida y la inteligencia surjan y prosperen. Es a la muerte y al sufrimiento a lo que todos estamos aquí, y podemos celebrarlos… e incluso darles la bienvenida, y luego transformarlos en bendiciones de alegría y vida.
  • Finalmente, al final del día, el marco tradicional cristiano de la salvación no tiene sentido. Cualquiera que sea la entrega amorosa de Dios para la salvación de las almas como una expresión de Su amor, podría haberlo hecho mucho mejor que sacrificar a Su propio Hijo. No es que no haya aprendido nada de este marco, ni que no haya ricas y hermosas formas de verlo. Pero, en última instancia, ¿por qué matar a Su Hijo cuando un Dios Todopoderoso puede hacer mucho mejor y aun así expresar Su Amor?

Ahora, algunos católicos argumentarán que no estudié lo suficiente. A ellos les digo: desde que era pequeño, he estado bien informado tanto de la historia como de la teología católica. Otros argumentarán que esto es lo que sucede cuando adoptas una postura teológica progresista. Sin embargo, eso aún no responde ni contesta a ninguna de las preguntas anteriores. Otros me dirán que no tuve suficiente fe. Bueno, a menos que me muestres cómo se mide la fe en alguien, creo que tal afirmación es especulativa.

Ahora, quiero decir que todavía leo mucha teología, y cada día aprendo algo nuevo de lo que esta tiene para ofrecer, especialmente cuando está escrita por pensadores muy conocedores y asombrosos. Pero cuando miro la Biblia, la leo principalmente desde la literatura, desde los trozos de sabiduría que tiene, y así por el estilo, pero ya no la considero como una base para mi fe. Todavía la leo todos los días de mi vida, pero con nuevos ojos y marcos filosóficos y teológicos. Asimismo, también leo el Corán y otros textos sagrados para aprender de ellos.

En cierto sentido, todavía siento a la Iglesia Católica como mi madre, ya que me enseñó mucho que aún incorporo en mi vida intelectual y práctica. Estoy completamente bendecido por esas enseñanzas, y nunca me arrepiento de ellas. No descarto volver a ello, pero hasta donde llega, no puedo creer en sus doctrinas fundamentales, que encuentro imposibles de sostener en esta etapa. He hecho una transición hacia un naturalismo religioso que concibe a Dios como la personificación de la Realidad Última, una posición en la que mi intelecto y mi espíritu pueden alinearse mucho mejor.

Imagen de un cielo estrellado sobre un horizonte. Gran parte de lo que se ve en el cielo es la Vía Láctea.
Imagen cortesía de Rene Tittmann de Pixabay

Postal del 21 de octubre de 2014

Un naturalismo moderado y una naturaleza espiritual

Es algo inusual argumentar que el espíritu es material. Esta visión proviene principalmente de la filosofía antigua, que concibe el alma como algo diametralmente opuesto y, a veces, en oposición al cuerpo físico. Esto se remonta a Platón, quien estableció el reino de las ideas como el lugar de donde originalmente provienen nuestras almas, pero que cayeron y ahora son prisioneras de la materia. La materia es corruptible, cambiante y temporal. No así el estado natural del alma, que no debía estar contaminada con ello.

Como un platonista contemporáneo, tengo que señalar la profunda (pero históricamente comprensible) falacia en la que cayó Platón: que las verdades de la razón y el ámbito espiritual son una y la misma cosa. Platón distinguió correctamente entre aquellos objetos que se entienden pero no se perciben sensiblemente y aquellos que se perciben pero no se entienden. Sin embargo, debido a que nuestras mentes (almas), no los cuerpos, son capaces de comprender lo primero, eso significa que las mentes y los objetos de comprensión son esencialmente de la misma naturaleza. Además, dado que Platón necesitaba explicar cómo los objetos físicos participan del reino ideal, cayó en otra falacia: que una Divinidad (el Demiurgo) realmente creó estas ideas como una forma de que se formara un gran organismo material que participa de Su Divinidad (todo esto se expresa en Timeo). El judeocristianismo solo perpetuó estas falacias en mayor o menor grado (lo cual, una vez más, puede entenderse perfectamente dado su contexto histórico).

Mi posición platonista sobre los objetos del entendimiento es similar a la de Edmund Husserl: las verdades lógicas son esencialmente apofántica formal, y las de las matemáticas son ontología formal. La lógica formal prescribe a priori todas las formas posibles de verdad, mientras que las matemáticas se ocupan de las formas a priori en las que los objetos pueden ser dados en un estado de cosas. Ambas son disciplinas a priori, lo que significa que solo se conocen a través de la razón (es decir, son verdades de razón), y son la base incondicional, absoluta y lógicamente necesaria de cualquier verdad o de cualquier cosa. Es en este sentido, y solo en este sentido, que existen las verdades lógicas y los objetos matemáticos. Extiendo esto a los valores éticos en general, así como a los principios éticos, entre otros.

No existe ninguna deidad posible que pueda determinar absolutamente nada relacionado con las matemáticas y la lógica, ni puede Dios hacer que un genocidio sea bueno en principio, ni hacer que un cuadrado sea redondo. De hecho, los dioses o Dios (como se concibe tradicionalmente), que pueden crear o intervenir en el mundo físico, deben pertenecer al ámbito de los hechos, no de las verdades de razón. Por lo tanto, la actividad espiritual (inconsciente, subconsciente y consciente, elemental o altamente evolucionada) también pertenece al ámbito de los hechos, como Frege, Husserl y otros realistas filosóficos vieron con mucha claridad.

Si tanto las realidades materiales como las espirituales pertenecen al ámbito de los hechos, entonces en cierto sentido deben estar relacionadas. Contrario a Platón, quien veía la materia solo como decadente y corruptible, lo que la ciencia ha descubierto recientemente es que la materia es una actividad floreciente y autocreativa. De hecho, como han señalado tantas personas, la Realidad Última parece estar compuesta únicamente por creatividad emergente anidada:

De quarks a partículas subatómicas
De partículas subatómicas a átomos
De átomos a moléculas
De moléculas a estrellas
De estrellas a galaxias, etc.

El mundo material es intrínsecamente emergente, donde una nueva complejidad surge de otra. La cosmología actual es una cosmología emergente. Es dentro de esta actividad creativa, especialmente a través de la evolución, donde surgieron los organismos (seres autopoiéticos) que podían replicar su código genético, y mediante la manipulación del mismo por la selección natural y la aparición de formas de cooperación no intencionada, se desarrolló una rica variedad de seres vivos complejos. Entre ellos, muchos animales desarrollaron cerebros que podían procesar unos pocos bits de información. Luego, a través de la selección natural, algunas mentes se volvieron cada vez más complejas, especializándose cada vez más en las operaciones de los sentidos, de acción y reacción, y evitando el daño.

El hombre de hoy tiene un cerebro cuyos elementos y módulos han sido heredados de nuestros antepasados. Cada uno de ellos se fue haciendo cada vez más consciente hasta que la humanidad adquirió unas capacidades espectaculares, como la de prever las consecuencias de sus actos, la de crear sistemas de solidaridad para la acción colectiva y una maravillosa manera de adaptarse al medioambiente (sin olvidar nuestra capacidad de hacer que el medioambiente se adapte a nosotros). Nuestras almas provienen literalmente de una materia activa y autocreadora.

Por esto, deberíamos estar agradecidos por la materia, la energía y nuestras propias almas. Deberíamos celebrar nuestros orígenes materiales y nuestra aparición en este maravilloso universo, tan lleno de momentos sagrados. Recuerdo al teólogo ecologista Thomas Berry diciendo en una declaración muy conmovedora:

Necesitamos experimentar la historia del desarrollo del universo como nuestra historia sagrada. .. Hubo un tiempo en que el oxígeno en el aire había sido creado por el plancton en el mar. Este oxígeno, sin embargo, era veneno, era mortal… Casi mató a todas las formas de vida. Tenía que producirse una transformación. Las formas tuvieron que inventar una manera de usar la energía para crear sustancia orgánica en un mundo inorgánico. Los animales no pueden hacer eso. Solo las plantas pueden hacer eso. Por eso Eclesiastés dice que toda la vida es hierba, porque toda la vida depende de lo que la hierba puede hacer. Esto creo que es un momento de gracia… La invención de la sexualidad es un momento de gracia. La evolución no podría ocurrir sin la invención de la sexualidad. Que una forma de vida pueda vivir de otra forma de vida, ese es otro momento de gracia. Un Divino que crea el universo, que puede crearse a sí mismo, ese es el milagro de la creación.

A la luz de esto, todo lo material se vuelve sagrado.

Sobre Dios y la profecía

Ya no creo en un Dios sobrenatural. En ese sentido, puedes llamarme ateo, así como la mayoría de nosotros somos ateos respecto a Zeus u Odín. Soy ateo respecto a Yahvé y respecto a Jesús. No creo que Jesús sea Dios, pero sí pienso sobre él lo que prácticamente todos los historiadores y eruditos bíblicos consideran cierto: que Jesús existió como un profeta apocalíptico que luego fue deificado por los primeros cristianos, un proceso que culminó con los Concilios de Nicea y Constantinopla. Para más información sobre esto, compre el libro de Bart Ehrman Cómo Jesús se convirtió en Dios. Hablando simplemente, no hay un dios sobrenatural. Ya no acepto los milagros sobrenaturales, ni creo en los ángeles, ni en muchas cosas en las que solía creer cuando era católico. Considero que la mejor defensa de ese tipo de Dios fue ¿Existe Dios? de Hans Küng. Este es un libro que es muy rico en conocimiento, sabiduría y rigor de pensamiento, y lo recomiendo encarecidamente, y aun así no quedé satisfecho con su respuesta.

Dicho esto, no soy antiteísta, ni tengo la intención de convertirme en otro activista antiteísta como Sam Harris o Richard Dawkins. Respeto a muchos teístas que mantienen su creencia en un Dios sobrenatural. Simplemente no funcionó para mí. Mi aspiración es trabajar junto a personas religiosas por un futuro mejor, y me importan profundamente las religiones en general.

Sí creo en un Dios, y ese es la Realidad Última. Dios es un nombre propio, una personificación de la Realidad Última. Una vez más, Él es una personificación, no una persona. Es una forma mítica de relacionarme con la Realidad Última de la cual todos somos parte. Él (o Ella, si lo prefieres) abarca todos los componentes materiales, sus procesos energéticos y los eventos materiales y espirituales. También incorpora toda la historia del universo, o lo que Thomas Berry llamó el Gran Relato; otros lo llaman la Gran Historia. El Gran Relato es aquel que incorpora cada una de las historias del universo, incluso la de la humanidad, incluyendo relatos míticos, todas las formas de entender la relación entre la humanidad y el universo, el pensamiento religioso, los ideales, los valores morales, y así sucesivamente.

Evolución del universo
Evolución del universo, basado en una imagen de la NASA (CC0)

Este es el Gran Relato de una creación que ocurrió y sigue ocurriendo en todo el mundo. La humanidad es un colosal contribuyente a esta evolución. Tenemos los enormes problemas del hambre mundial, el cambio climático, las guerras, etc. En un mundo como este, Dios nos ha hecho un regalo evolutivo: podemos prever las consecuencias de nuestras acciones o la falta de ellas como base para tomar decisiones individual y colectivamente. Somos seres morales (para tomar decisiones basadas en valores), que somos capaces de ser éticos (para que nuestras elecciones sean fundadas en valores objetivamente buenos). Como solía decir el tío de Peter Parker: “Con un gran poder viene una gran responsabilidad.” Parafraseando Un Curso de Milagros (pero en un sentido radicalmente diferente), cada uno de nosotros tiene la mente, los ojos, los oídos, la voz, las manos, los brazos, las piernas, los pies… en otras palabras, el cuerpo como instrumento de salvación.

Como naturalista religioso (e incluso cuando era católico romano), reconozco el papel de ser un profeta de este tiempo. Cuando era joven y pertenecía a Líderes de la Paz (un grupo misionero católico), aprendí que un profeta es aquel que anuncia y denuncia con rectitud en el nombre de Dios.

Observa con rectitud, sin egolatría piadosa. Ser justo requiere mucha humildad, a diferencia de la visión piadosa ególatra, que requiere mucha arrogancia. Alguien me dijo que para Santa Teresa de Ávila, “la humildad es la verdad“. No hay mejor definición que esta. Tanto la razón como la evidencia empírica de la Realidad Última (de Dios) nos mantendrán constantemente humildes. Para esto, necesitamos Filosofía, Ciencias Formales, Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Humanidades, y así sucesivamente. Es necesario prestar atención a la revelación de Dios (hechos descubiertos) a través de todas estas ciencias. Sobre esa base, podemos hacer nuestras propias elecciones individuales y ayudar a redirigir a la sociedad para que tome la mejor decisión colectiva.

Sobre tales fundamentos, podemos realmente saber lo que va a suceder si no hacemos nada sobre el cambio climático. No es un castigo de Dios, sino el resultado de nuestro propio pecado. Incluso cuando a la gente no le gusta el término “pecado”, tenemos que recuperarlo dentro de esta visión naturalista. Para los teólogos, el “pecado” no es simplemente hacer algo malo, sino tomar una decisión equivocada que interrumpe nuestra relación con Dios. Dentro de una reconcepción naturalista, nuestra negativa a entender la Realidad Última y no abordar el establecimiento de nuestra correcta relación con Dios es un comportamiento pecaminoso. Nuestra indiferencia y odio hacia las manifestaciones y expresiones de Dios en seres vivos, incluyendo la xenofobia, la homofobia, el machismo, la limpieza étnica, el genocidio y otros, son pecaminosos, porque interrumpen nuestra relación con la propia creación de Dios, de la cual somos parte. A la luz de esto, podemos decir “Amén” cuando podemos comprender de forma naturalista lo que dice el autor de 1 Juan:

Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios; todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor (1 Juan 4:7-8).

Una vista del amanecer sobre un trigal.
Imagen cortesía de Goran Horvat de Pixabay

Una fe evidencial

Al actuar de esta manera, el trato de vivir espiritualmente es vivir con integridad. Eso no solo significa ser honesto. Significa que debo alinear mi mente y mis acciones con la evidencia fáctica que las ciencias empíricas pueden mostrarnos. El Rev. Michael Dowd ha hablado sobre una fe basada en evidencias. Esta frase es tan extraña porque la gente piensa en la “fe” como creer sin evidencia. En realidad, la fe es sinónimo de confianza. Algunas personas confían en que Dios existe, y lo hacen sin dudar. En mi caso, creo que deberíamos confiar en la evidencia tal como la revelan las ciencias en general; deberíamos tener una fe basada en la evidencia para vivir con integridad.

¿Qué pasa con las cosas que no sabes? Hablando simplemente, puedo especular sobre lo que probablemente podría existir, pero basándome en la evidencia. De otros tipos de afirmaciones seguiré siendo escéptico, en el mismo sentido de la revista Skeptic o el Skeptical Inquirer.

Resumen breve de mis nuevas creencias religiosas

El Rev. Michael Dowd ha expresado en un sentido metarreligioso los siguientes principios en lo que llama El Credo para el siglo XXI:

  1. La Realidad es mi Dios.
  2. La evidencia es mi Sagrada Escritura.
  3. La Gran Historia es mi Relato de Creación.
  4. La ecología es mi teología.
  5. La integridad es mi salvación.
  6. Mi misión es un mundo más justo y saludable.

Sostengo todo esto desde un punto de vista naturalista. ¿Hay algo más que decir?

Credo para el siglo XXI.
Credo para el siglo XXI (dedicada al dominio público).

Postal del 11 de noviembre de 2014

¿Cuál es la diferencia entre un
Testigo de Jehová y un unitario
[universalista]? Una MUY grande.
–David Sloan Wilson (científico)

Normalmente, cuando practico la religión y la vida espiritual, la comunidad ha sido muy importante para mí. Más recientemente, me preguntaba dónde podría encontrar una comunidad de personas religiosas o espirituales donde pudiera compartir mis puntos de vista religiosos naturalistas de alguna manera. Decidí unirme a una iglesia unitaria universalista (UU) como ese camino hacia ese tipo de comunidad.

Al principio no sabía qué era. He oído hablar de los “unitarios” (sin el “universalistas”) y solía confundirlos con Unity, otro grupo muy diferente. Sé que durante el proceso de cambio de mis opiniones, había notado a Michael Dowd hablando sobre los unitarios universalistas, y cómo en sus iglesias, explicaban la Gran Historia del universo a los niños en la Escuela Dominical, y que había ateos pertenecientes a varias iglesias unitarias universalistas (algo muy extraño para mí en ese momento).

Unitarismo Universalista

Mucho después, supe que el unitarismo universalista era algo relativamente nuevo. Su origen se remonta a principios de la década de 1960, y fue el resultado de la fusión de dos denominaciones cristianas. Primero, los unitarios, cuya afirmación era que Dios no podía ser una Trinidad, y que Jesús era un excelente profeta de la antigua Galilea y Judea bajo el dominio romano, pero no Dios mismo. En segundo lugar, los universalistas, que creían que al final de los tiempos todos serán salvados por Dios. Aunque el unitarismo universalista no afirma ninguna de esas cosas (al menos no en su sentido original), es una fe centrada más en la acción que en el credo. El símbolo UU tiene dos círculos que representan la unión entre los unitarios y los universalistas. Los universalistas solían estar representados por un círculo con una cruz al lado, lo que significaba que el universalismo era una fe cristiana, pero que permitía la posibilidad de que personas de otras creencias fueran salvadas. Eso fue reemplazado por un cáliz llameante, porque todos los servicios UU comienzan encendiéndolo.

Estaba un poco preocupado por los rumores sobre el “hecho” de que la organización era un culto muy parecido a la cienciología. Sin embargo, cuando examiné esas afirmaciones detenidamente, noté que eran totalmente infundadas. Quien haga tal afirmación, probablemente, clasifica como “culto” a cualquier religión que no adopte sus puntos de vista cristianos conservadores, que sea un movimiento pequeño y que no declare la Biblia como su autoridad final (miren The Kingdom of Cults de Walter Martin… una autoridad falsa sobre el tema de los cultos). Como respuesta a esta afirmación, un unitario universalista creó este video.

Para una historia más completa sobre de qué se trata el UU, aquí hay un video que lo explica muy bien.

Las comunidades UU me parecieron ideales, ya que aprendemos de todas las perspectivas y tradiciones religiosas y no religiosas, no solo del cristianismo. Hay católicos UU, cristianos UU, judíos UU, unitarios humanistas (ateos o agnósticos), musulmanes UU, budistas UU e incluso paganos UU. Todas nuestras congregaciones también participan en la Asociación Unitaria Universalista.

Contrario a lo que se dice a menudo, el UU no sostiene una visión relativista de la verdad o la ética. Para la comunidad, la razón debe desempeñar un papel fundamental en la vida espiritual, al igual que la búsqueda de la verdad. Esto significa que el UU abraza la ciencia como uno de los factores clave para conocer el mundo y proporcionar la tecnología que mejorará nuestras vidas. También hay un llamado para que participemos en el mundo y lo hagamos un lugar mejor. No es sorprendente que en muchas partes del mundo, los miembros de el UU participen activamente en la política progresista. También hay una serie de afirmaciones que expresan las convicciones fundamentales de cualquier persona que se convierta en UU:

  1. El valor inherente y la dignidad de cada persona.
  2. Justicia, equidad y compasión en las relaciones humanas.
  3. Aceptación mutua y fomento del crecimiento espiritual en nuestras congregaciones.
  4. Una búsqueda libre y responsable de la verdad y el significado.
  5. El derecho de conciencia y el uso del proceso democrático dentro de nuestras congregaciones y la sociedad en general.
  6. El objetivo de la comunidad mundial es lograr paz, libertad y justicia para todos.
  7. Respeto por la red interdependiente de toda la existencia de la cual somos parte.

También reconoce sus fuentes:

  1. Experiencia directa de ese misterio y asombro trascendentes, afirmados en todas las culturas, que nos mueven a una renovación del espíritu y a una apertura a las fuerzas que crean y sostienen la vida.
  2. Palabras y acciones de mujeres y hombres proféticos que nos desafían a confrontar los poderes y estructuras del mal con justicia, compasión y el poder transformador del amor.
  3. Sabiduría de las religiones del mundo que nos inspira en nuestra vida ética y espiritual.
  4. Enseñanzas judías y cristianas que nos llaman a responder al amor de Dios amando a nuestros vecinos y a nosotros mismos.
  5. Enseñanzas humanistas que nos aconsejan seguir la guía de la razón y los resultados de la ciencia, y nos advierten contra las idolatrías de la mente y el espíritu.
  6. Enseñanzas espirituales de tradiciones centradas en la Tierra que celebran el círculo sagrado de la vida y nos instruyen a vivir en armonía con los ritmos de la naturaleza.

Me uní a un grupo UU aquí en Puerto Rico que es muy pequeño en número, y espero que crezca y prospere. Como ex católico, todavía estoy en el proceso de acostumbrarme a esta nueva dinámica UU así como a esta comunidad espiritual. También me estoy acostumbrando a pensar como un religioso naturalista usando un lenguaje teísta. Es un viaje difícil, pero creo que esos serán mis fundamentos para el crecimiento espiritual en un futuro cercano.

Espero que esto te dé una idea de dónde estoy espiritualmente en este momento.

Recientemente, hubo unos cambios en relación con los principios, y ahora se hace mayor énfasis en una serie de valores que son los que definen nuestra fe. Aun así, no se prohíbe a las asociaciones UU mantener los principios junto con los valores actualmente adoptados.

Valores del unitarismo universalista: interdependencia, pluralismo, justicia, transformación, generosidad, equidad, con el valor del amor en el centro.

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