
Saludos a mis seguidores.
Paso para desearles un feliz año 2026, y espero que les brinde todo lo mejor.
Aquí comparto con ustedes una reflexión que escribí hace algunos años en torno a unas afirmaciones del papa Benedicto XVI. Para el 2022, en una página católica de Facebook, vi la siguiente imagen:

En enero de 2023, dejé esta reflexión para mis lectores:
No estoy de acuerdo con las palabras de Benedicto XVI.
Sí somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Los procesos del cosmos son absolutamente ciegos y amorales. Eso no niega el hecho maravilloso de que estemos aquí, ni todo lo bello y hermoso que significa estar en este mundo.
No malinterpretemos a Benedicto XVI. Él no negaba la evolución neodarwiniana, sino una evolución “carente de sentido”. Es decir, negaba que hubiera procesos evolutivos sin un sentido provisto por su fuente última, a saber, Dios. Sin embargo, no tenemos evidencia alguna de esa deidad; y aún si existiera, no es claro por qué ese hecho deba darle sentido (positivo) a nuestra vida. En fin, para la mayoría de la gente que sufre y muere en el mundo por males horripilantes, Dios es el perfecto ausente.
Nada de esto significa que ahora, en este momento, no haya sentido en el universo. Al contrario, lo hay. Somos los autores y agentes de este sentido. Frecuentemente, se nos olvida que, como resultado de los procesos naturales, *nosotros* somos expresión del cosmos. Somos el universo que se conoce, que sonríe, que abraza, que llora, que sufre con los demás, que le extiende la mano al prójimo (sea físicamente próximo o bien lejos, al otro lado del mundo, gracias a la maravilla de la Internet). Somos esa parte del universo que le da el sentido a la vida. Y en la medida que ayudamos, celebramos juntos, compartimos, y nos solidarizamos, extendemos ese sentido de la vida a los demás.
Desde el humanismo invito a todos a esta reflexión. Sí, somos producto de los procesos evolutivos y sin sentido de la naturaleza. Pero debemos darnos cuenta de que esta misma naturaleza ciega, por la selección natural, nos facultó de la capacidad de dar sentido. Que pensemos en esta gran fortuna de extender el sentido de la vida a otros cada vez que beneficiamos y brindamos felicidad a la vida de otros. Somos felices al actuar por el bienestar de los demás desde nuestro lugar. Sin apelar a nada sobrenatural, solamente esto nos llena plenamente y nos da la alegría de vivir.
Espero que esta humilde aportación humanista les ilumine para el resto del año.

